jueves, 14 de mayo de 2026

Los Dragones. Capítulo 22.

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 Por supuesto aquella noche nadie durmió, Lucas estaba avergonzado y con la cara hecha un cuadro, los demás, dolidos por la adicción de nuestro amigo y avergonzados por no haberlo visto venir... 
Lucas estuvo dos semanas sin pisar la calle, en ese tiempo su rostro iba cambiando de tonalidad: del violeta al verde por los piñazos que Kevin le había propinado. Cruzábamos los dedos por que la nariz no le quedara hecha un guiñapo. 
Tuvimos que hacer encaje de bolillo con nuestros horarios para no dejarlo en ningún momento solo, pero teníamos que intentar que Lucas no saliera a buscar la mierda que se había estado "metiendo" antes.
Los primeros días estaba muy alterado y Mari aconsejó llenarnos de paciencia, hasta Kevin la sacó de donde no había. Teníamos que mantener alejado a Lucas de las tentaciones.
Sumamos dos más y dos y comprendimos donde había estada gastando el dinero que Mari obtenía con sus rollos financieros y volvimos a lamentar no haberlo descubierto antes. Al poco tiempo Lucas nos pidió perdón, nos había fallado y entendía que tenía delito viniendo de donde veníamos, tirar su vida a la basura por la puta droga.
Nos confió que comenzó con compañeros de clase como algo esporádico, pero que le parecía que cuando estaba "puesto" era mejor dibujante, que las historias le salían solas y le gustaban más que nunca sus viñetas. Luego por lo que fuera, pasó una época de sequía artística. Comenzó a consumir regularmente, según él, era la única forma de hacer algo decente con un lápiz en la mano. No supo  escuchar la voz interior que le decía que estaba cayendo cuesta abajo y sin frenos. Cuando se quiso dar cuenta, necesitaba la coca a diario.
Le dijimos que había pasado una mala época con su arte, pero que la adicción que había desarrollado le iba a joder la vida si no paraba. 
Kevin le puso un blog delante y le puso un lápiz en la mano.
-Dibuja lo que sea, si no te sale nada ahora te saldrá después, tú llevas el arte dentro, emborrona lo que haga falta el tiempo que necesites. Cuando hagas algo que te guste estarás preparado para salir a la calle, aunque amigo, cuando menos te lo esperes te voy a hacer test de drogas, no lo olvides, antes que policía soy familia y no voy a tirar la toalla contigo.
Lucas miraba el lápiz, lo mordía, lo volvía a mirar... hasta que un día se encerró en su habitación y nos pidió que los dejáramos solo unas horas. Cuando salió con el blog en la mano y una sonrisa de oreja a oreja, entendimos que nuestro amigo había regresado de su infierno.
Lo que nos permitió ver era bueno, mucho. A través de sus viñetas le dio vida a un tipo mal encarado y tosco, un antihéroe que se dedicaba a ayudar a las personas a salir de sus adicciones. Al protagonista lo llamó Dragón, sin saber que había creado a un personaje que haría historia.
Nosotros supimos ver que el protagonista era calcado a Kevin, y éste, con cachondeo le dijo:
-Oye, vas a tener que darme los royalties o como se llame que me corresponden, ese tipo duro soy yo.
Por fortuna al poco tiempo todo volvió a ser como antes, cada uno centrado en sus estudios y trabajos pensando en un futuro mejor.
Kevin nunca incumplía una promesa -léase amenaza- y cuando Lucas menos se lo esperaba aparecía con un test y a través de la orina comprobaba que nuestro amigo estuviera "limpio".
No justifico la paliza de Kevin a Lucas, fue una salvajada.
Una salvajada que a día de hoy no se podría defender, pero...

Continuará. 

Los Dragones. Capítulo 21.

