miércoles, 28 de octubre de 2026

La voz violeta. Capítulo 6.

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Yolanda siguiendo el consejo de Antía  se dirige a la salita de las máquinas expendedoras.
Nunca se había fijado, pero es cierto, hay un panel con numerosos papelitos, entre tanto ofrecimiento no sabe a quien llamar.
-No sé ni por donde empezar, me voy a tomar un café de la máquina, o mejor un descafeinado, que con el disgusto debo tener la tensión por las nubes.
Está tan absorta que al girarse de nuevo se choca con una chica derramándole el contenido de su vaso sobre el pecho.
-Ah perdona perdona, no sé donde tengo la cabeza, te he puesto la blusa perdida, te doy mi número para que la lleves a una lavandería y me digas lo que te cuesta.
-No se preocupe señora, que ahora me voy al baño y con un poco de agua y jabón lo soluciono. Mi niña, ojalá todo lo malo que le pase hoy al mundo sea esto. 
-Vamos, te acompaño a ver si entre las dos le ponemos remedio. Por cierto, ese "mi niña" que acabas de decir me hace pensar que eres canaria. Y por favor, no me trates de usted. 
-Pues sí, más canaria que el gofio, aunque ahora por cosas de la vida estoy pasando una temporadita en Galicia. 
-¿Tienes a alguien ingresado aquí?
-No, no, vine para poner en el tablón mi contacto, a ver si me sale algo para cuidar a algún paciente.
-Pues yo venía a lo mismo pero al revés, estoy buscando a alguien que se quede con mi hijo por las noches. ¿Tienes experiencia?
-Pues sí y también formación, soy enfermera.
-Mira, cuando te escuché el "mi niña" con ese acento canario, recordé que cuando Sergio -mi hijo- era pequeño, fuimos de vacaciones a Gran Canaria y a él le encantaba que personas que no lo conocían le dijeran "mi niño", pensaba que allí todo el mundo lo quería.
-Qué recuerdo más bonito, y es cierto, tenemos el mi niño o mi niña todo el día en la boca.
-Mira, ¿qué te parecería quedarte por las noches como acompañante de mi hijo? Está en coma, y aunque sé que aquí el personal es intachable, me agobia pensar que se despierte sin nadie a su lado. Los médicos nos dicen que puede despertar en cualquier momento o no, como imaginarás me quedo con la primera opción. Además tu acento canario le va a encantar y nos aconsejan que le hablemos de cosas agradables.
-A mí me encanta hablar, y necesito el trabajo, pero te voy a ser sincera, en un mes regreso a Las Palmas, tengo firmado un contrato para trabajar en un hospital. Por lo que he estudiado, el tema de las personas en coma es como te han explicado, igual despierta esta noche o quién sabe... pero si lo de tu hijo se alarga tendrías que buscar a otra persona.
-Ahora mismo estoy contenta por haberte encontrado, y de aquí a un mes pueden pasar muchas cosas. Sería perfecto que empezaras esta noche. Si te parece bien vamos ahora a la habitación, ya habrán  terminado con el aseo de Sergio, me gustaría que le fueras hablando para que se acostumbre a ti y esta noche no se sorprenda cuando escuche otra voz diferente a la mía. Porque yo estoy segura de que mi hijo nos escucha.
-Sí claro, me parece perfecto. 
-Por cierto, con tanta cháchara no nos hemos presentado, soy Yolanda.
-Yo soy Violeta. 

Continuará. 

La voz violeta. Capítulo 5.

