jueves, 28 de mayo de 2026

Los Dragones. Capítulo 26.

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 Mari, como las madres, hizo de pegamento cuando nos independizamos.
Estaba atenta a las andanzas vitales del resto de los Dragones, se ocupaba de recordarnos los cumpleaños para que ninguno se sintiera dejado de lado y era la que organizaba las comidas en su casa para que los cuatro no pasáramos más de una o dos semanas sin vernos.
Por supuesto todos los días a través del grupo de whatsapp nos saludábamos, pero si pasaban un par de días sin ver a Mari la llamaba por teléfono, en mi corazón y creo que no me equivoco si digo que también en la de Lucas y Kevin, era la cabeza de familia. 
En una de esas llamadas Mari me dijo que estaba intentando montar una cajonera para la habitación de su niño.
-Chacho, esto es más difícil de lo que parece, o me faltan manos o me sobran piezas, estos muebles de Ikea...
-No vas a poder, son un rollazo esos muebles, pero no te preocupes,  esta tarde paso por tu casa, que llevo un par de días sin ver a los niños y te la monto. 
-Mira Saulo, basta que me digan que no puedo hacer una cosa para que no pare hasta que me salga, como que me llamo Mari que esta tarde la ves montada. 
Di por sentado que me encontraría el mueble en perfecto estado de revista, pero hubo algo que dijo que sin saber por qué, se me quedó anclado en la cabeza, fue como cuando se te olvida una palabra y la tienes en la punta de la lengua.
Ya por la noche a punto de quedarme dormido, en ese duermevela en el que ni estás dormido ni despierto, recordé algo que me había dicho Mari muchos años atrás. Sucedió cuando la logopeda que la trató por su dislexia le dijo algo así como que estaba capacitada para seguir con sus estudios, aunque nunca escribiría un libro.
Era eso, Mari cuando me narró la conclusión de la logopeda dijo: "basta que me digan que no puedo hacer algo para que no pare hasta que lo consiga, no solo es que pueda escribir un libro, es que lo voy a escribir".
Coño, ¿cómo no me di cuenta antes? El libro lo había escrito ella, una certeza aplastante me invadió, seguro seguro seguro, era Mari la autora de Los Dragones.
Pero, ¿por qué sabiendo la intriga que me mortificaba no había sido sincera? No era propio de ella.
Miré el reloj, eran las doce de la noche, pero no pensaba pasar ni un minuto más con aquella incertidumbre.
Cogí el teléfono y la llamé.

Continuará.  



Los Dragones. Capítulo 25.

 Acepté la propuesta del restaurante y comencé a ejercer como chef.
Era un establecimiento de lujo y no pude por menos que sentirme orgulloso de que me hubieran elegido, pero algo me inquietaba. La otra oferta también me atraía, ser profesor de chavales que habían vivido mis mismas circunstancias me motivaba y al fin al cabo mientras pudiera ejercer mi pasión por la cocina, lo mismo daba que fuera entre fogones de lujo o en otros más modestos.
De alguna manera me sentía en deuda con la escuela culinaria que me había acogido con dieciséis años, allí había aprendido y me sentí integrado desde el minuto uno.  
Después de unos meses hablé con Santiago, mi mentor, le pregunté si su propuesta seguía en pie y sí, me dijo, me recibirían con los brazos abiertos.
Regresé un poco preocupado, igual lo de enseñar no se me daba tan bien como cocinar, pero me sorprendió para bien la adaptación a mi nueva etapa como enseñante, y lo mejor: yo sabía como se sentían aquellas chicas y chicos que tuvieron el infortunio de crecer sin una familia. Eso hizo que fuera más fácil ayudarles.
Pasado un tiempo me di cuenta de que realmente era yo quien más recibía.

Todo rodaba en buena dirección, los dragones teníamos trabajos que nos gustaban y que nos permitía ganarnos bien la vida.
Y ley de vida, como en una familia en la que los hijos crecen y vuelan  nos llegó el momento de las separaciones físicas.
Kevin fue el primero en abandonar el nido, se fue a vivir con Alicia, estaban deseando ser padres. Mari aunque había comprado la casa de sus sueños, no la habitó junto a la buena de Marisa hasta que supo que en breve le darían a una niña en adopción. Lucas llevaba un tiempo saliendo con una chica y también quiso probar con ella la convivencia. Yo fui el último en decidirme, me daba pena dejar la casa Frankenstein donde habíamos convivido los cuatro como una familia, pero Mari me aconsejó que también volara, aunque viviéramos separados ya se encargaría ella de mantenernos unidos.
Compré un pequeño apartamento cerca de la playa de Las Canteras porque el sitio me encantaba y además, sumaba que el lugar hubiera sido testigo de nuestros paseos adolescentes. 
En lo sentimental... pues me iba de aquella manera, alguna relación seria tuve, pero nunca terminaba de cuajar. 