 Mari seguía manejando el dinero de todos con acierto y cada cierto tiempo repartía las ganancias.
Ese dinero extra nos venía como agüita de mayo, Kevin se compró una moto y yo me apunté para sacar el carnet de conducir, a Lucas no lo veíamos con ninguna compra significativa, según él estaba reuniendo y Mari... seguía invirtiendo con tino. Convencida nos decía que con veinticinco años tendría la casa de sus sueños y que esperaba no tardar en adoptar a su primer hijo.
Sin duda la economía de los dragones mejoraba, pero el comportamiento de Lucas comenzó a quitarnos el sueño.
De repente estaba apático y se lamentaba de haber perdido su toque con sus comics, "no soy capaz de dibujar nada que me guste, soy un fraude, no valgo para esto..."  y de repente salía y llegaba como si le hubieran dado la vuelta a un calcetín, se pasaba horas eufórico con un lápiz y su blog olvidándose hasta de comer. Adelgazó, tenía constantes cambios de humor, parecía que del Lucas sensible que había sido no quedaba ni sombra. 
Por supuesto le preguntamos si tenía algún problema, pero él a la defensiva y de malas maneras nos pidió que lo dejáramos tranquilo.
-Esto no es normal, nos decíamos mientras barajábamos diferentes conjeturas. Mari pensaba que tenía mal de amores y que se le pasaría con el tiempo, yo opinaba que era una crisis artística y que cuando se encontrara a sí mismo volvería a ser el mismo chico sensible de siempre. Kevin se limitaba a negar nuestras sospechas, algo le rondaba por la cabeza, pero no quería levantar la liebre antes de tiempo.
-Creo que sé lo que le pasa, voy a hacer lo que tenía que haber hecho hace tiempo, pero no pregunten nada, lo sabrán cuando sea el momento, ojalá me equivoque...
Un par de días después de esa conversación, entró Kevin tirando del brazo de Lucas con brusquedad. Me voy a meter en la habitación con este imbécil y oigan lo que oigan no se les ocurra meterse, esto es entre Lucas y yo.
Después del portazo que no auguró nada bueno, Mari y yo asombrados oímos a Kevin liándose a golpes contra Lucas, pero no nos atrevimos a entrar. Mi amiga trajo el botiquín y temblando me dijo: si sigue entramos, lo va a matar...
Pero no hizo falta, Kevin abrió la puerta y dejó tirado en la cama a un Lucas lloroso con la cara ensangrentada. 
-Pillé a este idiota comprando coca, si se quiere volver a meter tendrá que ser por el culo, porque le acabo de romper la nariz. Ya les dije cuando comenzamos a vivir aquí que si me enteraba  de que alguno se acercaba al humo de un porro se las vería conmigo, y yo no digo ese tipo de cosas por decirlas. Tenía mis sospechas pero  no quise creer que después de la niñez de mierda que hemos tenido Lucas fuera tan estúpido como para meterse en la droga. Y escúchame bien Lucas, soy policía y no me cuesta nada conseguir coca o lo que sea y decir que te pillé vendiéndola, te juro que te meto en la cárcel.
Kevin estaba muy alterado y nos indicó que se iba al gimnasio a pegar puñetazos a un saco porque si se quedaba no respondía de sus actos.
Mari tomó el mando aunque estuviera tan asustada y cabreada como yo. 
-Trae hielo Saulo, voy a limpiarlo. Mejor no hacer leña del árbol caído ahora, ya hablaremos con él.
E  hizo lo que hace una madre, con sumo cuidado le fue limpiando la sangre y lo meció cuando Lucas  reaccionó llorando como un niño.

Continuará. 

jueves, 7 de mayo de 2026

Los Dragones. Capítulo 20.

