jueves, 21 de mayo de 2026

Los dragones. Capítulo 24.

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 Mari terminó la carrera, apostó fuerte invirtiendo todo el dinero que había ido ganando poco a poco con sus transacciones y ¡eureka!, ganó un pastizal.
Se fue haciendo con unos pocos inversores, dinero llama a dinero y sus primeros clientes corrieron la voz de que era una maga de las finanzas y no tardó en tener su buena cartera de clientes.
Se pudo permitir ir pasito a pasito cumpliendo sus sueños, se compró una buena casa con un jardín grande, lo que siempre había deseado. Era el primer paso para conseguir el siguiente: la adopción.
Sabía que lo normal es que tuviera que esperar durante años, pero tenía dinero para ir abriendo puertas. No se salió de la legalidad, aunque utilizó atajos, contactó directamente con los países que tenían tratados con España en ese aspecto y sumamente importante fue el hecho de que ella pretendiera adoptar a criaturas con problemas, para ser claros, los que difícilmente serían adoptados.
A los veinticinco años ya tenía a su primera hija, Patricia, una niña africana con graves problemas de visión. Trabajaba desde su nueva casa y le hizo una proposición a la buena de Carmensa, que dejara la cocina de la casa de acogida para pasar a ser su mano derecha. Mari trabajaba duro para aumentar su economía, iba a necesitar a alguien que estuviera pendiente de Patri cuando ella no pudiera y así  Carmensa terminó viviendo en la casa de Mari.
En cuanto a mí, terminé mis estudios en la Escuela Culinaria. La titulación de ese centro era bien valorada y no era extraño que saliéramos con un contrato bajo el brazo. 
Fue mi caso, me ofrecieron llevar la cocina de un buen restaurante. Santiago, mi mentor habló conmigo.
-Saulo, la oferta de empleo que tienes es golosa pero me gustaría que valoraras lo que te voy a decir, acabamos de formalizar con el Cabildo un contrato para que destinemos un número de plazas a chicos y chicas que están en casas de acogida, hemos aceptado, a cambio el Cabildo va a aportar económicamente para que podamos abrir un nuevo aula de enseñanza, la única forma de dar cabida a más alumnos. Pensé en ti desde el minuto uno, vamos a necesitar a un chef que dirija y enseñe. Eres buen cocinero, pero no puedo obviar que  viviste hasta la mayoría de edad en un centro de menores. Esa experiencia te convierte en el perfecto candidato. Ma gustaría contar contigo, pero no te quiero presionar, te aconsejo que aceptes la oferta de empleo del restaurante, no quisiera que si aceptas mi propuesta en un futuro dudes acerca de tu elección. Como vas a tener unos meses de prueba podrás valorar si sigues con nosotros o no. 
Un buen dilema, pensé, estaba orgulloso de tener un contrato en un restaurante de postín, pero por otro lado lo de ejercer de profesor en la escuela culinaria tenía su miga, ejercería mi pasión, cocinar, pero tendría la oportunidad de ayudar a unos chavales que estarían tan perdidos como yo mismo tiempo atrás.
No sabía si pensar con la cabeza o con el corazón.

Continuará. 


Los dragones. Capítulo 23.