 Yolanda no entiende de redes sociales ni falta que le hace, pero al tropezarse con lo que publica su nuera le pide a Antía que la asesore al respecto.
-Mira Yolanda, tu nuera es la influencer con más seguidores de toda Galicia, está continuamente subiendo contenidos, o sea, contando su vida.
-Pero yo tenía entendido que trabaja en algo relacionado con la informática y que gana sus buenos dineros.
-Claro, entre más seguidores más gana, a eso súmale lo que le aportan las firmas comerciales, todo lo que luce está patrocinado, hasta la pasta de dientes que usa si me apuras. Me malicio que no lo sabes, pero está subiendo fotos de tu hijo en el hospital desde que tuvo el accidente, ella se presenta como la novia destrozada que lo vela día y noche.
-¿En serio? No me puedo creer que esté aprovechando para ganar dinero con la desgracia de mi hijo, encima apenas pasa por aquí, según ella porque tiene mucho trabajo...
-Trabajo tendrá, que está todo el día subiendo cosas a internet, pero te lo está poniendo como excusa, porque solo le hace falta un teléfono móvil para hacer sus publicaciones, y si algo sobra acompañando a tu hijo aquí es tiempo... Mira, ya tengo que empezar mi turno, te dejo mi móvil para que vayas viendo lo que te he dicho, luego cuando tenga un hueco me paso y te descargo las redes donde podrás seguir lo que publica Pilar.
Ya sentada junto a la cama de su hijo, Yolanda se adentra en un mundo que desconoce y que le produce náuseas: Pilar mostrando a su hijo en coma con multitud de fotos. 
Cuando a mediodía su marido hace una escapada de la fábrica y asoma por la habitación, le basta ver la cara de su mujer para saber que algo no va bien.
-¿Qué pasa Yolanda, han dicho algo malo los médicos?
-No Mateo, no. Es algo sobre Pilar que no te va a gustar.
Cuando el hombre está al tanto de lo sucedido, la rabia le amarga las palabras.
-¿Cómo se atreve a mercadear con la situación de Sergio? Y más sabiendo que a él lo de las redes sociales le parece una exposición innecesaria. ¿Y encima anoche estuvo aquí menos de una hora y se fue con la excusa del perro? Me va a oír, tengo unas cuantas cosas que decirle.
-Baja la voz, por favor, ya sabes que Sergio puede oírnos.
-Ojalá me escuches hijo, ya sabes que respeto tus cosas, pera esa novia tuya es una trepa, no entiendo con lo serio y responsable que eres qué porras ves en ella, que más superficial y mentirosa no puede ser. Y ya hasta me da por pensar que está contigo por el dinero familiar.
-Para Mateo, que te va a dar otro infarto.
-Pues si me da que me pongan con mi hijo. Y ni se te ocurra pedirle a esa petarda que se quede por la noche con Sergio, vete pensando en alternativas, ya te dejé claro que tú no estás en condiciones de pasar las 24 horas aquí metida. Me voy, voy a llamar al abogado de la empresa, no hay que ser muy listos para saber que es ilegal que esa aprovechada esté publicando las fotos de Sergio, pero quiero asustarla con los tecnicismos legales para bajarle sus humos de princesita. Desde que deje todo listo en la fábrica vuelvo por aquí. 
Cuando Antía entra en la habitación para asear a Sergio, se encuentra a la madre hecha un mar de lágrimas. 
-No me asustes Yolanda, ¿qué pasa?
-Pues que Mateo se ha puesto hecho una fiera cuando le he contado lo de Pilar, y razón tiene, la mosquita muerta esa nos tenía engañados. El problema es que no tengo quien se quede esta noche con mi hijo.
-Escúchame bien, conozco a todo los turnos de esta planta y te aseguro que son unos profesionales de los pies a la cabeza, no vayas a pensar que el turno de noche se dedica a dormir, tienen más que controlados a los pacientes, te lo digo por experiencia. Pero te entiendo y si te quedas más tranquila, págale a alguien con experiencia; no sé si te habrás fijado en la salita de las máquinas de café y comida, pero hay un tablón con números de teléfonos de personas que se dedican a acompañar a los enfermos cuando la familia no puede, de día o de noche. Normalmente son auxiliares de enfermería y enfermeras o enfermeros que todavía no han conseguido una plaza. 
Ahora mismo viene mi compañera para entre las dos bañar a tu hijo, mientras aprovechas y te acercas a la salita, mira teléfonos, vas a tener donde elegir, y tómate de paso una tilita caliente, mujer. Te va a sentar bien. 
-¿Y cómo sabré a quién elegir?
-Deja que tu corazón elija.

Continuará. 



jueves, 22 de octubre de 2026

La voz violeta. Capítulo 4.

