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Por lo menos Thiago no parecía afectado por nuestra separación, aunque a veces nos pedía pasar juntos los fines de semana.
Virginia y yo aceptamos, a ella no parecía afectarle compartir ese tiempo conmigo, y yo.... yo seguía haciendo de tripas corazón.
En una de esas salidas Thiago comentó que había visto por la tele el ballet "el lago de los cisnes" y que quería ser bailarín. Ya había estado en varias actividades y no se decantaba por ninguna.
-Mamá y yo lo estudiaremos Thiago, hay que ver si cerca de casa hay alguna academia, cuando estemos informados te lo diremos.
En ese sentido -cuando del niño se trataba- seguíamos estando unidos. Después de hablarlo entre nosotros, le pedimos opinión a Rosa, la psicóloga. El ballet era una disciplina básicamente femenina y no sabíamos si ayudaría a Thiago con su condición o lo contrario. La opinión de Rosa es que dejáramos que el niño probara, si le gustaba y tenía actitudes sería positivo.
Así fue como Thiago comenzó sus clases de ballet, era el único niño y él encantado, además, como nos dijo al poco tiempo, era el bailarín principal.
Era una disciplina dura, pero nunca había visto a mi hijo tan feliz, tenía actitudes y cuando bailaba se olvidaba del mundo y sus ruindades. Al tiempo se apuntó otro niño, pero él siguió ostentando el título de bailarín principal.
Virginia ya tenía su título de modista y se enteró de que la persona que elaboraba el vestuario en la escuela de ballet se jubilaba, se atrevió a ofrecerse y consiguió su primer trabajo remunerado. A ella le sobraba el dinero, pero estaba satisfecha haciendo algo por ella misma.
La relación entre nosotros seguía igual, o sea, ella feliz de la vida y yo igual de encabronado. Rotábamos semanalmente de la casa al apartamento sin que Thiago estuviera del tingo al tango, pero con lo del trabajo Virginia necesita un buen espacio para sus utensilios de costura,y el apartamento era pequeño.
-Jose, quiero habilitar en la casa un par de habitaciones y transformarlas en mi taller, es lo bastante grande para no importunarte cuando te toque estar a ti, de noche por supuesto vuelvo al apartamento la semana que no me toque con el niño. ¿Qué te parece?
-No sé si confundiremos al niño, le dije, cuando lo que realmente pensaba es que me confundía a mí.
-Probamos y si no funciona me busco un local en otro sitio.
Me desconcertaba Virginia, aunque bien mirado si siempre me había visto como a un amigo no era raro que no le costara compartir espacio conmigo. Pero yo no la veía de igual manera, seguía, a mi pesar, enamorado de ella.
Ya casi hacía un año que nos habíamos separado y ella no había mencionado en ningún momento lo de formalizar el divorcio. Pensé que quizá hacer ese trámite me ayudaría a pasar página y le saqué el tema.
-Ay Jose, la burocracia me da una pereza... Además, ahora tengo un montón de trabajo y no me sobra el tiempo, déjalo para más adelante.
No terminé de entenderla, era ir a un abogado y firmar los papeles.
-Vale, Virginia, pero prefiero hacer las cosas bien y no dejarnos ir, avísame cuando estés menos liada y si no, pues ya moveré yo ficha.
Continuará.