jueves, 9 de abril de 2026

Los Dragones. Capítulo 12.

Ir a capítulo anterior.

 Carmensa era una chica joven y redonda que llevaba la cocina del centro como si le fuera en ello la vida.
Le gustaba tanto cocinar como comer y su buen carácter hacía que a todos nos cayera bien.
Sin duda me "adoptó" como ayudante cuando se percató de algo que yo aún ni intuía: me gustaba la cocina. Y mientras Mari por las tardes aprendía a desenredarse con la letras, yo fui aprendiendo gradualmente a manejarme entre pucheros. Me gustaba crear con las manos, me extasiaba el aroma de las elaboraciones... todo me llenaba, había descubierto la alquimia que me proporcionaba un placer desconocido.
Carmensa me decía que yo "tenía mano" y que si me lo proponía podía ganarme la vida con el don que había descubierto por casualidad por puro aburrimiento.
Así las tardes en que mis amigos seguían con sus cosas, en el centro me permitieron que acompañara a Carmensa en la cocina y que siguiera aprendiendo. 

Mientras recordaba lo anterior me percaté de algo. Carmensa, la mujer que me había iniciado en la cocina era la persona que Mari había contratado para que la ayudara con sus niños en la actualidad. Era tal el grado de confianza que mi amiga no había dudado en llevársela a vivir a su casa cuando comenzó con las adopciones. Carmensa era imprescindible, la persona de confianza que dejó la cocina del centro para ayudar a Mari en todo lo que necesitaba. La considerábamos familia. 
Y Carmensa nos conocía desde que entramos en Los Dragos, sabía mucho sobre nosotros cuatro, nos había visto crecer. Vale que era cuestionable que supiera de primera mano algunos detalles que solo nosotros conocíamos, pero ¿y si alguno sin darse cuenta le hubiera contado las anécdotas que aparecían en el libro? 
Una inquietud inesperada me hizo coger el teléfono y llamar a Mari. Después de hacerla partícipe de mi  conjetura se quedó un rato callada, eso me hizo pensar que no era tan descabellada mi sospecha. Luego me dijo algo así como que lo único que le había visto escribir a Carmensa eran recetas y me pidió que no le diera tantas vueltas a aquello o terminaría como una cabra.
Lo intenté, de verdad que lo hice, pero un  run run en forma de interrogante seguía inundando mis pensamientos.
¿Podía ser la buena de Carmensa la autora del libro?

Continuará. 

Los Dragones. Capítulo 11.

 Después de que mis dos amigos negaran la autoría del libro me llamó Mari exaltada.
-Lucas y Kevin me tienen frita, los dos quieren tener el libro ya, voy a tener que escanearlo y que uno de ellos lo lea en el ordenador. Chacho Saulo, que el tiempo no me sobra, a ver como me las arreglo que los dos quedaron en pasar por mi casa hoy. 
-Ya que lo vas a escanear me lo pasas que quiero leerlo otra vez.
-Claro guana, que no tengo otra cosa que hacer... En fin, quizás sea mejor así, que todos los hayamos leído antes de vernos y tratar el temita. Te dejo coco liso que tengo lío.
De nuevo tenía que enfrentarme a los días que restaban para vernos los Dragones y daba por hecho que por mucho que lo propusiera, el asunto iba a seguir martilleando mi cabeza.
No me equivoqué y volví a verme con ocho años. 