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Mari seguía llevando la economía de los cuatro con mano férrea, aunque siempre haciéndonos  partícipes de las entradas y salidas del dinero que manejaba. 
Nos dijo que si nos parecía bien, de las ganancias de sus tejes manejes financieros reserváramos un tanto por ciento para seguir invirtiendo, incluso Carmensa se animó a participar en aquellos movimientos financieros que por mucho que Mari si empeñara en explicar, no había quién los entendiera.
Confiábamos en Mari y si ella lo veía oportuno, pues que siguiera invirtiendo.
Poco a poco sus gestiones dieron sus frutos, al invertir poco no era para tirar voladores, pero estaba entrando más dinero. Mari siguió reservando una cantidad para seguir invirtiendo y siguió con sus cuentas.
Su olfato financiero hizo que obtuviera dinero para repartir entre los cuatro, pero le dijo a Kevin que lo justo sería que él obtuviera una mayor cantidad, al fin y al cabo él aportaba el sueldo completo y gracias a eso podíamos ir pagando lo comprado a plazos. Pero él se negó, aduciendo que gracias a los pequeños trabajillos de los cuatro tiempo atrás, él se había podido sacar el carnet de conducir. 
Aún así tanto Lucas como yo pensamos lo mismo que Mari y obligamos a Kevin a quedarse con una cantidad mayor.  Al día siguiente apareció cargado de bolsas.
-Eh chicos, ya tocaba comprar ropa y calzado, que falta nos hacía. 
Tenía razón, falta nos hacía, y aquel chico con cara de malote nos demostró de nuevo que tenía un corazón de oro.
La tónica se repitió con los meses, Mari seguía llevando todas las cuentas y cada cierto tiempo nos daba una cantidad de dinero obtenida con sus inversiones, no eran cantidades extraordinarias, pero nos daba para, por ejemplo, poder comprarme por fin el buen juego de cuchillos que siempre había deseado. 
Poco a poco fue invirtiendo más y empezamos a vivir con cierta soltura económica. 
Aparentemente todo iba bien, Kevin se convirtió en el don Juan del grupo, al parecer a las chicas les gustaba su pinta de tío duro. El se dejaba querer pero sin comprometerse con ninguna, decía que ya llegaría la mujer que lo apartaría de los tonteos, mientras, disfrutaba siendo veinteañero. Mari no parecía estar por la labor de encontrar pareja, supongo que algún rollo tendría, pero seguía en sus treces, ganar dinero suficiente para comenzar con la primera adopción. Yo era feliz teniéndolos a ellos y aprendiendo cada vez más de cocina, por supuesto alguna chica me gustó, pero lo normal de la edad, no me veía sentando la cabeza en ese aspecto, en el fondo tenía miedo, sin referentes familiares en mi niñez, pensaba que nunca podría ser un buen padre. 
Lucas tenía talento, aunque en su carrera de Bellas Artes tuviera que tocar "todos los palos", expresaba sus sentimientos a través de comics, era lo que más le gustaba y sus personajes con aquellos ojos inundados de lágrimas le llegaban a todo el mundo.
Pero algo le pasaba, comenzó a salir con gente que no conocíamos, su comportamiento a ratos nos desconcertaba, pasaba a ser el Lucas frágil de siempre a un tipo pasota al que parecía que nada le importaba, aquellos cambios de humor empezó a preocuparnos.
Hasta que Kevin averiguó lo que le pasaba a nuestro Lucas.

Continuará.

Los Dragones. Capítulo 19.

 En aquel rebobinado de mi memoria Carmensa hacía acto de presencia cada dos por tres. 
Cogía fuerza mi hipótesis de que era la autora de aquel misterioso libro y aunque regresar al pasado me hizo ver que nuestra historia, la de los Dragones, era un relato de superación que merecía ser contada, me seguía preguntando el por qué de su anonimato. 
Estaba deseando que los cuatro nos pudiéramos reunir para hablar sobre ello y mientras... pues seguí tirando de un hilo temporal que me permitía retroceder a nuestros primeros años después de salir del centro, quizás encontrara la clave para desentrañar el misterio que tenía metido entre ceja y ceja.