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Pilar, la novia de Sergio, llega a las once de la noche al hospital:
-Perdón por el retraso, pero ya estoy aquí, váyanse tranquilos, Sergio se queda en mis manos esta noche y las que haga falta, para algo soy su prometida.
Ya en el ascensor Mateo masculla: "si no se lo llegas a pedir tú, no se hubiera ofrecido a pasar la noche aquí".
-No te pongas nervioso hombre, ya la conoces, es delicadita y se pone mala con el olor de los hospitales. Pero en cuanto hablé con ella no dudó en decir que se quedaba. Vamos a casa, que voy a dormir en mi cama después de casi dos meses y los dos necesitamos descansar. Mañana será otro día-.
Aún cuando Pilar le había dicho que no tuviera prisa por llegar al hospital, Yolanda madruga al igual que Mateo. Lo primero: mirar el móvil, ninguna noticia. 
-Todo sigue igual, me doy una buena ducha, desayuno algo y tiro para el hospital, seguro que Pilar poco habrá dormido. Y como cada día después del accidente repite el mismo mantra:" ojalá despiertes hoy mi hijo".
Cuando llega a la habitación no está Pilar y se dirige a la cama de su hijo para besarlo y abrazarlo.
-Buenos días corazón, aquí me tienes, anoche dormí de un tirón, estaba agotada, así que me tienes a tu entera disposición, traje álbumes de fotos, pienso ver una por una y contarte lo que veo, seguro que te acuerdas de todo. Y por cierto ¿dónde estará Pilar? el pedazo de bolso que se trajo anoche no está por aquí, qué raro. Bueno, ya son casi las ocho, Antía ahora mismo aparecerá por aquí antes de empezar su turno, le preguntaré a ver si sabe algo.
Justo Antía aparece y una Yolanda nerviosa pregunta por su nuera.
-Pues me acaban de dar el cambio de turno y según mi compañero anoche la acompañante de tu hijo se fue sobre las 12.
-Pero si se iba a quedar con Sergio hasta que yo llegara... la llamo ya, igual se puso mala o qué sé yo.
La voz adormilada de Pilar contesta después de unos cuantos timbrazos.
-Ah Yolanda, justo te iba a llamar, anoche me llamó un vecino porque mi perrito no paraba de ladrar y tuve que regresar a casa, estaba a punto de llamarte para contártelo.
Yolanda se queda tan perpleja que es incapaz de vocalizar la decepción que la atraviesa.
-¿Te puedes creer que se fue porque dice que su chiguagua molestaba con sus ladridos?
Antía le hace un gesto para que salgan al pasillo.
-Mira Yolanda, sigo a tu nuera, ya sabrás que se gana la vida como influencer, está continuamente subiendo cosas a internet, vamos a mirar, seguro que ya ha publicado algo.
Las dos mujeres se quedan con la boca abierta ante el móvil de la auxiliar al ver lo último que Pilar acaba de subir a sus redes.
-Hola queridos seguidores, como siempre les muestro la realidad de mi vida sin maquillajes... en todos los sentidos. En esta foto podrán ver mi ojeras, producto de otra noche en el hospital velando a mi prometido. Las horas en estas circunstancias se hacen eternas, pero mi amor por él puede con todo. Ojalá hoy despiertes. 
Una ristra de emoticonos con corazones pone el broche a la publicación.

Continuará. 


La voz violeta. Capítulo 3.