 Por fortuna pudimos dar por recuperado al Lucas de siempre, una victoria que agradecimos como el mayor de los regalos.
El tiempo siguió deslizándose y nos vimos con veintidós años. Fue importante para nosotros.
Lucas terminó su carrera y aunque le gustaba el arte en general, su pasión era la narrativa gráfica y sus comics le dieron el reconocimiento que merecía apenas terminados sus estudios. Una editorial especializada en su tema apostó fuerte por él después de conocer su obra Dragón. El comic calaba no solo por su arte dibujando: el trasfondo temático con un malote que hacía el bien tenía embelesados a sus lectores.  A día de hoy sigue siendo un referente para los amantes de esa disciplina artística.
A Kevin su trabajo le gustaba y no terminó de sorprendernos que lo eligieran para misiones especiales de la guardia civil, aprovecharon su físico para que se infiltrara en misiones contra el narco tráfico, él se lo tomaba con humor: "mira por donde mi cara de bruto y matao me va a servir de algo". 
Nosotros, conocedores de que por su trabajo se tenía que enfrentar a situaciones difíciles, temíamos que le pasara algo malo estando de servicio,  pero él estaba tan feliz, que no nos quedaba sino respirar aliviados cuando llegaba a casa. Justo en esa época conoció a una compañera de trabajo y nos la quiso presentar, nos pidió que no lo hiciéramos en nuestra casa Frankenstein, le daba vergüenza que viéramos donde vivíamos.
Mari, como siempre tomó el mando:
-Mira Kevin, ni nos las quieres presentar es porque esa chica te importa de verdad, y no tienes por qué avergonzarte de  nuestros orígenes, si es una tía lista saldrá valorar que viniendo de donde venimos hayamos salido adelante por nosotros mismos, y a Frankenstein yo le doy un repaso y quedará decente. Yo me ocupo, déjame que lo piense y mañana mismo nos ponemos manos a la obra, pero eso sí, me van a tener que echar una mano. Mari habló con Carmensa para que también colaborara y en unos pocos días con unas fundas del mismo color las sillas desiguales parecían un conjunto, Carmensa y Mari tomaron las riendas y al final a  nosotros poco nos dejaron hacer, pero con un cuadrito tapando algún desconchado, unas cortinas que a saber de donde sacaron y con varios pequeños cambios, la casa quedó "mona", según las artífices. Lucas hizo caricaturas de nosotros que aportaron la parte divertida y que adornaron las habitaciones, yo contribuí con loza nueva y por supuesto, me ofrecí para hacer un menú especial y que nuestro Kevin pudiera invitar a la chica a comer a nuestra casa "mona". 
La chica se llamaba -se llama- Alicia y de ninguna de las maneras la imaginamos como era en realidad, supongo que esperábamos una versión femenina de Kevin, pero al contrario, resultó ser una mujer guapísima y delicada. Eran como la bella y la bestia, pero sorprendentemente, encajaban a la perfección.

Continuará. 


jueves, 14 de mayo de 2026

Los Dragones. Capítulo 22.

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 Por supuesto aquella noche nadie durmió, Lucas estaba avergonzado y con la cara hecha un cuadro, los demás, dolidos por la adicción de nuestro amigo y avergonzados por no haberlo visto venir... 
Lucas estuvo dos semanas sin pisar la calle, en ese tiempo su rostro iba cambiando de tonalidad: del violeta al verde por los piñazos que Kevin le había propinado. Cruzábamos los dedos por que la nariz no le quedara hecha un guiñapo. 
Tuvimos que hacer encaje de bolillo con nuestros horarios para no dejarlo en ningún momento solo, pero teníamos que intentar que Lucas no saliera a buscar la mierda que se había estado "metiendo" antes.
Los primeros días estaba muy alterado y Mari aconsejó llenarnos de paciencia, hasta Kevin la sacó de donde no había. Teníamos que mantener alejado a Lucas de las tentaciones.
Sumamos dos más y dos y comprendimos donde había estada gastando el dinero que Mari obtenía con sus rollos financieros y volvimos a lamentar no haberlo descubierto antes. Al poco tiempo Lucas nos pidió perdón, nos había fallado y entendía que tenía delito viniendo de donde veníamos, tirar su vida a la basura por la puta droga.
Nos confió que comenzó con compañeros de clase como algo esporádico, pero que le parecía que cuando estaba "puesto" era mejor dibujante, que las historias le salían solas y le gustaban más que nunca sus viñetas. Luego por lo que fuera, pasó una época de sequía artística. Comenzó a consumir regularmente, según él, era la única forma de hacer algo decente con un lápiz en la mano. No supo  escuchar la voz interior que le decía que estaba cayendo cuesta abajo y sin frenos. Cuando se quiso dar cuenta, necesitaba la coca a diario.
Le dijimos que había pasado una mala época con su arte, pero que la adicción que había desarrollado le iba a joder la vida si no paraba. 
Kevin le puso un blog delante y le puso un lápiz en la mano.
-Dibuja lo que sea, si no te sale nada ahora te saldrá después, tú llevas el arte dentro, emborrona lo que haga falta el tiempo que necesites. Cuando hagas algo que te guste estarás preparado para salir a la calle, aunque amigo, cuando menos te lo esperes te voy a hacer test de drogas, no lo olvides, antes que policía soy familia y no voy a tirar la toalla contigo.
Lucas miraba el lápiz, lo mordía, lo volvía a mirar... hasta que un día se encerró en su habitación y nos pidió que los dejáramos solo unas horas. Cuando salió con el blog en la mano y una sonrisa de oreja a oreja, entendimos que nuestro amigo había regresado de su infierno.
Lo que nos permitió ver era bueno, mucho. A través de sus viñetas le dio vida a un tipo mal encarado y tosco, un antihéroe que se dedicaba a ayudar a las personas a salir de sus adicciones. Al protagonista lo llamó Dragón, sin saber que había creado a un personaje que haría historia.
Nosotros supimos ver que el protagonista era calcado a Kevin, y éste, con cachondeo le dijo:
-Oye, vas a tener que darme los royalties o como se llame que me corresponden, ese tipo duro soy yo.
Por fortuna al poco tiempo todo volvió a ser como antes, cada uno centrado en sus estudios y trabajos pensando en un futuro mejor.
Kevin nunca incumplía una promesa -léase amenaza- y cuando Lucas menos se lo esperaba aparecía con un test y a través de la orina comprobaba que nuestro amigo estuviera "limpio".
No justifico la paliza de Kevin a Lucas, fue una salvajada.
Una salvajada que a día de hoy no se podría defender, pero...