El primer año de convivencia en nuestra destartalada Frankenstein pasó rápido, cada uno se empeñaba en sacar adelante su proyectos de futuro y mejorar económicamente.
A los cuatro nos gustaba compartir nuestros planes, nuestros sueños.
Kevin tenía claro que quería una vida normal, poder compartir una casa en condiciones con una pareja que le diera hijos, vivir dentro de la ley y dar el amor que a él las circunstancias de su niñez le negaron. Todo lo que tenía de apariencia bruta lo tenía de amoroso, por muy difícil que resultara creer a primera vista. -Ya saben -nos decía, a sacar adelante nuestros planes para poder tener mi propia casa,  en esta ni me atrevo a traer a ninguna novieta.
Lucas aspiraba a vivir de sus viñetas, y aunque la palabra artista la venía grande según su criterio, nosotros sabíamos que tenía un don y que terminaría por hacerse un nombre.
Mari deseaba ganar pronto mucho dinero para poder comprarse una casa grande con un jardín enorme, donde pudieran jugar los hijos que pensaba adoptar. Un día le hice la pregunta, me intrigaba que quisiera adoptar cuando siendo niña no hubiera puesto de su parte para serlo ella misma. Respondió que no lo necesitaba, ya tenía una familia: nosotros.
Y yo, pues aspiraba laboralmente a ser buen chef y en el plano personal a que los Dragones siguiéramos unidos aunque con el tiempo cada uno cogiera su camino. 
Cuando llevábamos viviendo juntos dos años, Mari nos demostró que no se había equivocado al elegir la carrera de Finanzas. Desde que con dieciséis años comenzamos a ganar un poco de dinero con los trabajillos que conseguimos, ella nos había dicho que un reducido tanto por ciento lo reservaría para invertir  cuando estuviera preparada. Así con veinte años y solo dos de carrera se atrevió con sus primeras inversiones, con el poco dinero que había reservado para ese fin se empapó sobre criptomonedas y temas de la Bolsa que por más que intentó explicarnos, nos parecía un rollo infumable.
Pero confiábamos en ella y le dimos nuestra conformidad para que probara.
Y de esa manera empezó a ganar un dinero extra que nos venía mejor que bien. 

Continuará. 

jueves, 30 de abril de 2026

Los Dragones. Capítulo 18.

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 Poco a poco fuimos amueblando Frankenstein, así llamábamos a la que sería nuestra casa en cuanto Lucas cumpliera la mayoría de edad.
Conseguimos cuatro sillas diferentes entre ellas, una mesa que por supuesto no pegaba ni con cola, literas de segunda que tuvimos que reforzar, la cocina se fue nutriendo de los cacharros que Carmensa nos  pasaba cuando ya estaban para pasar a mejor vida y yo también pude rescatar de la escuela culinaria utensilios que ya daban por más que amortizados.
Pero Mari fue inflexible en cuanto a los electrodomésticos, después de una mala experiencia en el centro, -había visto como una trabajadora casi perdía una mano al explotarle una vieja plancha-, nos dijo que aunque tuviéramos que comprarlos pagándolos a plazos, no quería nada que tuviera enchufe que no fuera nuevo. 
El dinero que habíamos ahorrado desde los dieciséis años se había esfumado, una buena parte se destinó a financiar el carnet de conducir de Kevin, era imprescindible que contara con él para presentarse a las oposiciones de guardia civil, añadiendo el alquiler y los otros gastos que nos generaría vivir por nuestra cuenta y no nos quedó otra que comprar muchas cosas para irlas pagando mensualmente.
Yo con mi media jornada laboral como ayudante de cocina poco podía aportar, así que Kevin con su sueldo de guardia civil firmó las compras que menguarían mensualmente lo que cobraba.
Cuando Lucas cumplió la mayoría de edad dejamos Los Dragos y nos mudamos a nuestra Frankenstein, entre el miedo y la ilusión confiamos en que estar los cuatro juntos nos haría salir a flote.
Carmensa pasaba semanalmente con bolsas llenas de comida, chiquillos, nos decía, esta fruta está fea por fuera, pero se puede comer, lo mismo pasaba con verduras y todo lo que pudiera añadir a nuestra cocina para que tuviéramos que gastar menos, yo mismo aprovechaba todo lo aprovechable del centro culinario. Pero Carmensa iba más allá y solía aparecer con sábanas o toallas para nosotros con la excusa de que estaban de oferta. La buena de Carmensa siempre pendiente de que a "sus niños" no les faltara lo básico.
Mari y Lucas estudiaban como locos, dependían de sus becas para terminar sus carreras, pero aun así sacaban algo de tiempo para aportar a la economía conjunta. Mari llenó el barrio de cartelitos donde se postulaba como niñera y Lucas los fines de semana se situaba en La Puntilla con un caballete ofreciendo caricaturas a quien las pagara. 
Recuerdo con cariño algunos domingos que Kevin no tenía que trabajar y nos íbamos a ver a nuestro amigo dibujar mientras nos permitíamos el lujo de comprarnos un paquete de pipas.
Con la Playa de las Canteras de fondo y sabiéndonos unidos, sentíamos algo parecido a la felicidad.
Éramos familia.