Después del viaje emocional a través de la memoria el presente tocó en mi cabeza: toc-toc, sigues sin saber quién escribió el libro de marras. 
Tenía que averiguarlo y pasar página, nunca mejor dicho, aunque mis sospechas apuntaban en una única dirección: la buena de Carmensa.  

Continuará. 

jueves, 21 de mayo de 2026

Los dragones. Capítulo 24.

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 Mari terminó la carrera, apostó fuerte invirtiendo todo el dinero que había ido ganando poco a poco con sus transacciones y ¡eureka!, ganó un pastizal.
Se fue haciendo con unos pocos inversores, dinero llama a dinero y sus primeros clientes corrieron la voz de que era una maga de las finanzas y no tardó en tener su buena cartera de clientes.
Se pudo permitir ir pasito a pasito cumpliendo sus sueños, se compró una buena casa con un jardín grande, lo que siempre había deseado. Era el primer paso para conseguir el siguiente: la adopción.
Sabía que lo normal es que tuviera que esperar durante años, pero tenía dinero para ir abriendo puertas. No se salió de la legalidad, aunque utilizó atajos, contactó directamente con los países que tenían tratados con España en ese aspecto y sumamente importante fue el hecho de que ella pretendiera adoptar a criaturas con problemas, para ser claros, los que difícilmente serían adoptados.
A los veinticinco años ya tenía a su primera hija, Patricia, una niña africana con graves problemas de visión. Trabajaba desde su nueva casa y le hizo una proposición a la buena de Carmensa, que dejara la cocina de la casa de acogida para pasar a ser su mano derecha. Mari trabajaba duro para aumentar su economía, iba a necesitar a alguien que estuviera pendiente de Patri cuando ella no pudiera y así  Carmensa terminó viviendo en la casa de Mari.
En cuanto a mí, terminé mis estudios en la Escuela Culinaria. La titulación de ese centro era bien valorada y no era extraño que saliéramos con un contrato bajo el brazo. 
Fue mi caso, me ofrecieron llevar la cocina de un buen restaurante. Santiago, mi mentor habló conmigo.
-Saulo, la oferta de empleo que tienes es golosa pero me gustaría que valoraras lo que te voy a decir, acabamos de formalizar con el Cabildo un contrato para que destinemos un número de plazas a chicos y chicas que están en casas de acogida, hemos aceptado, a cambio el Cabildo va a aportar económicamente para que podamos abrir un nuevo aula de enseñanza, la única forma de dar cabida a más alumnos. Pensé en ti desde el minuto uno, vamos a necesitar a un chef que dirija y enseñe. Eres buen cocinero, pero no puedo obviar que  viviste hasta la mayoría de edad en un centro de menores. Esa experiencia te convierte en el perfecto candidato. Ma gustaría contar contigo, pero no te quiero presionar, te aconsejo que aceptes la oferta de empleo del restaurante, no quisiera que si aceptas mi propuesta en un futuro dudes acerca de tu elección. Como vas a tener unos meses de prueba podrás valorar si sigues con nosotros o no. 
Un buen dilema, pensé, estaba orgulloso de tener un contrato en un restaurante de postín, pero por otro lado lo de ejercer de profesor en la escuela culinaria tenía su miga, ejercería mi pasión, cocinar, pero tendría la oportunidad de ayudar a unos chavales que estarían tan perdidos como yo mismo tiempo atrás.
No sabía si pensar con la cabeza o con el corazón.

Continuará. 


Los dragones. Capítulo 23.