Continuará. 

Los Dragones. Capítulo 21.

 Mari seguía manejando el dinero de todos con acierto y cada cierto tiempo repartía las ganancias.
Ese dinero extra nos venía como agüita de mayo, Kevin se compró una moto y yo me apunté para sacar el carnet de conducir, a Lucas no lo veíamos con ninguna compra significativa, según él estaba reuniendo y Mari... seguía invirtiendo con tino. Convencida nos decía que con veinticinco años tendría la casa de sus sueños y que esperaba no tardar en adoptar a su primer hijo.
Sin duda la economía de los dragones mejoraba, pero el comportamiento de Lucas comenzó a quitarnos el sueño.
De repente estaba apático y se lamentaba de haber perdido su toque con sus comics, "no soy capaz de dibujar nada que me guste, soy un fraude, no valgo para esto..."  y de repente salía y llegaba como si le hubieran dado la vuelta a un calcetín, se pasaba horas eufórico con un lápiz y su blog olvidándose hasta de comer. Adelgazó, tenía constantes cambios de humor, parecía que del Lucas sensible que había sido no quedaba ni sombra. 
Por supuesto le preguntamos si tenía algún problema, pero él a la defensiva y de malas maneras nos pidió que lo dejáramos tranquilo.
-Esto no es normal, nos decíamos mientras barajábamos diferentes conjeturas. Mari pensaba que tenía mal de amores y que se le pasaría con el tiempo, yo opinaba que era una crisis artística y que cuando se encontrara a sí mismo volvería a ser el mismo chico sensible de siempre. Kevin se limitaba a negar nuestras sospechas, algo le rondaba por la cabeza, pero no quería levantar la liebre antes de tiempo.
-Creo que sé lo que le pasa, voy a hacer lo que tenía que haber hecho hace tiempo, pero no pregunten nada, lo sabrán cuando sea el momento, ojalá me equivoque...
Un par de días después de esa conversación, entró Kevin tirando del brazo de Lucas con brusquedad. Me voy a meter en la habitación con este imbécil y oigan lo que oigan no se les ocurra meterse, esto es entre Lucas y yo.
Después del portazo que no auguró nada bueno, Mari y yo asombrados oímos a Kevin liándose a golpes contra Lucas, pero no nos atrevimos a entrar. Mi amiga trajo el botiquín y temblando me dijo: si sigue entramos, lo va a matar...
Pero no hizo falta, Kevin abrió la puerta y dejó tirado en la cama a un Lucas lloroso con la cara ensangrentada. 
-Pillé a este idiota comprando coca, si se quiere volver a meter tendrá que ser por el culo, porque le acabo de romper la nariz. Ya les dije cuando comenzamos a vivir aquí que si me enteraba  de que alguno se acercaba al humo de un porro se las vería conmigo, y yo no digo ese tipo de cosas por decirlas. Tenía mis sospechas pero  no quise creer que después de la niñez de mierda que hemos tenido Lucas fuera tan estúpido como para meterse en la droga. Y escúchame bien Lucas, soy policía y no me cuesta nada conseguir coca o lo que sea y decir que te pillé vendiéndola, te juro que te meto en la cárcel.
Kevin estaba muy alterado y nos indicó que se iba al gimnasio a pegar puñetazos a un saco porque si se quedaba no respondía de sus actos.
Mari tomó el mando aunque estuviera tan asustada y cabreada como yo. 
-Trae hielo Saulo, voy a limpiarlo. Mejor no hacer leña del árbol caído ahora, ya hablaremos con él.
E  hizo lo que hace una madre, con sumo cuidado le fue limpiando la sangre y lo meció cuando Lucas  reaccionó llorando como un niño.

Continuará. 

jueves, 7 de mayo de 2026

Los Dragones. Capítulo 20.