Los Dragones ya estábamos hechos al centro de acogida y al colegio, aquellas rutinas nos ayudaban a estabilizarnos emocionalmente. 
Entonces, con ocho años, ya los niños leían de corrido, pero a Mari le seguía costando ponerse al mismo nivel. Se desesperaba repitiéndose que era tonta, torpe, de nada le servía que yo le dijera que era muy inteligente y  la mejor del curso con las matemáticas, seguía deprimida. Entonces una profesora llamó al centro y citó a una educadora. En aquella reunión por supuesto estuvo presente Mari y lo que la profesora quería comunicarles era que estaba casi segura de que mi amiga era disléxica. 
Le explicó lo que significaba y que lo que correspondía era que acudiera a un centro especializado donde la evaluaran. 
No se equivocó la profesora, mi amiga era disléxica, tendría que ir por las tardes a unas sesiones externas que la ayudarían con el trastorno del aprendizaje que le impedía avanzar con las letras, estaba aliviada al poder ponerle nombre  a su desventaja, y también contenta, mediante aquellas sesiones iba a mejorar sus habilidades lectoras y de escritura y podría avanzar en sus estudios como los demás.
El primer día que acudió por la tarde a la sección con el logopeda la eché de menos. Kevin había insistido tanto en el centro con el ejercicio físico que le consiguieron unas pesas y las cogió -nunca mejor dicho- con ganas y para Lucas no había actividad que lo relajara más que dibujar en su blog. O sea, que yo me estaba aburriendo. 
Sin saber como pasar el tiempo hasta que llegara Mari me vi en la cocina del centro y una cocinera, Carmensa me preguntó que si necesitaba algo, -no sé que hacer- respondí cabizbajo, y aquella mujer poniéndome un delantal que me llegaba casi a los pies, me puso a deshojar una lechuga.

Continuará. 




jueves, 2 de abril de 2026

Los dragones. Capítulo 10.

Ir a capítulo anterior.

 Cuando solo faltaba un día para el encuentro de los dragones recibí una llamada de Lucas.
-Oye, que estoy llamando a Mari y no me lo coge.
-Creo que hoy tenía que llevar a la niña a revisión, seguramente  no tendrá cobertura.
-Claro, no había caído que a la niña la operaron hace poco, sé que salió bien pero me había despistado con las revisiones, intentaré hablar con ella más tarde, pero por si consigues contactar antes le dices que me tengo que ir de viaje, así que lo de mañana va a tener que esperar. Por cierto, ¿qué misterio se trae Mari con eso de que tenemos que vernos los cuatro por algo importante?
-Llevo toda la semana deseando que llegue el sábado para vernos y ahora tú no puedes... 
-¿Tú también te vas a poner misterioso? Coño, dime de que íbamos a hablar supuestamente mañana.
-Es por un libro que encontré por casualidad en un mercadillo, y no te lo vas a creer, pero cuenta nuestra infancia en el centro, de "pe a pa". Nosotros cuatro, los Dragones, estamos perfectamente retratados. Tenemos que averiguar quien de nosotros lo escribió sin comunicárnoslo.
-Uh qué raro todo ¿no? ¿Y por qué sospechas qué lo escribió uno de nosotros? ¿No pudo ser alguien del centro que convivió con nosotros?
-Ni de coña, se cuentan cosas que solo los cuatro conocemos. Por cierto, le pasé el libro a Mari después de leerlo. Y ya aprovecho para preguntarte si por el  motivo que fuera tú lo escribiste y  lo mantuviste en secreto.
¿Yo?, ya sabes que lo mío es dibujar, pero me estás dejando intrigado. Me paso antes de irme de viaje por casa de Mari y que me deje el libro. ¿Kevin está al tanto?
-No, por eso queríamos mañana vernos todos, para hablar de esto. 
-Ya, pero me citaron como ponente en la semana del cómic en Tenerife y no les puedo fallar. Mejor dejamos la cita para la próxima semana, deberías hablar con Kevin y contarle la movida, ahora todos estamos al tanto menos él. 
-Tienes razón, lo llamo ahora, a ver si no lo cojo de servicio y le cuento.
-Vale, yo seguiré insistiendo con Mari para quedar sin falta hoy y recoger el misterioso libro.
-Vale tío, y felicidades por la ponencia, estás que te sales artista. 
Luego me tocó llamar a Kevin y ponerlo al día y por supuesto se sorprendió al conocer de la existencia del dichoso libro. Quiso leerlo a toda costa para sacar sus conclusiones y le dije que se pusiera de acuerdo con Lucas, igual no le importaba que Kevin se le adelantara en la lectura. 
No dejé pasar la ocasión de preguntarle a Kevin si él había escrito el libro respondiendo: "¿Y para qué cojones iba yo a escribir un libro?"
Seguía el misterio y solo tenía claro que uno de nosotros no estaba diciendo la verdad. 

Continuará. 

Los dragones. Capítulo 9.

 En aquel compás de espera parecía que tenía una pelota saltarina dentro de la cabeza: la bolita botaba  hacia atrás una y otra vez haciéndome regresar a mi infancia. Estaba deseando que llegara al fin de semana para poder vernos los cuatro dragones.
 
Los primeros años de educación reglada fueron normales, sin sobresaltos y pronto nos acostumbramos a la rutina escolar, pero a Mari las letras se le atragantaban, no aprendía al ritmo de los demás y se aturullaba cuando tenía que leer en voz alta. Si en el texto aparecía "ave" ella lo leía como "eva," nos hacía gracia, pero a ella no. Me decía que era una cabeza hueca y que nunca aprendería a leer en condiciones.
El profesorado en principio no se alertó, pensando que al no haber estado escolarizada antes era normal que le costara llevar el ritmo del resto; al contrario, tenía una inteligencia natural con los números que asombraba a los maestros. 
Yo era todo lo contrario, los números no me gustaban mientras que con las letras me llevaba bien. Así que llegamos a un acuerdo, el de ayudarnos mutuamente con aquellas asignaturas. Kevin no sobresalía en ninguna materia en especial, pero tampoco se quedaba atrás, al igual que Lucas, aunque este último tenía una habilidad especial dibujando.
El tiempo pasaba y vivir en el centro ya era algo normal para nosotros, lo mismo sucedió con el colegio.
Tuvimos algunos sustos más, cuando algunas parejas se interesaron en adoptar a Mari, pero ella ya era una experta simulando que estaba desequilibrada; curiosamente por el resto de la panda: Lucas, Kevin y yo mismo, nadie mostró interés por integrarnos en sus familias.
A Lucas le hubiera gustado que su madre se recuperara de sus adicciones y viniera a buscarlo, pero a saber que había vivido los cinco primeros años de su vida para no esperarlo y Kevin era consciente de que a sus padres les quedaban años de cárcel. 
Supongo que las cartas mal dadas que nos tocaron en suerte nos hicieron madurar antes de tiempo y nos aferramos a lo que teníamos, el estar unidos los cuatro y protegernos. 

Aquellos días después de terminar el trabajo me pasaba por casa de Mari por ver como seguía la niña de Mari, Patri. Se estaba recuperando muy bien, era una jabata como su hermano Ancor, y después de jugar un rato con ellos sacaba la libretita donde iba apuntando las anécdotas de nuestra niñez y se la enseñaba a Mari, eran detalles imposible de conocer fuera de los cuatro dragones. Ella estaba tan intrigada como yo, ambos deseábamos que llegara el fin de semana para reunirnos los cuatro. 
Nos preguntábamos los mismo: ¿quién y por qué?

Continuará. 



  

jueves, 26 de marzo de 2026

Los dragones. Capítulo 8.

Ir a capítulo anterior.

 Mari estaba entusiasmada con la idea de que fuéramos a ir a un colegio de verdad.
El personal del centro nos llevó a comprarnos los uniformes y lo cierto es que a los cuatro nos hizo ilusión, por primera vez tendríamos esa vestimenta que nos igualaría a los niños que tenían unos padres normales y vidas estables. Una tarde oímos a dos educadoras diciendo que aprovecharían para salir a comprarnos las mochilas y el material escolar necesario.
Yo también voy -se apuntó como siempre Mari-. La idea inicial era que acudirían solas, pero ante la insistencia de la niña le permitieron que se saltara las actividades programadas y la dejaron ir. Regresó contenta, le habían permitido elegir su mochila y las nuestras. La suya tenía una gallina con tres pollitos que la seguían en fila. Toda una declaración de intenciones: ella era la gallina y los pollitos nosotros tres. 
Volví a la realidad, en el libro se describía aquella mochila que tanto representaba a Mari. Pensé que ese tipo de detalles pasaría desapercibido al menos que lo hubiera narrado alguien que lo hubiera vivido en primera persona, o sea,  alguno de nosotros. Cuando recordaba algún detalle de ese tipo del libro lo apuntaba en una libreta para comentarlo con Mari. 
Aquella libretita se fue llenando, mientras yo seguía subido a la cuerda de aquellos recuerdos infantiles.
Me vi con seis años nervioso el primer día de colegio, los cuatro lo estábamos, pero Mari que por algo era mamá gallina, después de pasar revista a nuestros uniformes nos deslizó un peine por la cabeza empapado en una colonia suave que guardaba como un tesoro. Recuerdo los olores: las mochilas nuevas, los lápices... Una cuidadora nos subió a un cuatro latas azul y nos llevó al colegio.
Al tener la misma edad, el centro había solicitado al colegio que no nos separaran, ya que nos enfrentaríamos a aquel nuevo entorno en desventaja, por lo menos que se nos permitiera que nos arropáramos los unos a los otros.
Los pupitres eran dos plazas, a Mari y a mí nos tocó juntos y en la fila de atrás nos escoltaron Kevin y Lucas. 
Al principio los niños nos miraban con curiosidad, supongo que sentirían lástima ante nuestra situación de desamparo familiar, pero a los pocos días nos relacionábamos todos con todos. Por supuesto que algún capullo hubo que intentó burlarse de nosotros, pero la cosa no llegó a más, para eso teníamos a Kevin, que con su cara de bruto y sus gestos amenazantes lo espantó sin necesidad de hacer lo que le apetecía, pegarle una buena hostia. 
Y aunque nos gustó conocer a otros niños y niñas y hacer nuevas amistades, nosotros cuatro éramos una piña, una familia.
Como no era un secreto que veníamos cada día del centro de acogida llamado Los Dragos, no tardamos en ser conocidos como "los dragones". 
Y nos gustó.

Continuará.

Los dragones. Capítulo 7.

 Era martes, así que tendría que esperar hasta el sábado para que, si cuadraba, nos viéramos los cuatro para hablar sobre el intrigante libro. 
Intenté centrarme en el trabajo esos días para quitármelo de la cabeza, de nada me servían las elucubraciones sobre su autoría hasta que nos encontráramos, pero fue misión imposible, sin poder evitarlo retrocedí en el tiempo recordando la niñez de aquellos cuatro niños que compartieron vida en la casa de acogida.
Me vi aferrado con cinco años a Mari, que teniendo mi misma edad se convirtió en mi refugio, mi puerto seguro. Viniendo de donde veníamos, ninguno había estado escolarizado, la enseñanza obligatoria comenzaba a los seis años y mientras, en el centro de acogida intentaban que aprendiéramos lo que hasta ese momento se nos había negado por las nefastas circunstancias anteriores. 
Se supone que con seis años los niños comenzaban a leer y nosotros estábamos en desventaja, las educadoras y educadores del centro hicieron especial hincapié para que no llegáramos en pañales, pero a Mari le costaba más que al resto, por el contrario, le gustaban los números y casi de forma intuitiva aprendió en poco tiempo lo que cualquier otro menor que hubiera estado escolarizado con anterioridad. 
Mi amiga, que se apuntaba a un tiroteo -por algo la apodaron "yo también voy"- estaba deseando cumplir los seis años y comenzar en la escuela. A mí no me hacía gracia, después de acostumbrarme a vivir en el centro otro cambio me parecía una amenaza, pero ahí estaba Mari para cogerme de la mano diciendo que sería estupendo salir todos los días del centro como los niños "normales". 
Lucas -el suave- tenía ganas de comenzar el colegio siempre y cuando fuera un sitio tranquilo y Kevin -el fideo- nos decía que ya estaría él para defendernos si se metían con nosotros.
En aquel impas de espera le comunicaron a Mari que había una familia interesada en adoptarla, una pareja iba a visitarla en el centro para conocerla antes de tomar una decisión definitiva. Lloré cuando lo supe, ¿me iba a quedar otra vez sin madre? Kevin y Lucas también estaban acojonados aunque no lo demostraran llorando como yo. Aquella niña extendía su manto protector y afectivo sobre nosotros y ya habíamos perdido demasiado antes de tiempo. La necesitábamos.
Y para ella nosotros éramos su familia, no quería que nos separaran.
Llegó el temido día, el de encontrarse con los potenciales padres. Antes de reunirse con ellos la abracé como si fuera a perderla.
-No pasa nada Saulo, confía en mí, de aquí no me sacan.
Lucas, Kevin y yo supimos más tarde por ella misma como había transcurrido aquel primer encuentro, primero... y último. 
Siguiendo un plan había estado bebiendo agua de más durante toda la tarde y aguantándose las ganas de ir al baño. En cuanto vio a la pareja se tiró al suelo ignorándolos, los pobres debieron esforzarse por caerles bien a aquella niña que mordió al hombre cuando intentó acariciarla y de su boca infantil salieron sapos y culebras, terminó su actuación estelar orinándose sobre los zapatos de la mujer. 
-Mis niños -nos tranquilizó- yo no me voy con nadie, ustedes son mi familia.