 Por fortuna pudimos dar por recuperado al Lucas de siempre, una victoria que agradecimos como el mayor de los regalos.
El tiempo siguió deslizándose y nos vimos con veintidós años. Fue importante para nosotros.
Lucas terminó su carrera y aunque le gustaba el arte en general, su pasión era la narrativa gráfica y sus comics le dieron el reconocimiento que merecía apenas terminados sus estudios. Una editorial especializada en su tema apostó fuerte por él después de conocer su obra Dragón. El comic calaba no solo por su arte dibujando: el trasfondo temático con un malote que hacía el bien tenía embelesados a sus lectores.  A día de hoy sigue siendo un referente para los amantes de esa disciplina artística.
A Kevin su trabajo le gustaba y no terminó de sorprendernos que lo eligieran para misiones especiales de la guardia civil, aprovecharon su físico para que se infiltrara en misiones contra el narco tráfico, él se lo tomaba con humor: "mira por donde mi cara de bruto y matao me va a servir de algo". 
Nosotros, conocedores de que por su trabajo se tenía que enfrentar a situaciones difíciles, temíamos que le pasara algo malo estando de servicio,  pero él estaba tan feliz, que no nos quedaba sino respirar aliviados cuando llegaba a casa. Justo en esa época conoció a una compañera de trabajo y nos la quiso presentar, nos pidió que no lo hiciéramos en nuestra casa Frankenstein, le daba vergüenza que viéramos donde vivíamos.
Mari, como siempre tomó el mando:
-Mira Kevin, ni nos las quieres presentar es porque esa chica te importa de verdad, y no tienes por qué avergonzarte de  nuestros orígenes, si es una tía lista saldrá valorar que viniendo de donde venimos hayamos salido adelante por nosotros mismos, y a Frankenstein yo le doy un repaso y quedará decente. Yo me ocupo, déjame que lo piense y mañana mismo nos ponemos manos a la obra, pero eso sí, me van a tener que echar una mano. Mari habló con Carmensa para que también colaborara y en unos pocos días con unas fundas del mismo color las sillas desiguales parecían un conjunto, Carmensa y Mari tomaron las riendas y al final a  nosotros poco nos dejaron hacer, pero con un cuadrito tapando algún desconchado, unas cortinas que a saber de donde sacaron y con varios pequeños cambios, la casa quedó "mona", según las artífices. Lucas hizo caricaturas de nosotros que aportaron la parte divertida y que adornaron las habitaciones, yo contribuí con loza nueva y por supuesto, me ofrecí para hacer un menú especial y que nuestro Kevin pudiera invitar a la chica a comer a nuestra casa "mona". 
La chica se llamaba -se llama- Alicia y de ninguna de las maneras la imaginamos como era en realidad, supongo que esperábamos una versión femenina de Kevin, pero al contrario, resultó ser una mujer guapísima y delicada. Eran como la bella y la bestia, pero sorprendentemente, encajaban a la perfección.

Continuará. 


jueves, 14 de mayo de 2026

Los Dragones. Capítulo 22.

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 Por supuesto aquella noche nadie durmió, Lucas estaba avergonzado y con la cara hecha un cuadro, los demás, dolidos por la adicción de nuestro amigo y avergonzados por no haberlo visto venir... 
Lucas estuvo dos semanas sin pisar la calle, en ese tiempo su rostro iba cambiando de tonalidad: del violeta al verde por los piñazos que Kevin le había propinado. Cruzábamos los dedos por que la nariz no le quedara hecha un guiñapo. 
Tuvimos que hacer encaje de bolillo con nuestros horarios para no dejarlo en ningún momento solo, pero teníamos que intentar que Lucas no saliera a buscar la mierda que se había estado "metiendo" antes.
Los primeros días estaba muy alterado y Mari aconsejó llenarnos de paciencia, hasta Kevin la sacó de donde no había. Teníamos que mantener alejado a Lucas de las tentaciones.
Sumamos dos más y dos y comprendimos donde había estada gastando el dinero que Mari obtenía con sus rollos financieros y volvimos a lamentar no haberlo descubierto antes. Al poco tiempo Lucas nos pidió perdón, nos había fallado y entendía que tenía delito viniendo de donde veníamos, tirar su vida a la basura por la puta droga.
Nos confió que comenzó con compañeros de clase como algo esporádico, pero que le parecía que cuando estaba "puesto" era mejor dibujante, que las historias le salían solas y le gustaban más que nunca sus viñetas. Luego por lo que fuera, pasó una época de sequía artística. Comenzó a consumir regularmente, según él, era la única forma de hacer algo decente con un lápiz en la mano. No supo  escuchar la voz interior que le decía que estaba cayendo cuesta abajo y sin frenos. Cuando se quiso dar cuenta, necesitaba la coca a diario.
Le dijimos que había pasado una mala época con su arte, pero que la adicción que había desarrollado le iba a joder la vida si no paraba. 
Kevin le puso un blog delante y le puso un lápiz en la mano.
-Dibuja lo que sea, si no te sale nada ahora te saldrá después, tú llevas el arte dentro, emborrona lo que haga falta el tiempo que necesites. Cuando hagas algo que te guste estarás preparado para salir a la calle, aunque amigo, cuando menos te lo esperes te voy a hacer test de drogas, no lo olvides, antes que policía soy familia y no voy a tirar la toalla contigo.
Lucas miraba el lápiz, lo mordía, lo volvía a mirar... hasta que un día se encerró en su habitación y nos pidió que los dejáramos solo unas horas. Cuando salió con el blog en la mano y una sonrisa de oreja a oreja, entendimos que nuestro amigo había regresado de su infierno.
Lo que nos permitió ver era bueno, mucho. A través de sus viñetas le dio vida a un tipo mal encarado y tosco, un antihéroe que se dedicaba a ayudar a las personas a salir de sus adicciones. Al protagonista lo llamó Dragón, sin saber que había creado a un personaje que haría historia.
Nosotros supimos ver que el protagonista era calcado a Kevin, y éste, con cachondeo le dijo:
-Oye, vas a tener que darme los royalties o como se llame que me corresponden, ese tipo duro soy yo.
Por fortuna al poco tiempo todo volvió a ser como antes, cada uno centrado en sus estudios y trabajos pensando en un futuro mejor.
Kevin nunca incumplía una promesa -léase amenaza- y cuando Lucas menos se lo esperaba aparecía con un test y a través de la orina comprobaba que nuestro amigo estuviera "limpio".
No justifico la paliza de Kevin a Lucas, fue una salvajada.
Una salvajada que a día de hoy no se podría defender, pero...

