miércoles, 4 de noviembre de 2026

La voz violeta. Capítulo 8.

 Ir a capítulo anterior.

Mecido por la voz de su cuidadora nocturna y por el aroma de la vela, Sergio nota que su estado de ánimo mejora. Se cabrea consigo mismo, si yo lo que quiero es morirme, joder, que se acabe esta pesadilla. Pero la compañía tiene algo balsámico y sueña. Se ve siendo un niño con sus padres en Las Palmas, disfruta de las playas de arena rubia y el habla de los canarios que siempre le gustó. Envuelto en recuerdos volver a su realidad se hace duro. Bueno, se dice, si no consigo morirme hoy a ver si esa mujer me cuenta que hace en Galicia.

Las voces son el reloj que maneja Sergio para situarse en el tiempo, sabe que es de día cuando su madre entra el la habitación y lo besa.
-Pasé solo a darte los buenos días, tengo que hacerme unas pruebas que me llevarán un par de horas, no te preocupes que solo no te voy a dejar, vendrá en nada Pilar y te hará compañía. 
Pilar llega para el relevo y él nota la frialdad entre la breve conversación entre su madre y su novia. ¿Qué estará pasando?
Ya solo junto a su pareja, ella habla por teléfono con una amiga.
-¿Te lo puedes creer?, los padres de Sergio me hicieron ayer una encerrona, se enteraron de que en mi redes he contado lo del accidente y no les parece bien. Son unos viejos apartados de la realidad, no comprenden que me debo a mis seguidores, y si lo normal es que los haga partícipes de mi día a día, no iba a obviar que mi prometido está en coma. Además, aunque suene fatal, después de subir los últimos acontecimientos han aumentado mis subscriptores. Es mi trabajo, pero mi suegro me ha amenazado con denunciarme si vuelvo a publicar alguna foto de Sergio en el hospital. Una putada, que estaba subiendo como la espuma con las últimas publicaciones, pero capaz lo creo y de momento, nada de fotos.-
La crispación al saber que Pilar ha estado monetizando su situación vuelve a sumirlo en la impotencia, si pudiera gritar tiraría abajo el hospital. Su madre vuelve a aparecer y Pilar se despide aduciendo que tiene trabajo.
La noche, como la anterior, llama a su puerta con nombre de mujer y el aroma a violeta que la acompaña.
-Hola Sergio, aquí estoy de nuevo mi niño, yo y mi velita, su olor nos sentará bien.
Y como te dije anoche, quiero que me conozcas, así si te despiertas -ojalá- no estarás ante una desconocida. 
Tengo veintiocho años, nací en Las Palmas y siempre me ha gustado cuidar a los demás y tengo debilidad por la tierra, el campo, las flores, las semillas... Mi abuela siempre dijo que nací con la mano verde. ¿Sabes lo que significa? Pues es la persona que aunque sea en una maceta se le da bien cualquier cosa que plante. Desde siempre he tenido esas querencias, pero me decanté por enfermería, pensaba que me iba a llenar más cuidar a las personas que a las plantas. Encontré trabajo enseguida, pero no sé, era como si me faltara algo. Me veía comprando un terrenito y montando un vivero, pero quería tener las cosas claras, poder decantarme por la enfermería o por lo verde. Decidí pedir unos días a cuenta de las vacaciones en el trabajo y hacer el Camino de Santiago, convencida de que sería una experiencia mística que me ayudaría a decidirme.
Bueno, ya sabes que hago en tu tierra, que bonita es y también su gente, pero el clima mi niño, esa lluvia de un día sí y el siguiente también... Entenderás que como canaria no estoy acostumbrada.
La velita se apagó, y eso significa que llevo hablando un par de horas, mejor descansamos algo y  mañana te cuento lo que me pasó haciendo el camino. Un drama. 
Por cierto, le tengo que pedir a tu madre que me enseñe una foto tuya, no sé por qué lo sé pero seguro que tienes los ojos verdes.

Continuará. 

La voz violeta. Capítulo 7.