 Los días se amontonaban con pena y ninguna gloria. Sergio continuaba en coma, unido por el fino hilo de su oído que lo mantenía unido al mundo de los vivos. 
La discusión de sus padres se repetía: "no puedes continuar día y noche en el hospital, mujer, ya te pisas las ojeras y terminarás dándonos un susto en cualquier momento, Sergio está continuamente supervisado por el personal del hospital, por lo menos vete a casa a dormir". 
La respuesta de Yolanda seguía invariable: "¿y si se despierta por la noche y está solo?, no quiero ni pensarlo".
A Mateo no le quedó otra que postularse para ser él mismo el acompañante nocturno, pero una Yolanda obstinada se lo negó: "¿estás loco? te recuerdo que después del infarto que sufriste poco antes del accidente los médicos fueron claros, necesitas el descanso igual que la medicación si no quieres que se vuelva a repetir".
Hasta que una mañana Yolanda, intentando incorporarse del sillón donde apenas daba alguna cabezada,  sufrió un desmayo. La encontró Antía, la auxiliar cercana a la familia.
-Yolanda, Yolanda, ¡ayuda,! gritó cuando se percató de que la mujer estaba inconsciente. 
Sergio escuchaba aterrado, temía por la salud de su madre y a sus oídos llegaba las voces cruzadas del personal: "una camilla rápida y a urgencias, habrá que avisar a algún familiar", "yo me ocupo -de nuevo la voz de Antía- conozco a la familia".
Sergio quiso morirse, no soportaba saberse el causante del sufrimiento de sus padres y no tenía forma de saber qué le había sucedido a su madre. Los minutos que era incapaz de cuantificar eran su enemigo, hasta que entró Antía y le habló.
-Ah Sergio, menudo susto me dio tu madre hace un par de horas. Le tuve que prometer que vendría a contarte que está bien, sufrió un síncope por agotamiento, tu padre está con ella en urgencias y en nada vienen a verte. Despiértate ya muchacho, anda guapo, hazle ese regalo a tus padres que están en un sinvivir, porque tu novia, perdona que te diga, no se ha quedado ni una noche contigo, tendrá miedo a que la veamos despeinada, tendrá poca vergüenza... Y si me estás escuchando perdóname, pero si no lo digo reviento.
Yolanda en cuanto la soltaron de urgencias volvió a la habitación de su hijo.
-Perdóname Sergio, pero me dio un "nosequé" por el cansancio, en urgencias se enteraron de las circunstancias y hablaron con tu padre. El quería subir a verte, pero le dije que se fuera a la fábrica y ya te ve a la tarde, está que trina, y ya sabes que no le conviene sulfurarse por el corazón. Mira que en los años que llevamos juntos jamás me ha prohibido nada, pero esta vez me lo ha dicho con todas las letras,  me prohíbe que me quede aquí por las noches. Así, con todas las letras, ¿qué te parece? Pero es que le voy a tener que dar la razón,  me quiero olvidar de que tengo setenta años pero los tengo. Pero no te preocupes, que acabo de hablar por teléfono con Pilar y ella se queda esta noche. Tu padre quiere quedarse, pero yo no iba a ser menos y también se lo he prohibido, que me lleva unos pocos años y ya sabes el susto que nos dio con el corazón.
Mi vida, encontraremos una solución para las noches, porque de día no me echan de aquí ni con agua hirviendo, no vas a estar solo nunca hasta que despiertes, mi amor, te lo juro por lo más sagrado. 

Continuará. 

miércoles, 14 de octubre de 2026

La voz violeta. Capítulo 2.

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 Sergio desconoce cuanto tiempo ha estado en la oscuridad absoluta, pero aunque se sepa atrapado en una espesa tela de araña percibe que puede oír. 
Alterna momentos de cierta lucidez comprendiendo que ha tenido un accidente, se supone en una habitación del hospital y lo corroe la impotencia de no poder mover ni solo músculo de su cuerpo. 
Su madre lo acompaña de día y de noche, le habla y llora, llora y le habla. 
Sergio no sabe cuanto tiempo lleva ingresado, pero a través de conversaciones ajenas se va haciendo una idea.
Su padre Mateo intenta convencer a su mujer: "Yolanda, no puedes estar 24/7 en el hospital o terminarás enfermando, te necesitamos fuerte cuando Sergio despierte". Solo consigue que la mujer vaya a su casa a ducharse y regrese, mientras, Sergio escucha a su padre llorar por primera vez en su vida. "Aguanta hijo, tienes que despertar, no concebimos la vida sin ti". 
Su novia Pilar también llora: "Fíjate, me acaban de llamar de la imprenta, las invitaciones para la boda están listas. ¿Qué voy a hacer ahora con todos los preparativos?"
La rutina se repite insistentemente, su cabeza en negro y procesar lo que escuchan sus oídos, el único hilo que parece mantenerlo unido al mundo de los vivos.
Empieza a conocer y diferenciar las diferentes voces del personal sanitario, a veces hablan como si él fuera invisible, como si ya no existiera, y se enfada: "Estoy aquí, sigo vivo", pero su grito mudo es incapaz de activar sus cuerdas vocales.
Pasan los días con sus mismas rutinas, el llanto de su madre le produce una atroz impotencia, si al menos pudiera decirle que la escucha...
Le sorprende una voz nueva pero que no le es del todo desconocida.
-Hola Yolanda, siento mucho el accidente, he estado unos días fuera de vacaciones y mi madre no quiso decirme nada, pero ya estoy incorporada.
-Hola Antía, que alegría verte aunque las circunstancias sean tan horribles.
-De horribles nada -le hace un gesto llevándose un dedo a la boca y luego al oído- ya verás como en nada Sergio despierta. Tengo que hacer mi trabajo, mi compañera y yo lo bañamos  y te lo dejamos guapo, aunque hasta con los ojos cerrados lo es. Anda, aprovecha y ve a que te dé el aire, o te tomas algo. Ya sé por mi madre que no hay quien te saque de aquí, pero ahora tengo que echarte un ratito.
Cuando las auxiliares se quedan solas con Alberto, Antía le cuenta a su compañera: "Lo conozco de toda la vida, resulta que mi abuela y la suya era vecinas y se ayudaban en todo lo que podían, mi madre y la suya nacieron casi a la vez y se criaron juntas, buenas amigas. Y fíjate tú las cosas de la vida, mi madre se casó con un pescador y Yolanda con el dueño de la fábrica conservera de atún de La Coruña; a pesar del cambio social, Yolanda sigue siendo una persona humilde, su marido aunque de otra cuna, es un tío cabal y respetado por los empleados de la fábrica. La pobre Yolanda sufrió un montón de abortos y cuando ya pensaban que no serían padres, tuvo a Sergio con cuarenta años. Él estaba preparando la boda para casarse con una tal Pilar, una tía estirada que ya habrás visto por aquí".
-Ah perdona Alberto, lo de tu novia es para picarte y que me hagas una señal. Anda guapo, danos esa alegría.

