jueves, 19 de febrero de 2026

Ana Chocolate. Capítulo 20.

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Me preocupó que mi tocaya lo estuviera pasando mal por mi enfado, pero el que volviera a su nocivo hábito de comerse las uñas me dio tanta pena...
Recordé cuando años atrás hicimos un pacto: si era capaz de dejar de morderse las uñas le daba carta blanca para que investigara a mi madre biológica, aunque le dejé claro que descubriera lo que descubriera yo no quería saber nada. Estaba convencida de ella había aprovechado los recursos que le facilitaba su profesión y de que algo habría descubierto, pero lo cierto es que respetó mi deseo y no volvió a marearme con aquel tema que desde niña la inquietó.
Yo era de blanco o negro, las medias tintas no me iban, pero comencé a preguntarme si no estaba siendo demasiado categórica con Ana. 
¿Y si me estaba equivocando queriéndola fuera de mi vida? Intenté no darle muchas vueltas, había tomado una decisión y ya, pero muy a mi pesar seguí rumiando sobre el valor aquella amistad que había sido un regalazo desde que yo era una niña.
Me estoy ablandado, reconocí, pero recordaba el patinazo de Ana ocultándome como era en realidad Iván. Me volvía la rabia y daba por zanjado el asunto.
Pasadas un par de semanas apareció por el negocio Mariam, la mujer que convivía con los padres de Ana, la vidente. Un escalofrío me recorrió la espina dorsal, aquella mujer, con su moño que desafiaba la ley de gravedad siempre me había inquietado. 
Dijo que necesitaba hablar conmigo y le pedí que esperara unos minutos, que mis padres habían salido a desayunar y que no tardarían. Así fue, en cuanto llegaron después de la pertinente presentación la llevé a una cafetería que estaba cerca.
-Se nota que tus padres te quieren mucho, ¿no es cierto?
-Sí claro, -respondí mosqueada, no sabía a donde me quería llevar aquella mujer-.
-Y aunque te quieren muchísimo estoy segura de que alguna vez se habrán enfadado contigo.
-Pues sí, supongo que como pasa en cualquier familia.
-¿Y te has parado a pensar qué Ana entra dentro de la categoría de familia?
-Vale, ya sé por donde vas, vienes a decirme que la tengo que perdonar, pero es una decisión que yo debo tomar sin que me presionen. 
-Razón tienes, pero te quiero ayudar. Estás tan perdida que no eres capaz de ver que tú también eres imperfecta y te equivocas. ¿No te das cuenta de que la amistad de Anita es un regalo que tenía reservada la vida y lo estás despreciando con tu cabezonería? 
-No creo que me ayudes echándome una bronca. 
-A veces no valoramos lo que tenemos hasta que lo perdemos, no quieras que te pase. Estás a la defensiva conmigo, me voy, no te molesto más.
Por cierto, Ana lleva ingresada en el hospital unos cuantos días, está  muy enferma.

Continuará. 

Ana Chocolate. Capítulo 19.

 Me mantuve firme, no quería a Ana en mi vida, pero conociéndola como la conocía sabía que ella iba insistir, no iba a tirar la toalla sin más.
No me equivoqué y como no le cogía el teléfono me escribió un largo correo con sus explicaciones, más o menos venía a decir que sabía que yo, tarde o temprano, me daría cuenta de que Iván era un farsante, había creado una relación conmigo basada en tantas mentiras, que en algún momento irían cayendo demostrándome quien era en realidad.  
Razón tenía, mi relación con Iván nació con fecha de caducidad, no se puede sostener en el tiempo tanto cuento, habría terminado por darme cuenta, tantas ausencias repentinas, la casa que estaban a punto de darle y que nunca llegaría... Yo había estado enamorada, pero tonta no era y en algún momento hubiera sospechado que había gato encerrado.
Pero no se trataba de eso, Ana y yo nos conocíamos desde niñas y habíamos creado un mundo a nuestra medida, ella y yo, yo y ella. Sin contar a mis padres, ella era a la única persona que yo consideraba mi puerto seguro. Y me había fallado por su egoísmo. 
Hice oídos sordos a sus intentos por contactarme. Mis padres se dieron cuenta de que algo pasaba y les conté la verdad, y aunque me comprendieron me aconsejaron que escuchara a mi corazón, dijeron que todos nos podemos equivocar y que ella merecía una oportunidad.
Pero yo soy como soy, si había desterrado de mi mente a la madre que me trajo al mundo por no quererme, también era capaz de desligarme de la que había sido mi mejor amiga durante años. Muerto el perro murió la rabia.
No fue fácil, echaba tanto de menos a Ana que Iván dejó de dolerme, la ausencia de la Ana ocupaba demasiado espacio, como el dolor por un miembro amputado. 
Me centré en mi trabajo, me hacía cargo de reparaciones que me hacían trabajar muchas horas y aumenté las clases de informática, necesitaba tener la mente ocupada para poder resistirme a todos los intentos de acercamiento que Ana iniciaba. 
Su madre apareció un día con su bandeja de galletas como una bandera blanca que nos acercara, dijo que su hija le había explicado lo que había sucedido.
-Mi hija se portó mal contigo, pero está arrepentida de verdad. Si yo fuera tú también me hubiera enfadado, pero sé que tienes buen corazón, intenta perdonarla, ella lo necesita. Está pasándolo mal, si vieras en que condiciones tiene las manos...., con lo que costó que las uñas le crecieran bien ahora se las muerde tanto que se hace sangre, está más delgada, ojerosa, si sigue así va a terminar enfermando.
Te lo pido por favor, habla con ella, perdónala, ¿se equivocó? sí, pero tampoco ha matado a nadie.
Tú sabes que ella te quiere-.
Ana me quería, pero me había querido mal.