Continuará. 

Los Dragones. Capítulo 21.

 Mari seguía manejando el dinero de todos con acierto y cada cierto tiempo repartía las ganancias.
Ese dinero extra nos venía como agüita de mayo, Kevin se compró una moto y yo me apunté para sacar el carnet de conducir, a Lucas no lo veíamos con ninguna compra significativa, según él estaba reuniendo y Mari... seguía invirtiendo con tino. Convencida nos decía que con veinticinco años tendría la casa de sus sueños y que esperaba no tardar en adoptar a su primer hijo.
Sin duda la economía de los dragones mejoraba, pero el comportamiento de Lucas comenzó a quitarnos el sueño.
De repente estaba apático y se lamentaba de haber perdido su toque con sus comics, "no soy capaz de dibujar nada que me guste, soy un fraude, no valgo para esto..."  y de repente salía y llegaba como si le hubieran dado la vuelta a un calcetín, se pasaba horas eufórico con un lápiz y su blog olvidándose hasta de comer. Adelgazó, tenía constantes cambios de humor, parecía que del Lucas sensible que había sido no quedaba ni sombra. 
Por supuesto le preguntamos si tenía algún problema, pero él a la defensiva y de malas maneras nos pidió que lo dejáramos tranquilo.
-Esto no es normal, nos decíamos mientras barajábamos diferentes conjeturas. Mari pensaba que tenía mal de amores y que se le pasaría con el tiempo, yo opinaba que era una crisis artística y que cuando se encontrara a sí mismo volvería a ser el mismo chico sensible de siempre. Kevin se limitaba a negar nuestras sospechas, algo le rondaba por la cabeza, pero no quería levantar la liebre antes de tiempo.
-Creo que sé lo que le pasa, voy a hacer lo que tenía que haber hecho hace tiempo, pero no pregunten nada, lo sabrán cuando sea el momento, ojalá me equivoque...
Un par de días después de esa conversación, entró Kevin tirando del brazo de Lucas con brusquedad. Me voy a meter en la habitación con este imbécil y oigan lo que oigan no se les ocurra meterse, esto es entre Lucas y yo.
Después del portazo que no auguró nada bueno, Mari y yo asombrados oímos a Kevin liándose a golpes contra Lucas, pero no nos atrevimos a entrar. Mi amiga trajo el botiquín y temblando me dijo: si sigue entramos, lo va a matar...
Pero no hizo falta, Kevin abrió la puerta y dejó tirado en la cama a un Lucas lloroso con la cara ensangrentada. 
-Pillé a este idiota comprando coca, si se quiere volver a meter tendrá que ser por el culo, porque le acabo de romper la nariz. Ya les dije cuando comenzamos a vivir aquí que si me enteraba  de que alguno se acercaba al humo de un porro se las vería conmigo, y yo no digo ese tipo de cosas por decirlas. Tenía mis sospechas pero  no quise creer que después de la niñez de mierda que hemos tenido Lucas fuera tan estúpido como para meterse en la droga. Y escúchame bien Lucas, soy policía y no me cuesta nada conseguir coca o lo que sea y decir que te pillé vendiéndola, te juro que te meto en la cárcel.
Kevin estaba muy alterado y nos indicó que se iba al gimnasio a pegar puñetazos a un saco porque si se quedaba no respondía de sus actos.
Mari tomó el mando aunque estuviera tan asustada y cabreada como yo. 
-Trae hielo Saulo, voy a limpiarlo. Mejor no hacer leña del árbol caído ahora, ya hablaremos con él.
E  hizo lo que hace una madre, con sumo cuidado le fue limpiando la sangre y lo meció cuando Lucas  reaccionó llorando como un niño.