 Dentro de la niebla que envuelve a Sergio puede percibir que algo está pasando.
Primero su madre le presentó a alguien; por la voz le pareció una mujer joven, pero cuando la chica comenzó a hablarle su madre la interrumpió.
-Perdona Violeta, mi marido me acaba de llamar, está llegando y también la novia de Sergio, tenemos que tratar un tema familiar y lo mejor es que lo dejes por ahora, ya tendrás tiempo a la noche de presentarte como es debido a Sergio.
El reconoció al poco las voces alteradas de sus padres y de Pilar. Yolanda insiste: No vamos a tratar el tema delante de Sergio y tampoco lo voy a dejar solo, salgamos a la puerta.
A los pocos minutos y aunque no estén junto a su cama Sergio se percata de que discuten, sus padres le reprochan algo a Pilar, pero solo puede pillar algunas palabras sueltas: sinvergüenza, denuncia, fotos...
Cuando su madre regresa a su lado la escucha llorar.
Si pudiera abrir los ojos, si pudiera hablar, si pudiera decirle a su madre que no sufra.... pero aunque se le amontonen los "pudiera" solo es capaz de navegar a oscuras, aferrado al hilo de las voces que lo mantienen vivo. Enrabietado se ofusca, si pudiera cortar ese hilo lo haría, sería lo mejor para todos. Piensa en el dolor que su muerte ocasionaría a sus padres, pero aunque ese dolor se les quedaría por siempre cosido a sus costuras, aprenderían a convivir con él. Le parece peor la tortura de ese momento, está encarcelado en un cuerpo que se ha desvinculado de él y que solo produce desdicha a los suyos.
No sabe como, pero tendrá que dejar de escuchar, supone que así ya nada lo mantendrá atado a la vida y sencillamente se irá. 
Las horas de ese día se siguen resbalando y Sergio se auto recluye en la oscuridad más rotunda cuando le hablan, se concentra en la negrura absoluta para dejar de escuchar.
-Puedo hacerlo, sin las voces nada me retiene y se acabará todo.
Percibe que lo está logrando, no sabe si existe algo después de la vida, pero puede sentir como se le está escapando a algún lugar o a la nada. A punto de despegarse por completo una voz acompañada de un aroma lo vuelve a anclar a su cuerpo.
-Hola Sergio, soy Violeta. Esta mañana no pude presentarme como es debido. Y como tu madre teme que despiertes solo o ante una persona desconocida, lo mejor es que te habla de mí y me vayas conociendo, casi se me olvida la vela de olor, no te preocupes, es de violetas y muy suave. Ya estarás comprendiendo que mi nombre tiene mucho que ver conmigo. Mi color preferido es el violeta, dicen que es un color místico, también me encanta el aroma de esa flor y adoro la flor en sí misma, tan humilde y bonita. Yo bonita no sé, pero humilde sí. Ya, ya me irás conociendo, mi niño.
Algo remueve a Sergio por dentro, está percibiendo la fragancia, algo nuevo en su estado y la voz de la mujer es tan delicada...  reconoce el acento canario y recuerda sus vacaciones de niño en las islas.
Sin poderlo evitar, vuelve a habitar su cuerpo inerte. La voz y el aroma de violetas tiran del hilo que ya casi había logrado deshacer. 
¿Esta mujer será como Sherezade en las Mil y una noche? Sea como fuere de momento lo tiene atrapado a la vida.

Continuará. 


miércoles, 28 de octubre de 2026

La voz violeta. Capítulo 6.

 Ir a capítulo anterior.