Continuará.







jueves, 12 de febrero de 2026

Ana Chocolate. Capítulo 18.

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A los pocos días de todo de aquello conseguí estar más tranquila, el dolor seguía, no tenía una varita mágica que hiciera desaparecer al instante mis sentimientos por más que me hubiera enamorado de una mala persona, pero al menos podía pensar con más claridad. 
Entonces me día cuenta de que mi amiga en realidad no había velado tanto por mí, vale que yo misma le había dicho en su momento que si se le ocurría investigar a Iván se despidiera de mi amistad, pero al silenciar que no era bueno para mí, había permitido que durante unos meses me dejara abducir aún más por aquel don juan de pacotilla, hasta el punto de alegrarme cuando me creí embarazada.
Caí en picado, una cosa era sufrir un mal de amores que con el tiempo terminaría por echar al saco de los olvidos y otra sentirme defraudada con mi amiga. Una bola de decepción que no me dejaba dormir terminó obligándome a enfrentarla.
-Chocolate, estoy demasiada defraudada contigo como para seguir manteniendo nuestra relación, tenías que haberme contado todo lo que descubriste sobre Iván. 
-Pero Zanahoria, entiéndeme, tú misma me dijiste que si metía mis narices donde no debía te alejarías de mí.
-Pero esto es diferente, imagínate que estoy muerta de sed y te pido que me des agua de una botella que contiene veneno. ¿Me dejarías beber de esa agua por mucha sed que yo tenga?
-Sabes que no.
-Pues yo me siento como si lo hubieras hecho, permitiste que durante meses siguiera enamorándome como una quinceañera de un mal tipo. Y no me quedé embarazada de milagro, que el muy hijo de puta ya no se quería poner preservativo  diciendo que lo quería todo conmigo. ¿Te imaginas que me hubiera quedado embarazada y tuviera un hijo que me recordara toda la vida a ese desgraciado? Si me hubieras advertido seguramente me hubiera enfadado contigo por novelera, pero lo hubiera dejado sin esperar ni un día más. Lo de ese cabrón pasará, no soy ni la primera ni la última que se enfrenta a ese tipo de desengaño, pero lo tuyo.... después de tantos años juntas y queriéndote como te quiero no lo puedo digerir. Nunca  pensé que me hicieras sentir tan mal.
-Tenía miedo de que te alejaras si te contaba la verdad, perdóname, en este caso tengo que darte la razón, he sido una egoísta de mierda. 
-Acabas de resumirlo a la perfección. Adiós, Ana, será mejor que cada una siga su camino.

Después de tantos llamándola Chocolate, mencionarla solo por su nombre de pila fue una declaración de intenciones, como un portazo violento que cerró una puerta. 
Y yo no la pensaba volver a abrir.

Continuará.

 

Ana Chocolate. Capítulo 17.

