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Pasados unos meses creí estar embarazada.
Yo era un reloj con mis menstruaciones y tenía síntomas que podían casar con aquella sospecha. Sólo tenía una semana de retraso, pero convencida de mi nuevo estado me alegré.
Iván me había prometido quererlo todo conmigo, faltaba poco para que le dieran su nuevo piso y entre sus planes estaba que me fuera a vivir con él.
La emoción me pudo y lo compartí con Ana Chocolate. Ella me preguntó si estaba segura, si me había hecho el test de embarazo y cuando le dije que todavía no, me aconsejó que me cerciorara antes de darle la noticia a Iván. Pero no supe esperar, estaba segura de que él se tomaría la noticia con el mismo ánimo que yo.
Él iba a estar unos días en Fuerteventura por su trabajo y cuando esa noche me llamó, no pude disimular la emoción del embarazo que nos uniría aún más. Su reacción fue de sorpresa, pero estaba a punto de coger un avión y quedó en llamarme en cuanto llegara a la isla vecina para que le contara con detalles.
Me pegué al móvil ansiosa, pasó una hora y no recibí ninguna llamada. Es pronto, me dije, igual el vuelo se retrasó, seguro que desde que llegue me llama. Pasó otra hora y lo mismo, me pareció extraño, pero no quise alarmarme por algo que sin duda tendría una explicación lógica, igual se había quedado sin batería y hasta que llegara al hotel no le iba a ser posible contactarme.
Pasada otra hora lo llamé de nuevo, al no contestarme la preocupación que había intentando mantener a raya me asaltó. Puse las noticias temiendo encontrarme con un accidente aéreo pero no vi nada raro, igual tuvo un accidente de tráfico, o lo asaltaron, o tuvo algún problema de salud. Todos los escenarios catastróficos pasaron por mi cabeza y llamé a mi amiga de madrugada.
-Por favor Chocolate, le rogué después de explicarle la situación, tienes que averiguar qué le ha pasado, algo malo seguro, no hay otra explicación. Estoy segura de que estaba deseando llamarme para hablar del embarazo, que al final no pude aguantar y se lo conté.
-Tranquilízate Zanahoria, a ti sí que te va a dar algo, nunca te había visto tan alterada, voy a tu casa ya.
Era de madrugada, pero sabía que mi amiga no me iba a dejar sola en aquellos momentos de angustia aunque tuviera que ir a trabajar sin dormir. Cuando una amistad es real se demuestra en esos momentos.
A la media hora llegó mi amiga con una bolsa de la farmacia.
-Mira, la farmacia que está debajo de mi casa estaba de guardia, es un test de embarazo y lo primero que vamos a hacer es ver ese resultado.
Dejé que ella tomara las riendas aunque yo diera por hecho el positivo. Ya luego me explicaría qué pasos podía dar para averiguar que le había sucedido a mi pareja.
El test de embarazo dio negativo y Chocolate soltó un largo suspiro de alivio, bueno, ahora viene la parte difícil, dijo nerviosa, Iván no te ha llamado porque le haya pasado algo malo, sino porque le contaste lo del supuesto embarazo y no quiere saber nada.
-¿Qué dices, estás loca?
-Lo siento, pero ese indeseable está casado y tiene dos hijos, está llevando una doble vida y creyendo que estabas embarazada se ha desentendido de ti. El típico cabrón que va de machote por la vida engañando a chicas jóvenes que se enamoran de él.
Un dolor repentino de ovarios hizo que me doblara sobre mí misma y mi amiga se percató: vamos al baño, estás sangrando. Por lo menos ese malnacido no te ha dejado embarazada.
Continuará.