Yolanda siguiendo el consejo de Antía  se dirige a la salita de las máquinas expendedoras.
Nunca se había fijado, pero es cierto, hay un panel con numerosos papelitos, entre tanto ofrecimiento no sabe a quien llamar.
-No sé ni por donde empezar, me voy a tomar un café de la máquina, o mejor un descafeinado, que con el disgusto debo tener la tensión por las nubes.
Está tan absorta que al girarse de nuevo se choca con una chica derramándole el contenido de su vaso sobre el pecho.
-Ah perdona perdona, no sé donde tengo la cabeza, te he puesto la blusa perdida, te doy mi número para que la lleves a una lavandería y me digas lo que te cuesta.
-No se preocupe señora, que ahora me voy al baño y con un poco de agua y jabón lo soluciono. Mi niña, ojalá todo lo malo que le pase hoy al mundo sea esto. 
-Vamos, te acompaño a ver si entre las dos le ponemos remedio. Por cierto, ese "mi niña" que acabas de decir me hace pensar que eres canaria. Y por favor, no me trates de usted. 
-Pues sí, más canaria que el gofio, aunque ahora por cosas de la vida estoy pasando una temporadita en Galicia. 
-¿Tienes a alguien ingresado aquí?
-No, no, vine para poner en el tablón mi contacto, a ver si me sale algo para cuidar a algún paciente.
-Pues yo venía a lo mismo pero al revés, estoy buscando a alguien que se quede con mi hijo por las noches. ¿Tienes experiencia?
-Pues sí y también formación, soy enfermera.
-Mira, cuando te escuché el "mi niña" con ese acento canario, recordé que cuando Sergio -mi hijo- era pequeño, fuimos de vacaciones a Gran Canaria y a él le encantaba que personas que no lo conocían le dijeran "mi niño", pensaba que allí todo el mundo lo quería.
-Qué recuerdo más bonito, y es cierto, tenemos el mi niño o mi niña todo el día en la boca.
-Mira, ¿qué te parecería quedarte por las noches como acompañante de mi hijo? Está en coma, y aunque sé que aquí el personal es intachable, me agobia pensar que se despierte sin nadie a su lado. Los médicos nos dicen que puede despertar en cualquier momento o no, como imaginarás me quedo con la primera opción. Además tu acento canario le va a encantar y nos aconsejan que le hablemos de cosas agradables.
-A mí me encanta hablar, y necesito el trabajo, pero te voy a ser sincera, en un mes regreso a Las Palmas, tengo firmado un contrato para trabajar en un hospital. Por lo que he estudiado, el tema de las personas en coma es como te han explicado, igual despierta esta noche o quién sabe... pero si lo de tu hijo se alarga tendrías que buscar a otra persona.
-Ahora mismo estoy contenta por haberte encontrado, y de aquí a un mes pueden pasar muchas cosas. Sería perfecto que empezaras esta noche. Si te parece bien vamos ahora a la habitación, ya habrán  terminado con el aseo de Sergio, me gustaría que le fueras hablando para que se acostumbre a ti y esta noche no se sorprenda cuando escuche otra voz diferente a la mía. Porque yo estoy segura de que mi hijo nos escucha.
-Sí claro, me parece perfecto. 
-Por cierto, con tanta cháchara no nos hemos presentado, soy Yolanda.
-Yo soy Violeta. 

Continuará. 

La voz violeta. Capítulo 5.