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Mari seguía llevando la economía de los cuatro con mano férrea, aunque siempre haciéndonos  partícipes de las entradas y salidas del dinero que manejaba. 
Nos dijo que si nos parecía bien, de las ganancias de sus tejes manejes financieros reserváramos un tanto por ciento para seguir invirtiendo, incluso Carmensa se animó a participar en aquellos movimientos financieros que por mucho que Mari si empeñara en explicar, no había quién los entendiera.
Confiábamos en Mari y si ella lo veía oportuno, pues que siguiera invirtiendo.
Poco a poco sus gestiones dieron sus frutos, al invertir poco no era para tirar voladores, pero estaba entrando más dinero. Mari siguió reservando una cantidad para seguir invirtiendo y siguió con sus cuentas.
Su olfato financiero hizo que obtuviera dinero para repartir entre los cuatro, pero le dijo a Kevin que lo justo sería que él obtuviera una mayor cantidad, al fin y al cabo él aportaba el sueldo completo y gracias a eso podíamos ir pagando lo comprado a plazos. Pero él se negó, aduciendo que gracias a los pequeños trabajillos de los cuatro tiempo atrás, él se había podido sacar el carnet de conducir. 
Aún así tanto Lucas como yo pensamos lo mismo que Mari y obligamos a Kevin a quedarse con una cantidad mayor.  Al día siguiente apareció cargado de bolsas.
-Eh chicos, ya tocaba comprar ropa y calzado, que falta nos hacía. 
Tenía razón, falta nos hacía, y aquel chico con cara de malote nos demostró de nuevo que tenía un corazón de oro.
La tónica se repitió con los meses, Mari seguía llevando todas las cuentas y cada cierto tiempo nos daba una cantidad de dinero obtenida con sus inversiones, no eran cantidades extraordinarias, pero nos daba para, por ejemplo, poder comprarme por fin el buen juego de cuchillos que siempre había deseado. 
Poco a poco fue invirtiendo más y empezamos a vivir con cierta soltura económica. 
Aparentemente todo iba bien, Kevin se convirtió en el don Juan del grupo, al parecer a las chicas les gustaba su pinta de tío duro. El se dejaba querer pero sin comprometerse con ninguna, decía que ya llegaría la mujer que lo apartaría de los tonteos, mientras, disfrutaba siendo veinteañero. Mari no parecía estar por la labor de encontrar pareja, supongo que algún rollo tendría, pero seguía en sus treces, ganar dinero suficiente para comenzar con la primera adopción. Yo era feliz teniéndolos a ellos y aprendiendo cada vez más de cocina, por supuesto alguna chica me gustó, pero lo normal de la edad, no me veía sentando la cabeza en ese aspecto, en el fondo tenía miedo, sin referentes familiares en mi niñez, pensaba que nunca podría ser un buen padre. 
Lucas tenía talento, aunque en su carrera de Bellas Artes tuviera que tocar "todos los palos", expresaba sus sentimientos a través de comics, era lo que más le gustaba y sus personajes con aquellos ojos inundados de lágrimas le llegaban a todo el mundo.
Pero algo le pasaba, comenzó a salir con gente que no conocíamos, su comportamiento a ratos nos desconcertaba, pasaba a ser el Lucas frágil de siempre a un tipo pasota al que parecía que nada le importaba, aquellos cambios de humor empezó a preocuparnos.
Hasta que Kevin averiguó lo que le pasaba a nuestro Lucas.

Continuará.

Los Dragones. Capítulo 19.

 En aquel rebobinado de mi memoria Carmensa hacía acto de presencia cada dos por tres. 
Cogía fuerza mi hipótesis de que era la autora de aquel misterioso libro y aunque regresar al pasado me hizo ver que nuestra historia, la de los Dragones, era un relato de superación que merecía ser contada, me seguía preguntando el por qué de su anonimato. 
Estaba deseando que los cuatro nos pudiéramos reunir para hablar sobre ello y mientras... pues seguí tirando de un hilo temporal que me permitía retroceder a nuestros primeros años después de salir del centro, quizás encontrara la clave para desentrañar el misterio que tenía metido entre ceja y ceja.

El primer año de convivencia en nuestra destartalada Frankenstein pasó rápido, cada uno se empeñaba en sacar adelante su proyectos de futuro y mejorar económicamente.
A los cuatro nos gustaba compartir nuestros planes, nuestros sueños.
Kevin tenía claro que quería una vida normal, poder compartir una casa en condiciones con una pareja que le diera hijos, vivir dentro de la ley y dar el amor que a él las circunstancias de su niñez le negaron. Todo lo que tenía de apariencia bruta lo tenía de amoroso, por muy difícil que resultara creer a primera vista. -Ya saben -nos decía, a sacar adelante nuestros planes para poder tener mi propia casa,  en esta ni me atrevo a traer a ninguna novieta.
Lucas aspiraba a vivir de sus viñetas, y aunque la palabra artista la venía grande según su criterio, nosotros sabíamos que tenía un don y que terminaría por hacerse un nombre.
Mari deseaba ganar pronto mucho dinero para poder comprarse una casa grande con un jardín enorme, donde pudieran jugar los hijos que pensaba adoptar. Un día le hice la pregunta, me intrigaba que quisiera adoptar cuando siendo niña no hubiera puesto de su parte para serlo ella misma. Respondió que no lo necesitaba, ya tenía una familia: nosotros.
Y yo, pues aspiraba laboralmente a ser buen chef y en el plano personal a que los Dragones siguiéramos unidos aunque con el tiempo cada uno cogiera su camino. 
Cuando llevábamos viviendo juntos dos años, Mari nos demostró que no se había equivocado al elegir la carrera de Finanzas. Desde que con dieciséis años comenzamos a ganar un poco de dinero con los trabajillos que conseguimos, ella nos había dicho que un reducido tanto por ciento lo reservaría para invertir  cuando estuviera preparada. Así con veinte años y solo dos de carrera se atrevió con sus primeras inversiones, con el poco dinero que había reservado para ese fin se empapó sobre criptomonedas y temas de la Bolsa que por más que intentó explicarnos, nos parecía un rollo infumable.
Pero confiábamos en ella y le dimos nuestra conformidad para que probara.
Y de esa manera empezó a ganar un dinero extra que nos venía mejor que bien. 

Continuará. 

jueves, 30 de abril de 2026

Los Dragones. Capítulo 18.

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 Poco a poco fuimos amueblando Frankenstein, así llamábamos a la que sería nuestra casa en cuanto Lucas cumpliera la mayoría de edad.
Conseguimos cuatro sillas diferentes entre ellas, una mesa que por supuesto no pegaba ni con cola, literas de segunda que tuvimos que reforzar, la cocina se fue nutriendo de los cacharros que Carmensa nos  pasaba cuando ya estaban para pasar a mejor vida y yo también pude rescatar de la escuela culinaria utensilios que ya daban por más que amortizados.
Pero Mari fue inflexible en cuanto a los electrodomésticos, después de una mala experiencia en el centro, -había visto como una trabajadora casi perdía una mano al explotarle una vieja plancha-, nos dijo que aunque tuviéramos que comprarlos pagándolos a plazos, no quería nada que tuviera enchufe que no fuera nuevo. 
El dinero que habíamos ahorrado desde los dieciséis años se había esfumado, una buena parte se destinó a financiar el carnet de conducir de Kevin, era imprescindible que contara con él para presentarse a las oposiciones de guardia civil, añadiendo el alquiler y los otros gastos que nos generaría vivir por nuestra cuenta y no nos quedó otra que comprar muchas cosas para irlas pagando mensualmente.
Yo con mi media jornada laboral como ayudante de cocina poco podía aportar, así que Kevin con su sueldo de guardia civil firmó las compras que menguarían mensualmente lo que cobraba.
Cuando Lucas cumplió la mayoría de edad dejamos Los Dragos y nos mudamos a nuestra Frankenstein, entre el miedo y la ilusión confiamos en que estar los cuatro juntos nos haría salir a flote.
Carmensa pasaba semanalmente con bolsas llenas de comida, chiquillos, nos decía, esta fruta está fea por fuera, pero se puede comer, lo mismo pasaba con verduras y todo lo que pudiera añadir a nuestra cocina para que tuviéramos que gastar menos, yo mismo aprovechaba todo lo aprovechable del centro culinario. Pero Carmensa iba más allá y solía aparecer con sábanas o toallas para nosotros con la excusa de que estaban de oferta. La buena de Carmensa siempre pendiente de que a "sus niños" no les faltara lo básico.
Mari y Lucas estudiaban como locos, dependían de sus becas para terminar sus carreras, pero aun así sacaban algo de tiempo para aportar a la economía conjunta. Mari llenó el barrio de cartelitos donde se postulaba como niñera y Lucas los fines de semana se situaba en La Puntilla con un caballete ofreciendo caricaturas a quien las pagara. 
Recuerdo con cariño algunos domingos que Kevin no tenía que trabajar y nos íbamos a ver a nuestro amigo dibujar mientras nos permitíamos el lujo de comprarnos un paquete de pipas.
Con la Playa de las Canteras de fondo y sabiéndonos unidos, sentíamos algo parecido a la felicidad.
Éramos familia.

Continuará.