Continuará. 

Los Dragones. Capítulo 17.

 Estaba agradecido por lo que había aprendido y aunque pudiera trabajar como ayudante de cocina en cualquier sitio, sabía que me quedaba mucho por aprender. 
En el centro de enseñanza culinaria sabían mis circunstancias: que estaba a punto de cumplir los dieciocho y tendría que sacarme las castañas del fuego por mí mismo. Uno de los profesores, Chago, me dijo que era una pena que no continuara con mi formación, que me veía futuro en aquella profesión. Me propuso un puesto de trabajo como ayudante de cocina en el restaurante que formaba parte de la escuela culinaria, podría trabajar a media jornada y seguir formándome, consciente de mis circunstancias me habló de una beca que ellos daban en circunstancias especiales y mi caso lo era. 
Me entusiasmé, podía ganar algo de dinero y seguir con mi sueño de titularme como chef. Pero, -siempre hay un pero- tenía que consultarlo antes con Mari, no iba a ser lo mismo entregar un sueldo que medio. 
-Tira pa,lante Saulo, valdrá la pena apretarse el cinturón y no te preocupes, ya nos arreglaremos.

La mayoría de edad de los cuatro estaba a la vuelta de la esquina, primero le llegaría a Kevin que por suerte -el destino no iba a ser siempre puñetero- cumplía años unas semanas antes de las oposiciones. Si las aprobaba sería el primero en tener un sueldo completo, Mari y yo cumplíamos el mismo mes y Lucas tendría que esperar unos meses más. 
En el centro Los Dragos sabían nuestras intenciones de irnos a vivir los cuatro juntos, y aunque teóricamente el estado te soltaba de la mano cuando cumplías los dieciocho, había excepciones. Lo cierto es que se portaron bien con nosotros moviéndose en las farragosas aguas de la burocracia, pero lo lograron, nos permitirían continuar en el centro hasta que Lucas cumpliera la mayoría de edad. Ganábamos unos meses antes de tener que depender de nosotros mismos.
Resumiendo los meses siguientes, Kevin aprobó las oposiciones y comenzó su andadura como guardia civil. El gimnasio lo había convertido en un armario empotrado y los rasgos pocos delicados de la niñez dieron paso a una cara brusca que si no lo conocías, intimidaba. Yo comencé mis andanzas como ayudante de cocina mientras seguía estudiando, Mari comenzó la carrera de Finanzas contenta de librarse por fin de las asignaturas obligatorias de lengua del bachillerato y Saulo comenzó Bellas Artes  con un estilo que destacaba por su identidad propia.
Todo seguía su curso, como el tiempo que no se detiene y a punto de cumplir Lucas la mayoría de edad Mari se puso manos a la obra.
Tenía que encontrar un piso barato y lo encontró en La Isleta. La palabra casa le quedaba grande, solo tenía dos habitaciones, cocina-salón y baño, todo minúsculo. El barrio había tenido mejores épocas, pero era lo que nos podíamos permitir en nuestras circunstancias.
La primera vez que fuimos juntos a ver el piso Kevin nos habló clarito:
-En estas calles se mueve droga, como yo vea a alguno de ustedes cerca de alguna porquería le parto la cara-. Y  no hablaba en sentido figurado. 
A pesar de que sabíamos que nos quedaban unos cuantos años de estrecheces y de que la casa era lo que era, comenzamos a ilusionarnos y a visitar sitios de segunda mano para amueblarla, pues por no tener no tenía ni bombillos. La buena de Carmensa comenzó a organizarnos un "ajuar" para la cocina.
-Miren mis niños, esta olla ya está cascadilla pero mientras el pitorro escupa la pueden aprovechar, y a este caldero le falta un asa, si lo cogen con cuidado hará su función.
Y de esa manera, con objetos tan machacados como nuestra primera infancia iniciamos el camino hacia el futuro.