 Yolanda no entiende de redes sociales ni falta que le hace, pero al tropezarse con lo que publica su nuera le pide a Antía que la asesore al respecto.
-Mira Yolanda, tu nuera es la influencer con más seguidores de toda Galicia, está continuamente subiendo contenidos, o sea, contando su vida.
-Pero yo tenía entendido que trabaja en algo relacionado con la informática y que gana sus buenos dineros.
-Claro, entre más seguidores más gana, a eso súmale lo que le aportan las firmas comerciales, todo lo que luce está patrocinado, hasta la pasta de dientes que usa si me apuras. Me malicio que no lo sabes, pero está subiendo fotos de tu hijo en el hospital desde que tuvo el accidente, ella se presenta como la novia destrozada que lo vela día y noche.
-¿En serio? No me puedo creer que esté aprovechando para ganar dinero con la desgracia de mi hijo, encima apenas pasa por aquí, según ella porque tiene mucho trabajo...
-Trabajo tendrá, que está todo el día subiendo cosas a internet, pero te lo está poniendo como excusa, porque solo le hace falta un teléfono móvil para hacer sus publicaciones, y si algo sobra acompañando a tu hijo aquí es tiempo... Mira, ya tengo que empezar mi turno, te dejo mi móvil para que vayas viendo lo que te he dicho, luego cuando tenga un hueco me paso y te descargo las redes donde podrás seguir lo que publica Pilar.
Ya sentada junto a la cama de su hijo, Yolanda se adentra en un mundo que desconoce y que le produce náuseas: Pilar mostrando a su hijo en coma con multitud de fotos. 
Cuando a mediodía su marido hace una escapada de la fábrica y asoma por la habitación, le basta ver la cara de su mujer para saber que algo no va bien.
-¿Qué pasa Yolanda, han dicho algo malo los médicos?
-No Mateo, no. Es algo sobre Pilar que no te va a gustar.
Cuando el hombre está al tanto de lo sucedido, la rabia le amarga las palabras.
-¿Cómo se atreve a mercadear con la situación de Sergio? Y más sabiendo que a él lo de las redes sociales le parece una exposición innecesaria. ¿Y encima anoche estuvo aquí menos de una hora y se fue con la excusa del perro? Me va a oír, tengo unas cuantas cosas que decirle.
-Baja la voz, por favor, ya sabes que Sergio puede oírnos.
-Ojalá me escuches hijo, ya sabes que respeto tus cosas, pera esa novia tuya es una trepa, no entiendo con lo serio y responsable que eres qué porras ves en ella, que más superficial y mentirosa no puede ser. Y ya hasta me da por pensar que está contigo por el dinero familiar.
-Para Mateo, que te va a dar otro infarto.
-Pues si me da que me pongan con mi hijo. Y ni se te ocurra pedirle a esa petarda que se quede por la noche con Sergio, vete pensando en alternativas, ya te dejé claro que tú no estás en condiciones de pasar las 24 horas aquí metida. Me voy, voy a llamar al abogado de la empresa, no hay que ser muy listos para saber que es ilegal que esa aprovechada esté publicando las fotos de Sergio, pero quiero asustarla con los tecnicismos legales para bajarle sus humos de princesita. Desde que deje todo listo en la fábrica vuelvo por aquí. 
Cuando Antía entra en la habitación para asear a Sergio, se encuentra a la madre hecha un mar de lágrimas. 
-No me asustes Yolanda, ¿qué pasa?
-Pues que Mateo se ha puesto hecho una fiera cuando le he contado lo de Pilar, y razón tiene, la mosquita muerta esa nos tenía engañados. El problema es que no tengo quien se quede esta noche con mi hijo.
-Escúchame bien, conozco a todo los turnos de esta planta y te aseguro que son unos profesionales de los pies a la cabeza, no vayas a pensar que el turno de noche se dedica a dormir, tienen más que controlados a los pacientes, te lo digo por experiencia. Pero te entiendo y si te quedas más tranquila, págale a alguien con experiencia; no sé si te habrás fijado en la salita de las máquinas de café y comida, pero hay un tablón con números de teléfonos de personas que se dedican a acompañar a los enfermos cuando la familia no puede, de día o de noche. Normalmente son auxiliares de enfermería y enfermeras o enfermeros que todavía no han conseguido una plaza. 
Ahora mismo viene mi compañera para entre las dos bañar a tu hijo, mientras aprovechas y te acercas a la salita, mira teléfonos, vas a tener donde elegir, y tómate de paso una tilita caliente, mujer. Te va a sentar bien. 
-¿Y cómo sabré a quién elegir?
-Deja que tu corazón elija.

Continuará. 



jueves, 22 de octubre de 2026

La voz violeta. Capítulo 4.

 Ir a capítulo anterior.

Pilar, la novia de Sergio, llega a las once de la noche al hospital:
-Perdón por el retraso, pero ya estoy aquí, váyanse tranquilos, Sergio se queda en mis manos esta noche y las que haga falta, para algo soy su prometida.
Ya en el ascensor Mateo masculla: "si no se lo llegas a pedir tú, no se hubiera ofrecido a pasar la noche aquí".
-No te pongas nervioso hombre, ya la conoces, es delicadita y se pone mala con el olor de los hospitales. Pero en cuanto hablé con ella no dudó en decir que se quedaba. Vamos a casa, que voy a dormir en mi cama después de casi dos meses y los dos necesitamos descansar. Mañana será otro día-.
Aún cuando Pilar le había dicho que no tuviera prisa por llegar al hospital, Yolanda madruga al igual que Mateo. Lo primero: mirar el móvil, ninguna noticia. 
-Todo sigue igual, me doy una buena ducha, desayuno algo y tiro para el hospital, seguro que Pilar poco habrá dormido. Y como cada día después del accidente repite el mismo mantra:" ojalá despiertes hoy mi hijo".
Cuando llega a la habitación no está Pilar y se dirige a la cama de su hijo para besarlo y abrazarlo.
-Buenos días corazón, aquí me tienes, anoche dormí de un tirón, estaba agotada, así que me tienes a tu entera disposición, traje álbumes de fotos, pienso ver una por una y contarte lo que veo, seguro que te acuerdas de todo. Y por cierto ¿dónde estará Pilar? el pedazo de bolso que se trajo anoche no está por aquí, qué raro. Bueno, ya son casi las ocho, Antía ahora mismo aparecerá por aquí antes de empezar su turno, le preguntaré a ver si sabe algo.
Justo Antía aparece y una Yolanda nerviosa pregunta por su nuera.
-Pues me acaban de dar el cambio de turno y según mi compañero anoche la acompañante de tu hijo se fue sobre las 12.
-Pero si se iba a quedar con Sergio hasta que yo llegara... la llamo ya, igual se puso mala o qué sé yo.
La voz adormilada de Pilar contesta después de unos cuantos timbrazos.
-Ah Yolanda, justo te iba a llamar, anoche me llamó un vecino porque mi perrito no paraba de ladrar y tuve que regresar a casa, estaba a punto de llamarte para contártelo.
Yolanda se queda tan perpleja que es incapaz de vocalizar la decepción que la atraviesa.
-¿Te puedes creer que se fue porque dice que su chiguagua molestaba con sus ladridos?
Antía le hace un gesto para que salgan al pasillo.
-Mira Yolanda, sigo a tu nuera, ya sabrás que se gana la vida como influencer, está continuamente subiendo cosas a internet, vamos a mirar, seguro que ya ha publicado algo.
Las dos mujeres se quedan con la boca abierta ante el móvil de la auxiliar al ver lo último que Pilar acaba de subir a sus redes.
-Hola queridos seguidores, como siempre les muestro la realidad de mi vida sin maquillajes... en todos los sentidos. En esta foto podrán ver mi ojeras, producto de otra noche en el hospital velando a mi prometido. Las horas en estas circunstancias se hacen eternas, pero mi amor por él puede con todo. Ojalá hoy despiertes. 
Una ristra de emoticonos con corazones pone el broche a la publicación.

