jueves, 23 de abril de 2026

Los Dragones. Capítulo 15.

Kevin no pudo mantener el secreto sobre sus estudios, tarde o temprano lo íbamos a saber y nos contó lo que hasta entonces nos había ocultado. 
-Me estoy preparando unas oposiciones para ser guardia civil y si no se los había contado antes es porque me imaginaba la cara de cachondeo que ahora mismo tienen.
Razón tenía, ninguno de nosotros tres lo hubiera imaginado en la vida, nos dio la risa y él amplió sus motivaciones. 
-Desde que nací me tocó la cara mala de la vida, unos padres delincuentes que terminaron en la cárcel, la infancia en un centro de acogida y como si fuera poco mi primera carta de presentación es la cara de matao que me tocó en suerte. ¿Qué se supone que voy a terminar siendo? ¿Otro delincuente? Pues resulta que yo quiero una vida normal, formar una familia, hacer algo bueno por la sociedad. 
Odio la droga y todo lo que la rodea, es lo que nos ha dejado sin padres, quiero luchar contra esa mierda y por eso quiero entrar en la guardia civil. