jueves, 25 de noviembre de 2021

El cartero. Último capítulo

 Querido Dani: 

He esperado a que me entregaras la carta que te pedí para darte ésta que seguramente te sorprenderá.
La he escrito sin palabras durante demasiado tiempo para mis adentros, esperando el momento oportuno para confesarte lo callado durante años. Y ese momento nunca llegaba.
Hemos sido víctimas de nuestros propios secretos, creo que por no dañarnos el uno al otro, pero ocultar la verdad no nos ha hecho bien.
Yo sé que a pesar de esta familia que hemos tejido y amamos, una sombra te empaña cuando te viene a la cabeza lo que nunca dijiste, sin darte cuenta de que era a ti mismo a quien emponzoñaba.
La verdad, yo podría vivir sin remordimiento el resto de mi vida por no contarte los hechos que te oculté, pero sé que no te sucede a ti lo mismo, en el fondo eres mejor persona que yo.
Por eso esta carta en contrapartida a la tuya, deseando que  nos traiga la paz que tú necesitas.
Me costó mi tiempo darme cuenta de que siempre te quise, no por lo bien que te has portado conmigo; viene de antes, desde que en el patio del colegio me regalabas tu mirada serena.
No sé por qué no te respondí con el mismo sentimiento entonces, sería porque nunca insististe, o quizás por imaginar que bastaba con estirar la mano para tenerte.... así somos las personas.
Me conformé con tenerte con amigo.
Tuvo que ser la vida con sus vaivenes quien me colocara el corazón en su sitio; me costó tiempo y dolor, pero valió la pena pasar por ello siendo tú mi destino final.
Ya conoces lo que me sucedió al pensarme enamorada de Mario, perdí la cabeza por aquel hombre para que el que fui solo una fruta joven, tan inexperta que no supe ver que aquella relación no llegaría a nada y la verdad, ahora doy gracias de que así fuera. Nunca hubiera sido feliz con una persona como él.
Y aquí viene la primera confesión, pero déjame que te explique.
Cuando regresé estando embarazada y perdida, Mario consiguió hablar conmigo por teléfono exigiendo explicaciones al no haber contestado a su carta.
¿Qué carta? Solo cabían dos posibilidades, o bien la carta se había extraviado o bien el cartero, tú, la hizo desaparecer. Y pongo la mano en el fuego al sentir que la segunda opción es la correcta.
Me imagino el dolor que te habrá causado haber actuado así, te conozco y sé que tu catadura moral te habrá estado aguijoneando haciéndote sentir mal. ¡Qué pena Dani qué no lo echaras en el olvido!
En esa conversación telefónica, Mario me resumió el contenido de la carta.
Lo de su vasectomía me dejó totalmente descolocada pensando que nuevamente me mentía.
Estando a punto de entrar en la consulta para abortar, una memoria de sensaciones me devolvió caricias, olores, pieles unidas sudando juntas, el placer sexual que te proporciona la persona que se te ajusta como la última pieza de un difícil puzle. 
Desconocía contener aquella memoria, pero me salvó la vida Dani.
Recordé aquella noche en el Sur que te pedí, te supliqué, que me hicieras el amor. Volví a ver que no querías aprovecharte de la situación, pero fuiste incapaz de desobedecerme.
Mi Dani, sensible como nadie, sometido ante mi tremenda borrachera de alcohol y amores truncados.
Fuiste tú, mi amigo del alma, quien negó al día siguiente haberte convertido en amante solo porque te pedí que así lo hicieras.
Pero al haber recuperado la memoria mis sentidos, ya no la pude borrar ni esconder.
Tú eras el padre de la vida que me latía dentro.
Me fue imposible abortar.
Pero tampoco fui clara, no te supe decir lo que sabía, estaba abrumada por todo los acontecimientos que en tan poco tiempo me fueron al encuentro, no estaba preparada todavía.
Tampoco quise atarte a una relación obligada, si alguien tenía la culpa de estar en aquel estado era yo.
Y también callé, sabiendo que tú sabías, pero no encontrabas el momento de justificarte ante mí.
Si por mi fuera dejaría las cosas tal y como están, soy feliz contigo, con la familia que hemos formado; al final las cartas de la vida me dieron una buena mano sin esperarlo.
Te escribo estas palabras para borrar esa bruma que te entristece a veces. Puedo sentir tu remordimiento en ese silencio que te encadena a un pasado que ya es eso, pasado. Sé que muchas veces has estado a punto de soltarlo todo y tu miedo a defraudarme te vuelve a meter en un cajón oscuro que no te deja hablar.
Violaste mi correspondencia, no a ninguna criatura, además, entiendo que lo hiciste por protegerme de aquel indeseable. 
No me confesaste tu paternidad, pero es que yo misma te puse en esa encrucijada al rogarte que me mintieras diciendo que no había pasado nada.
¿Sabes lo qué si me ha importado durante todos estos años? Lo buen padre que has sido, y en el hipotético caso de que realmente yo hubiera quedado embarazada de aquel hombre, sé que hubieras actuado igual, ocupándote de la niña.
¿Qué más puedo pedir?
Perdóname Dani por mi silencio. No me sinceré antes pensando que el paso de los años te borraría de la frente el sentimiento de culpabilidad que has soportado, pero no ha sido así.
Perdona por haber sido feliz a pesar de que tú no te lo has permitido.
Cecilia.

Fin.















2 comentarios:

  1. Que bonita carta!! Espero que a él le sirva para entender sus propios actos. Y que sean más felices que nunca...😘😘😘😘

    ResponderEliminar
  2. Bueno, ella también tenía sus secretos.
    Gracias amiga por la compañía, un besote.

    ResponderEliminar