Continuará. 


La voz violeta. Capítulo 3.

 Los días se amontonaban con pena y ninguna gloria. Sergio continuaba en coma, unido por el fino hilo de su oído que lo mantenía unido al mundo de los vivos. 
La discusión de sus padres se repetía: "no puedes continuar día y noche en el hospital, mujer, ya te pisas las ojeras y terminarás dándonos un susto en cualquier momento, Sergio está continuamente supervisado por el personal del hospital, por lo menos vete a casa a dormir". 
La respuesta de Yolanda seguía invariable: "¿y si se despierta por la noche y está solo?, no quiero ni pensarlo".
A Mateo no le quedó otra que postularse para ser él mismo el acompañante nocturno, pero una Yolanda obstinada se lo negó: "¿estás loco? te recuerdo que después del infarto que sufriste poco antes del accidente los médicos fueron claros, necesitas el descanso igual que la medicación si no quieres que se vuelva a repetir".
Hasta que una mañana Yolanda, intentando incorporarse del sillón donde apenas daba alguna cabezada,  sufrió un desmayo. La encontró Antía, la auxiliar cercana a la familia.
-Yolanda, Yolanda, ¡ayuda,! gritó cuando se percató de que la mujer estaba inconsciente. 
Sergio escuchaba aterrado, temía por la salud de su madre y a sus oídos llegaba las voces cruzadas del personal: "una camilla rápida y a urgencias, habrá que avisar a algún familiar", "yo me ocupo -de nuevo la voz de Antía- conozco a la familia".
Sergio quiso morirse, no soportaba saberse el causante del sufrimiento de sus padres y no tenía forma de saber qué le había sucedido a su madre. Los minutos que era incapaz de cuantificar eran su enemigo, hasta que entró Antía y le habló.
-Ah Sergio, menudo susto me dio tu madre hace un par de horas. Le tuve que prometer que vendría a contarte que está bien, sufrió un síncope por agotamiento, tu padre está con ella en urgencias y en nada vienen a verte. Despiértate ya muchacho, anda guapo, hazle ese regalo a tus padres que están en un sinvivir, porque tu novia, perdona que te diga, no se ha quedado ni una noche contigo, tendrá miedo a que la veamos despeinada, tendrá poca vergüenza... Y si me estás escuchando perdóname, pero si no lo digo reviento.
Yolanda en cuanto la soltaron de urgencias volvió a la habitación de su hijo.
-Perdóname Sergio, pero me dio un "nosequé" por el cansancio, en urgencias se enteraron de las circunstancias y hablaron con tu padre. El quería subir a verte, pero le dije que se fuera a la fábrica y ya te ve a la tarde, está que trina, y ya sabes que no le conviene sulfurarse por el corazón. Mira que en los años que llevamos juntos jamás me ha prohibido nada, pero esta vez me lo ha dicho con todas las letras,  me prohíbe que me quede aquí por las noches. Así, con todas las letras, ¿qué te parece? Pero es que le voy a tener que dar la razón,  me quiero olvidar de que tengo setenta años pero los tengo. Pero no te preocupes, que acabo de hablar por teléfono con Pilar y ella se queda esta noche. Tu padre quiere quedarse, pero yo no iba a ser menos y también se lo he prohibido, que me lleva unos pocos años y ya sabes el susto que nos dio con el corazón.
Mi vida, encontraremos una solución para las noches, porque de día no me echan de aquí ni con agua hirviendo, no vas a estar solo nunca hasta que despiertes, mi amor, te lo juro por lo más sagrado. 