Continuará. 

jueves, 7 de mayo de 2026

Los Dragones. Capítulo 20.

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Mari seguía llevando la economía de los cuatro con mano férrea, aunque siempre haciéndonos  partícipes de las entradas y salidas del dinero que manejaba. 
Nos dijo que si nos parecía bien, de las ganancias de sus tejes manejes financieros reserváramos un tanto por ciento para seguir invirtiendo, incluso Carmensa se animó a participar en aquellos movimientos financieros que por mucho que Mari si empeñara en explicar, no había quién los entendiera.
Confiábamos en Mari y si ella lo veía oportuno, pues que siguiera invirtiendo.
Poco a poco sus gestiones dieron sus frutos, al invertir poco no era para tirar voladores, pero estaba entrando más dinero. Mari siguió reservando una cantidad para seguir invirtiendo y siguió con sus cuentas.
Su olfato financiero hizo que obtuviera dinero para repartir entre los cuatro, pero le dijo a Kevin que lo justo sería que él obtuviera una mayor cantidad, al fin y al cabo él aportaba el sueldo completo y gracias a eso podíamos ir pagando lo comprado a plazos. Pero él se negó, aduciendo que gracias a los pequeños trabajillos de los cuatro tiempo atrás, él se había podido sacar el carnet de conducir. 
Aún así tanto Lucas como yo pensamos lo mismo que Mari y obligamos a Kevin a quedarse con una cantidad mayor.  Al día siguiente apareció cargado de bolsas.
-Eh chicos, ya tocaba comprar ropa y calzado, que falta nos hacía. 
Tenía razón, falta nos hacía, y aquel chico con cara de malote nos demostró de nuevo que tenía un corazón de oro.
La tónica se repitió con los meses, Mari seguía llevando todas las cuentas y cada cierto tiempo nos daba una cantidad de dinero obtenida con sus inversiones, no eran cantidades extraordinarias, pero nos daba para, por ejemplo, poder comprarme por fin el buen juego de cuchillos que siempre había deseado. 
Poco a poco fue invirtiendo más y empezamos a vivir con cierta soltura económica. 
Aparentemente todo iba bien, Kevin se convirtió en el don Juan del grupo, al parecer a las chicas les gustaba su pinta de tío duro. El se dejaba querer pero sin comprometerse con ninguna, decía que ya llegaría la mujer que lo apartaría de los tonteos, mientras, disfrutaba siendo veinteañero. Mari no parecía estar por la labor de encontrar pareja, supongo que algún rollo tendría, pero seguía en sus treces, ganar dinero suficiente para comenzar con la primera adopción. Yo era feliz teniéndolos a ellos y aprendiendo cada vez más de cocina, por supuesto alguna chica me gustó, pero lo normal de la edad, no me veía sentando la cabeza en ese aspecto, en el fondo tenía miedo, sin referentes familiares en mi niñez, pensaba que nunca podría ser un buen padre. 
Lucas tenía talento, aunque en su carrera de Bellas Artes tuviera que tocar "todos los palos", expresaba sus sentimientos a través de comics, era lo que más le gustaba y sus personajes con aquellos ojos inundados de lágrimas le llegaban a todo el mundo.
Pero algo le pasaba, comenzó a salir con gente que no conocíamos, su comportamiento a ratos nos desconcertaba, pasaba a ser el Lucas frágil de siempre a un tipo pasota al que parecía que nada le importaba, aquellos cambios de humor empezó a preocuparnos.
Hasta que Kevin averiguó lo que le pasaba a nuestro Lucas.

Continuará.