 Estaba en shock, no podía asimilar lo que mi amiga había descubierto sobre Iván.
Chocolate me consoló, me acompañó, dejó que yo llorara como nunca antes había hecho, y esperó a verme más serena para explicarse.
-Lo siento Zanahoria, desde el minuto uno que me lo presentaste tuve la intuición de que ese tipo no era trigo limpio y aunque me pediste que no lo investigara lo hice a tus espaldas, también un seguimiento, y cuando según él viajaba a Fuerteventura o Lanzarote, pude constatar que estaba con su mujer y sus hijos. Me pongo en tu lugar y puedo imaginar lo dolida que estás, pero mira el lado positivo, te has librado de una mala persona sin consecuencias mayores, peor hubiera sido que estuvieras embarazada. Date un tiempo y ese dolor pasará. Ahora estaría bien que las dos intentáramos descansar un par de horas que ahora mismo amanece.
Al día siguiente me levanté con la peor resaca emocional que había sufrido nunca. Me costaba creer que hubiera sido tan ingenua y siempre hubiera justificado las frecuentes ausencias de Iván, sus repetidas excusas, su mala relación con una hermana que ni existiría.... Había estado ciega por el enamoramiento... pero tuve que enfrentarme a un sentimiento que ignoraba que tuviera cabida en mi persona: las ganas de hacerle daño a aquel mal tipo que había jugado conmigo sin importarle lo más mínimo desaparecer de mi vida cuando le dije que estaba embarazada. Si lo hubiera tenido delante hubiera sido capaz de pegarle, tal era mi ira, pero lo primero que hice aquel aciago día fue enviar un correo a la empresa donde trabajaba para informarles de que a partir de ese momento prescindía de sus servicios como suministradores del material informático, que puntualmente les comprábamos para el negocio familiar.
Al instante recibí una llamada telefónica, la empresa quiso saber qué me había llevado a anular el acuerdo de compra y rabiosa como estaba solté que el vendedor que visitaba nuestro negocio había resultado ser un impresentable al que no quería volver a ver en mi vida. Sospeché que no era la primera queja al respecto, pues la persona que estaba al otro lado de la línea soltó algo así como "Iván otra vez haciendo de las suyas", pero me prometieron que tomarían medidas y que por supuesto él no volvería a pisar nuestro negocio como proveedor de su empresa.
Pasé un par de días pésimos en los que Chocolate no me soltó de la mano, estuvo pendiente de mí en todo momento. Me comentó que sabiendo donde vivía aquel cabrón igual no era mala idea que yo fuera para tener una conversación con su mujer, seguro que ella era tan víctima como yo, realmente más, pues tenían dos hijos y a saber la de mentiras que le contaba a diario para sus escarceos con muchachas ilusas como yo, pero me negué. Ponte en su lugar -señaló mi amiga- esa mujer está perdiendo su juventud con ese tipo, se merece conocer con que tipo de persona está compartiendo su vida. Piénsatelo cuando estés más tranquila, ese gilipollas se merece que le quiten la careta.
Pero yo solo quería que pasaran los días y que aquella traición fuera dejando de doler.
Y aunque llegué a darle vueltas, la idea de ir a casa de Iván para hablarle a su mujer y que existiera una mínima posibilidad de tenerlo delante me paralizaba, solo quería sacarlo de mi vida cuanto antes.
Quizás yo podía ayudar a aquella mujer a ver la realidad, pero pensé en mí y me permití ser egoísta.

Continuará.

 

miércoles, 4 de febrero de 2026

Ana Chocolate. Capítulo 16.

