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Después de lo que me había dicho Ana estaba hecho un lío.
¿Sería posible que Virginia estuviera enamorada de mí? En ese caso cómo iba el tema: ¿me había abandonado sin saber lo qué sentía, o se había enamorado en el año que llevábamos separados?
No sabía que pensar ni como actuar, decidí observar mejor a Virginia, ver que sucedía, si ella ciertamente tenía ese sentimiento, lo suyo es que fuera la que moviera ficha.
Al par de días comencé a sentirme raro, no estaba bien como siempre, habré pillado algún virus, me dije por tranquilizarme, aunque la verdad es que nunca me ponía enfermo. Cuando Thiago comenzó el colegio a cada rato venía con un virus diferente y Virginia también caía; yo por el contrario, ni un triste resfriado. Sea lo que sea se me pasará pronto, me dije convencido, pero esa mañana me costó arrancar, tenía frío, al rato calor, me dolía la cabeza y sentía pinchazos en la garganta. Me costó trabajar y por la tarde tenía la tutoría de Thiago. Como siempre con todo lo relacionado a nuestro hijo, Virginia y yo íbamos juntos.
Habíamos quedado a la entrada del colegio y cuando mi ex me vio preguntó preocupada:
-¿Qué te pasa? Tienes mala cara y estás rojo como un tomate. ¿Te has tomado la temperatura?
Me puso la mano en la frente y la retiró como si se hubiera quemado.
-Jose estás ardiendo, déjame que entre a anular la tutoría y te acompaño a un médico.
-No seas exagerada, cuando salgamos me tomo un paracetamol y vuelvo al curro.
Lo último que recuerdo es que todo se volvió negro, lo siguiente fue verme en una camilla del hospital, con una vía en el brazo y acompañado por Virginia. Estaba aturdido y cuando iba a preguntar qué me había pasado llegó el médico.
-Soy el doctor Suárez, supongo que te sentirás confuso por la fiebre y la medicación, aunque la temperatura ya está bajando. En un rato tendremos los resultados de la analítica, ahora que estás despierto vamos a mirar bien esa garganta. Antes tu mujer ha dicho que nunca te pones malo, eso habla de un sistema inmunológico de lujo.... Mira, tienes unas placas importantes en la garganta, eso justifica que pasaras de 40 de fiebre. Ahora mismo vendrán a ponerte antibiótico en vena y volvemos a hablar cuando estén los resultados de la analítica.
No se me pasó por alto que se hubiera referido a Virginia como mi mujer, ni que ella no lo contradijera, pero me sentía tan débil que solo abrí la boca cuando me miró la garganta.
No sabía cuanto tiempo llevábamos allí y pregunté por Thiago.
-No te preocupes, está con mi madre. No creo que tarden mucho en dar los resultados y supongo que te darán el alta si no hay nada raro y te sigue bajando la fiebre. Será mejor que te quedes en casa, no vas a estar en esas condiciones tú solo en el apartamento.
-No, le dije, avisa a mi madre.
-Coño Jose, tu madre está fastidiada de las rodillas, le mandaron reposo. Y aunque estemos separados siempre seremos familia, deja que te cuide.
El médico llegó pasado un buen rato.
-Tienes las defensas bajas y una buena infección de garganta, es bacteriana, así que no vas a contagiar a nadie. Me sorprende esa bajada de defensas, ¿estás estresado últimamente? Eso lo justificaría.
-No es que esté, es que vivo estresado, un año malo. Pero ya pasará.
-Lo comprendo, no somos conscientes de lo que influye la salud mental en la física, por la parte que me toca solo me puedo ocupar de tu garganta. En el informe se detalla el tratamiento, aunque durante un par de días estarás con picos de fiebre. Si no baja -lo normal es que vaya remitiendo con el antibiótico- vuelves a venir. Reposo, nada de trabajar durante siete días, y a dejar que tu mujer te mime.-
No me iba a quedar más remedio, aunque la fiebre me había bajado algo me sentía como si me hubiera atropellado un tren.
Continuará.