Continuará.  

jueves, 23 de abril de 2026

Los Dragones. Capítulo 15.

Kevin no pudo mantener el secreto sobre sus estudios, tarde o temprano lo íbamos a saber y nos contó lo que hasta entonces nos había ocultado. 
-Me estoy preparando unas oposiciones para ser guardia civil y si no se los había contado antes es porque me imaginaba la cara de cachondeo que ahora mismo tienen.
Razón tenía, ninguno de nosotros tres lo hubiera imaginado en la vida, nos dio la risa y él amplió sus motivaciones. 
-Desde que nací me tocó la cara mala de la vida, unos padres delincuentes que terminaron en la cárcel, la infancia en un centro de acogida y como si fuera poco mi primera carta de presentación es la cara de matao que me tocó en suerte. ¿Qué se supone que voy a terminar siendo? ¿Otro delincuente? Pues resulta que yo quiero una vida normal, formar una familia, hacer algo bueno por la sociedad. 
Odio la droga y todo lo que la rodea, es lo que nos ha dejado sin padres, quiero luchar contra esa mierda y por eso quiero entrar en la guardia civil. Cuando lo consiga, porque lo voy a conseguir, encontraré la forma de currar en  anti-drogas. Y ya está, se pueden reír si quieren.
Kevin era muy reservado, no estábamos acostumbrados a que se abriera de aquella manera y Mari hizo de portavoz dando por sentado que pensábamos los mismo.
-Ala, pues tendremos a un guardia civil en la familia.
Por entonces Mari y Lucas estaban cursando bachiller y yo mis estudios en el centro de enseñanza culinaria.
Con Mari al timón no nos salíamos ni una coma de lo que ella había trazado, y lo que tocaba era estudiar.
Yo estaba encantado con lo mío y aún sabiendo todo lo que me quedaba por aprender me levantaba de lunes a viernes con ganas, con ilusión. Me encantaba la cocina.
A los pocos meses ya estábamos habituados a la nueva rutina que pasaba por dedicar todo el tiempo posible a los estudios. Kevin aparte de la parte de la teórica tenía que superar un examen físico y como formaba parte de su formación, consiguió que el centro le costeara un gimnasio.
Mari inflexible nos ayudó a confeccionar unos horarios de estudios y era la primera en darnos ejemplo "hincando los codos". 
Cuando vio que los cuatro estábamos centrados en lo que debíamos nos avisó, los fines de semana teníamos un horario flexible que nos permitiría ganar algo de dinero y tener un fondo para poder vivir juntos cuando cumpliéramos la mayoría de edad. 
-Mis niños, con dieciséis años se puede trabajar sin los tutores lo autorizan, ya pueden ir pensando en algo, ya me encargaré yo de que nos firmen los permisos que necesitemos.
Y nosotros tres seguimos confiando en aquella "madre" de nuestra misma edad que la vida había puesto en nuestros caminos. 

Continuará.