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 Pasados unos meses creí estar embarazada. 
Yo era un reloj con mis menstruaciones y tenía síntomas que podían casar con aquella sospecha. Sólo tenía una semana de retraso, pero convencida de mi nuevo estado me alegré.
Iván me había prometido quererlo todo conmigo, faltaba poco para que le dieran su nuevo piso y entre sus planes estaba que me fuera a vivir con él.
La emoción me pudo y lo compartí con  Ana Chocolate. Ella me preguntó si estaba segura, si me había hecho el test de embarazo y cuando le dije que todavía no, me aconsejó que me cerciorara antes de darle la noticia a Iván. Pero no supe esperar, estaba segura de que él se tomaría la noticia con el mismo ánimo que yo. 
Él iba a estar unos días en Fuerteventura por su trabajo y cuando esa noche me llamó, no pude disimular la emoción del embarazo que nos uniría aún más. Su reacción fue de sorpresa, pero estaba a punto de coger un avión y quedó en llamarme en cuanto llegara a la isla vecina para que le contara con detalles.
Me pegué al móvil ansiosa, pasó una hora y no recibí ninguna llamada. Es pronto, me dije, igual el vuelo se retrasó, seguro que desde que llegue me llama. Pasó otra hora y lo mismo, me pareció extraño, pero no quise alarmarme por algo que sin duda tendría una explicación lógica, igual se había quedado sin batería y hasta que llegara al hotel no le iba a ser posible contactarme. 
Pasada otra hora lo llamé de nuevo, al no contestarme la preocupación que había intentando mantener a raya me asaltó. Puse las noticias temiendo encontrarme con un accidente aéreo pero no vi nada raro, igual tuvo un accidente de tráfico, o lo asaltaron, o tuvo algún problema de salud. Todos los escenarios catastróficos pasaron por mi cabeza y llamé a mi amiga de madrugada.
-Por favor Chocolate, le rogué después de explicarle la situación, tienes que averiguar qué le ha pasado, algo malo seguro, no hay otra explicación. Estoy segura de que estaba deseando llamarme para hablar del embarazo, que al final no pude aguantar y se lo conté.
-Tranquilízate Zanahoria, a ti sí que te va a dar algo, nunca te había visto tan alterada, voy a tu casa ya.
Era de madrugada, pero sabía que mi amiga no me iba a dejar sola en aquellos momentos de angustia aunque tuviera que ir a trabajar sin dormir. Cuando una amistad es real se demuestra en esos momentos.
A la media hora llegó mi amiga con una bolsa de la farmacia.
-Mira, la farmacia que está debajo de mi casa estaba de guardia, es un test de embarazo y lo primero que vamos a hacer es ver ese resultado.
Dejé que ella tomara las riendas aunque yo diera por hecho el positivo. Ya luego me explicaría qué pasos podía dar para averiguar que le había sucedido a mi pareja.
El test de embarazo dio negativo y Chocolate soltó un largo suspiro de alivio, bueno, ahora viene la parte difícil, dijo nerviosa, Iván no te ha llamado porque le haya pasado algo malo, sino porque le contaste lo del supuesto embarazo y no quiere saber nada.
-¿Qué dices, estás loca?
-Lo siento, pero ese indeseable está casado y tiene dos hijos, está llevando una doble vida y creyendo que estabas embarazada se ha desentendido de ti. El típico cabrón que va de machote por la vida engañando a chicas jóvenes que se enamoran de él.
Un dolor repentino de ovarios hizo que me doblara sobre mí misma y mi amiga se percató: vamos al baño, estás sangrando. Por lo menos ese malnacido no te ha dejado embarazada.

Continuará. 


Ana Chocolate. Capítulo 15.

 Llegó el día en que Ana Chocolate e Iván se conocerían.
Quedamos en el apartamento de mi amiga para cenar y me esmeré en cocinar yo misma, quería sorprender a mi novio y que todo fuera perfecto, también le pedí a la madre de mi amiga que me preparara una bandeja de sus ricas galletas.
Iván apareció con un buen vino y dos ramos de flores, uno para mí y el otro para Chocolate para agradecerle la invitación.
En aquel encuentro me pareció que todo estaba saliendo a pedir de boca, Iván -como siempre- estuvo encantador y Ana Chocolate le hizo muchas preguntas, pero no me preocupó, ya le había advertido a mi pareja, mi amiga era como era.
Como Iván y yo nos fuimos juntos esa noche tuve que esperar al día siguiente para preguntarle a mi amiga que le había parecido Iván, la llamé y quedamos en vernos.
-Zanahoria, lo siento pero voy a ser sincera, tenías razón en lo de que es simpático, guapo y todo lo que tú quieras, pero ese hombre esconde algo, no me fío ni un pelo de él. Deberías dejar que lo investigara, estoy segura de que no es trigo limpio. Mi instinto me dice que ese hombre te traerá problemas-.
Aquello me sentó como una bomba, mi amiga era incorregible y no pude evitar estallar.
-Estás loca y ves problemas donde no los hay, parece que no te gusta verme feliz, ¿no será qué tienes envidia? Ni se te ocurra meter tus narices en la vida de mi chico, yo confío en él al cien por cien, si te atreves a inmiscuirte te juro que no me vuelves a ver el pelo. Tú eliges, o mi amistad o tus delirios de policía de telenovela. 
Chocolate no me decepcionó y eligió seguir en mi vida. No volvió a sacarme el tema y  se abstuvo de hacer ningún comentario negativo cuando yo salía con Iván, pero yo sabía que se mordía la lengua, mi chico seguía sin gustarle aunque no lo expresara con palabras. 
Yo estaba segura de que con el tiempo se daría cuenta de que se había equivocado juzgando al que yo consideraba el hombre de mi vida. 
Tiempo el tiempo.

