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Yolanda siguiendo el consejo de Antía se dirige a la salita de las máquinas expendedoras.
Nunca se había fijado, pero es cierto, hay un panel con numerosos papelitos, entre tanto ofrecimiento no sabe a quien llamar.
-No sé ni por donde empezar, me voy a tomar un café de la máquina, o mejor un descafeinado, que con el disgusto debo tener la tensión por las nubes.
Está tan absorta que al girarse de nuevo se choca con una chica derramándole el contenido de su vaso sobre el pecho.
-Ah perdona perdona, no sé donde tengo la cabeza, te he puesto la blusa perdida, te doy mi número para que la lleves a una lavandería y me digas lo que te cuesta.
-No se preocupe señora, que ahora me voy al baño y con un poco de agua y jabón lo soluciono. Mi niña, ojalá todo lo malo que le pase hoy al mundo sea esto.
-Vamos, te acompaño a ver si entre las dos le ponemos remedio. Por cierto, ese "mi niña" que acabas de decir me hace pensar que eres canaria. Y por favor, no me trates de usted.
-Pues sí, más canaria que el gofio, aunque ahora por cosas de la vida estoy pasando una temporadita en Galicia.
-¿Tienes a alguien ingresado aquí?
-No, no, vine para poner en el tablón mi contacto, a ver si me sale algo para cuidar a algún paciente.
-Pues yo venía a lo mismo pero al revés, estoy buscando a alguien que se quede con mi hijo por las noches. ¿Tienes experiencia?
-Pues sí y también formación, soy enfermera.
-Mira, cuando te escuché el "mi niña" con ese acento canario, recordé que cuando Sergio -mi hijo- era pequeño, fuimos de vacaciones a Gran Canaria y a él le encantaba que personas que no lo conocían le dijeran "mi niño", pensaba que allí todo el mundo lo quería.
-Qué recuerdo más bonito, y es cierto, tenemos el mi niño o mi niña todo el día en la boca.
-Mira, ¿qué te parecería quedarte por las noches como acompañante de mi hijo? Está en coma, y aunque sé que aquí el personal es intachable, me agobia pensar que se despierte sin nadie a su lado. Los médicos nos dicen que puede despertar en cualquier momento o no, como imaginarás me quedo con la primera opción. Además tu acento canario le va a encantar y nos aconsejan que le hablemos de cosas agradables.
-A mí me encanta hablar, y necesito el trabajo, pero te voy a ser sincera, en un mes regreso a Las Palmas, tengo firmado un contrato para trabajar en un hospital. Por lo que he estudiado, el tema de las personas en coma es como te han explicado, igual despierta esta noche o quién sabe... pero si lo de tu hijo se alarga tendrías que buscar a otra persona.
-Ahora mismo estoy contenta por haberte encontrado, y de aquí a un mes pueden pasar muchas cosas. Sería perfecto que empezaras esta noche. Si te parece bien vamos ahora a la habitación, ya habrán terminado con el aseo de Sergio, me gustaría que le fueras hablando para que se acostumbre a ti y esta noche no se sorprenda cuando escuche otra voz diferente a la mía. Porque yo estoy segura de que mi hijo nos escucha.
-Sí claro, me parece perfecto.
-Por cierto, con tanta cháchara no nos hemos presentado, soy Yolanda.
-Yo soy Violeta.
Continuará.