Continuará. 

La voz violeta. Capítulo 1.

 -Amor, estaba a punto de salir, pero el coche me está haciendo un ruido que no me gusta. Mejor que vayas tú sola a la pastelería.
-Sergio, por favor, que el coche es nuevo, estás obsesionado con los ruiditos. Estoy resolviendo sola todo lo de la boda, por lo menos que elijamos juntos la tarta.
Por evitar discusiones Sergio omite decirle a Pilar lo que piensa: que ella hará oídos sordos a su opinión y decidirá sola el sabor de la tarta. 
-Vale, ya paso a recogerte.
Arranca el coche con aprensión, pero no quiere llegar tarde y enfrentarse a las quejas de su novia. Últimamente la encuentra nerviosa de más, serán los nervios típico por la boda, se dice cuando algo falla en el vehículo. Pierde el control del volante y sin poder evitarlo, ve como se acerca peligrosamente a un muro. El coche se arruga como un acordeón de papel.

Varón, accidente de tráfico, traumatismo craneoencefálico, consciente, unos treinta años.....
Sergio siente su cuerpo trasladado sobre una camilla, ve correr al personal sanitario y escucha con temor sus palabras hasta que un insoportable dolor de cabeza lo funde en negro y su mundo se apaga. 

Yolanda y Mateo, los padres del accidentado, reciban una llamada telefónica y se dirigen desencajados hacia el hospital, mientras, contactan con Pilar.
Ya en el hospital son informados del estado de su hijo: aunque llegó consciente, a los pocos minutos entró en coma. Le están haciendo pruebas, de momento solo pueden adelantar que recibió un fuerte impacto en la cabeza.
Al rato se les une Pilar hecha un mar de lágrimas.
-No me lo puedo creer, si estuve hablando con él antes de que saliera, habíamos quedado para lo de la tarta, qué desgracia, ¿qué dicen los médicos? Se dejaría arrancar la piel a tiras antes de admitir que Sergio le había hablado del ruido del coche.
Los siguiente días fueron un infierno para la familia, Sergio no despertaba y la pruebas, aparte del traumatismo craneal, no revelaban información adicional.
"Hay que esperar", explicaban los médicos, "sus constantes vitales son correctas, en el peor de los escenarios no saldría del coma, y en el mejor, puede despertar en cualquier momento".
Después de una semana en la UCI pasaron a Sergio a planta, sus padre destrozados lo valoraron en positivo, al menos podían estar con su hijo más allá de las visitas restringidas a las que habían estado sometidos.
Volvieron a oír de boca de los sanitarios lo que ya le habían dicho en la UCI: "hablen con él, cada caso es un mundo, pero está comprobado que muchas personas en coma pueden escuchar".    