Continuará. 

miércoles, 14 de octubre de 2026

La voz violeta. Capítulo 2.

Ir a capítulo anterior.

 Sergio desconoce cuanto tiempo ha estado en la oscuridad absoluta, pero aunque se sepa atrapado en una espesa tela de araña percibe que puede oír. 
Alterna momentos de cierta lucidez comprendiendo que ha tenido un accidente, se supone en una habitación del hospital y lo corroe la impotencia de no poder mover ni solo músculo de su cuerpo. 
Su madre lo acompaña de día y de noche, le habla y llora, llora y le habla. 
Sergio no sabe cuanto tiempo lleva ingresado, pero a través de conversaciones ajenas se va haciendo una idea.
Su padre Mateo intenta convencer a su mujer: "Yolanda, no puedes estar 24/7 en el hospital o terminarás enfermando, te necesitamos fuerte cuando Sergio despierte". Solo consigue que la mujer vaya a su casa a ducharse y regrese, mientras, Sergio escucha a su padre llorar por primera vez en su vida. "Aguanta hijo, tienes que despertar, no concebimos la vida sin ti". 
Su novia Pilar también llora: "Fíjate, me acaban de llamar de la imprenta, las invitaciones para la boda están listas. ¿Qué voy a hacer ahora con todos los preparativos?"
La rutina se repite insistentemente, su cabeza en negro y procesar lo que escuchan sus oídos, el único hilo que parece mantenerlo unido al mundo de los vivos.
Empieza a conocer y diferenciar las diferentes voces del personal sanitario, a veces hablan como si él fuera invisible, como si ya no existiera, y se enfada: "Estoy aquí, sigo vivo", pero su grito mudo es incapaz de activar sus cuerdas vocales.
Pasan los días con sus mismas rutinas, el llanto de su madre le produce una atroz impotencia, si al menos pudiera decirle que la escucha...
Le sorprende una voz nueva pero que no le es del todo desconocida.
-Hola Yolanda, siento mucho el accidente, he estado unos días fuera de vacaciones y mi madre no quiso decirme nada, pero ya estoy incorporada.
-Hola Antía, que alegría verte aunque las circunstancias sean tan horribles.
-De horribles nada -le hace un gesto llevándose un dedo a la boca y luego al oído- ya verás como en nada Sergio despierta. Tengo que hacer mi trabajo, mi compañera y yo lo bañamos  y te lo dejamos guapo, aunque hasta con los ojos cerrados lo es. Anda, aprovecha y ve a que te dé el aire, o te tomas algo. Ya sé por mi madre que no hay quien te saque de aquí, pero ahora tengo que echarte un ratito.
Cuando las auxiliares se quedan solas con Alberto, Antía le cuenta a su compañera: "Lo conozco de toda la vida, resulta que mi abuela y la suya era vecinas y se ayudaban en todo lo que podían, mi madre y la suya nacieron casi a la vez y se criaron juntas, buenas amigas. Y fíjate tú las cosas de la vida, mi madre se casó con un pescador y Yolanda con el dueño de la fábrica conservera de atún de La Coruña; a pesar del cambio social, Yolanda sigue siendo una persona humilde, su marido aunque de otra cuna, es un tío cabal y respetado por los empleados de la fábrica. La pobre Yolanda sufrió un montón de abortos y cuando ya pensaban que no serían padres, tuvo a Sergio con cuarenta años. Él estaba preparando la boda para casarse con una tal Pilar, una tía estirada que ya habrás visto por aquí".
-Ah perdona Alberto, lo de tu novia es para picarte y que me hagas una señal. Anda guapo, danos esa alegría.

Continuará.