Continuará.


jueves, 19 de marzo de 2026

Los Dragones. Capítulo 6.

Ir al capítulo anterior.

 No pude evitar el nerviosismo y me aturullé contando mi descubrimiento. 
Mari me pidió calma, no se estaba enterando de nada y me obligué a ordenar el relato que desde la noche anterior me tenía desnortado. Observé la expresión de asombro en su cara mientras le contaba que alguien había escrito un libro que contaba nuestras vidas en el centro de acogida y que además, lo había publicado.
-Joder Saulo, vaya  notición. ¿Quién y por qué ha querido desentrañar nuestro pasado? 
-No lo sé, pero por la cantidad de detalles parece que uno de los cuatro tuvo que ser.
-No sé, es raro, quizás alguno ha contado su infancia sin olvidar ninguna coma a alguien, pero claro, sin leer el libro no puedo llegar a ninguna conclusión. ¿Has indagado acerca del autor?
-J. García Rodríguez, habrán miles de personas con esos apellidos. Vete a saber.
-¿Y la editorial? Por ahí se podría tirar del hilo. Pero lo primero es lo primero, déjame el libro que esta noche me lo zampo, la curiosidad me está comiendo.
-Coño, mira que soy tonto, lo dejé en mi casa.
-Pues ya puedes ir a buscarlo y me lo traes. 
-Vale, pero mi impresión es que algunos de los dragos ha tenido que ser el autor, sin contarme a mí, claro, y no te ofendas, pero a ti también te descarto, no tendría sentido que lo hubieras hecho sin contarme nada.
Mari respondió con una de sus escandalosas carcajadas, ¿yo? preguntó, pero si tengo faltas de ortografía hasta hablando....
-Bueno eso también te descarta. Voy a por el libro, luego intentaré averiguar algo de la editorial, que no se me había ocurrido tirar por ahí, aunque sigo pensando que uno de los dragones es su autor y solo me quedan Kevin y Lucas.
Volví a mi casa a por el libro y regresé al hospital, Patri se estaba comiendo mis galletas con ganas, buena señal. Le dejé el ejemplar de "Los Dragones" a  mi amiga y regresé a mi casa sin pararme para hacer la compra que había planeado. Necesitaba tiempo para indagar.
A través de internet pude saber que la editorial se había especializado en publicar biografías de gente anónima que por lo que fuera, deseaba dejar por escritos sus memorias. Solían ser tiradas cortas que normalmente terminaban como regalo en manos de los familiares del autor o autora que lo hubiera escrito. Telefoneé  y tuve suerte, todavía no habían terminada su jornada laboral.
No pudieron añadir mucho más a lo que internet me había chivado, hacían tiradas pequeñas básicamente de biografías. Pregunté por el autor o autora, pero después de hacerme esperar un rato poco añadieron, no tenían datos personales del tal J. García Rodríguez. 
A las seis de la mañana Mari me llamó.
-Espero no haberte despertado, es que no podía esperar más. 
-Pues sí que estaba dormido, como anoche casi no pegué ojo...
-Pues te tomas un café bien cargado Saulo, ahora mismo llamo al resto de los dragones, ya tendremos tiempo de dormir cuando estemos muertos, ahora lo que importa es vernos lo antes posible para averiguar quién coño escribió el libro.
-Esa boca Mari, que estás con la niña, por cierto, ¿cómo está?
-Bien, bien, si todo sigue así hoy le dan el alta. Este sábado si consigo que nos reunamos todos quedamos en mi casa. 
-Vale,  hace un par de semanas que no los veo y ya toca. Yo llevo la comida, aunque nos hablaremos antes, a ver como sigue mi ahijada preferida. 
-Sí sí, te dejo, que la niña se está despertando.

Continuará.