Continuará.   

miércoles, 7 de octubre de 2026

Diario de un taxista. Capítulo 36 y último.

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 Iba notando mejoría, pero todavía estaba débil y no tenía el cuerpo para fiestas.
Pero cuando la fiebre comenzó a ir a menos, aprovechaba algunos ratitos para sentarme en el jardín y al menos que me diera el aire. 
Virginia siguió en la misma línea, cuidándome y mimándome. Me pareció que me miraba con otros ojos, no sé bien como expresarlo, pero era como si volviéramos a ser la pareja que habíamos sido antes de la separación. Añadiendo a Thiago en la ecuación volví a sentirme en familia. 
Solo faltaba que Virginia diera el paso y pedirme que volviéramos como pareja.
Yo seguía soñando lo mismo, aunque no sé si soñar sea la palabra adecuada, no sé, era como una sensación amorosa que me envolvía. Cuando intentaba verle la cara a aquella mujer me espabilaba, me frustraba el mismo final. ¿Qué significaría aquella extraña experiencia?
Ana seguía viniendo a visitarme y aprovechaba cuando Virginia iba a la cocina para traer lo que fuera para decirme.
-¿Te das cuenta?, está rara conmigo, me la imagino con los celos comiéndosela patas pa'rriba. A ver si se espabila y da el paso, que parecen ustedes dos adolescentes.
-Igual son imaginaciones tuyas Ana, me estás empujando a hacerme ilusiones e igual me quiere pero no de la manera que crees.
-¿Qué no? Mira, me voy a poner pegajosa contigo para que veas como reacciona.
-Déjate de tonterías, anda, no la vayas a liar.
Pero ella sin hacerme caso, cuando estaba Virginia delante, se afanaba:
-No sé Jose, pero te veo hasta más guapo, la fiebre te ha sentado bien-. No se cortaba y sus manos veían la forma de encontrarse con mi cuerpo. -A ver, mi niño, un masajito en la espalda que no sabes lo bien que se me da-.
Lo cierto es que Virginia -siempre que se daban esos toqueteos o piropos- encontraba la forma de interrumpirlos. ¿Lo ves? -me decía luego por teléfono Ana- Está rabiosa por los celos.
-Déjalo Ana, que tú por hacer un bien vas a terminar alejándote de ella.
Pasada una semana volví al trabajo, seguía algo débil, pero lo estaba deseando para ver las cosas con perspectiva. ¿Sería verdad que Virginia quería volver y no encontraba la forma de decírmelo, o sería que tenía miedo al rechazo?
Intenté seguir con mis rutinas, no me quería comer la cabeza con interrogantes que no tenían, de momento, respuestas. 
El tiempo que estuve enfermo no había escrito nada en mi diario, el diario que me había regalado tiempo atrás Virginia y que supuestamente sería un diario de a bordo en el taxi para Thiago y que se había convertido en un desahogo personal.
Lo cogí con ganas y me di cuenta de que ya le quedaban poquitas hojas donde narré los últimos días.
Le pregunté a Virginia donde lo había comprado, me gustaba el formato y se ofreció a comprarlo ella misma. Seguía con sus agasajos, y por cierto, aunque ya me valía por mí mismo, en la semana que le tocaba a ella volver al apartamento decidió quedarse en la casa familiar. De hecho menos acostarnos juntos, parecíamos una pareja.
Esa noche tardé en dormirme, me parecía una tontería que estuviéramos en aquella situación, o estábamos juntos o no, mejor no darle más vueltas y ser claros. Me prometí que al día siguiente tendría esa conversación con ella.
De nuevo el sueño o ensoñación recurrente me elevó espiritualmente: un sentimiento de amor me unía a la mujer a la que no le veía la cara, pero esta vez fue diferente, ella fue acercando su cara a la mía. Por fin podría verla y acariciarla en sueños.
La sorpresa fue cuando no era Virginia como había supuesto. Era Ana y comprendí el sueño.
Me había enamorado de mi querida amiga y a pesar de que ella se empeñara en unirme a Virginia pensando que sería lo mejor, supe con rotundidad que ella sentía lo mismo.
Tocaba comenzar un diario nuevo con otro nombre de mujer:
Ana.

Fin.