Continuará. 





jueves, 29 de enero de 2026

Ana Chocolate. Capítulo 14.

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 Contra todo pronóstico Ana Chocolate no volvió a sacar el tema sobre la identidad de mi madre biológica, pero la conocía bien y hubiera apostado lo que fuera a que ya se había encargado de descubrirlo. Y como mi propia tranquilidad pasaba por no remover aquel asunto, no le pregunté nada al respecto.
Con veinticinco años mi amiga alquiló un pequeño apartamento, estaba cerca de su casa familiar, pero estaba deseosa de vivir sola.
Los hermanos ya se habían emancipado, aunque raro era el día en que no aparecían con sus parejas y los hijos que fueron naciendo llenando la casa de ruidos nuevos. La bisabuela había fallecido, pero la matriarca se seguía ocupando de su suegro y Mariam, la vidente, se había instalado a vivir con ellos definitivamente. Seguía siendo un lugar donde entraba y salía gente en cualquier momento, un guirigay constante que era el alma de la casa.
Ana Chocolate estaba ansiosa por experimentar el sosiego que nunca conoció en la casa familiar, pero la primera noche que pasó en su apartamento me llamó desconsolada, sentía que se ahogaba entre tanto silencio. 
Así que algunas noches me quedaba con ella en su apartamento, pero se se seguía levantando con una ojeras delatoras. 
-Así no puedes seguir - la aconsejaba- tienes que descansar y si eso pasa porque vayas a dormir a casa de tus padres no seas cabezota- Pero cabezota era y no quiso dar su brazo a torcer a pesar del insomnio que la hacía sentirse como una zombi durante el día. Hasta que se me ocurrió algo, me satisfizo ser yo quien por una vez encontrara una solución. Fui un día a la casa de los padres de Chocolate y dejé una grabadora funcionando durante horas. Había supuesto que el ruido de fondo sería considerable en aquella casa de locos. Y funcionó, ni la mejor nana del mundo hubiera sido tan efectiva, mi amiga se la ponía por las noches y se quedaba dormida como una bendita.
Fue por esa época cuando pasó algo trascendental en mi vida. Me enamoré.
Al negocio familiar comenzó a ir un comercial de informática para ofrecer sus productos, se llamaba Iván y desde el minuto uno comenzó a "tirarme la caña". Era guapo, simpático, zalamero... y poco a poco me fue ganando. Sus visitas comerciales se alargaban cada vez más, se interesaba por saber cosas sobre mí y también me contaba sus cosas. Por entonces yo tenía veinticinco años y él me sacaba diez, pero era tan jovial que no me importaba la diferencia de edad. Me contó que estaba a punto de mudarse a su propia vivienda, pues compartía con una hermana la casa que habían heredado de sus padres, había estado ahorrando para comprarse su propio piso y ya tocaba independizarse. También supe por él que tenía que viajar Fuerteventura y a Lanzarote por motivos laborales con frecuencia, y eso explicaba que algunas semanas que no pasaba por el negocio de mis padres me llamara por teléfono cada dos por tres.
Comenzamos a quedar para tomar algo, para cenar,  ir a pasear...., pero nunca me llevó a su casa familiar porque según él las relaciones con su hermana eran tensas y no quería hacerme pasar un mal rato. Y claro, los dos teníamos ganas de intimar y no quedó otra que ir a un hotel.
Yo estaba en una nube y así se lo transmitía a mi amiga, que me acribillaba a preguntas sobre Iván. 
-Tienes que conocerlo, ya verás como te cae genial, y cuando se pueda mudar a su nueva casa quiere que me vaya a vivir con él.
-¿No te parece que va todo demasiado rápido? No sé Zanahoria, hay algo que me chirría.
-Pero si todavía no lo conoces, no empieces con tus elucubraciones policiacas, es una personal normal.
-Una persona normal a la que no me has presentado y ya llevas un par de meses saliendo con él, raro que siempre que hayas intentado presentármelo le haya surgido algo.
-Pues para que te dejes de tonterías lo llamo ahora y quedamos para mañana.
Lo cierto era que estaba deseando que mi amiga del alma y mi pareja se conocieran, lo había intentando antes pero al pobre Iván nunca le había cuadrado por sus cuestiones laborales.  
De mañana no pasa, me dije decidida, estaba deseando aquel encuentro entre los tres.

Continuará.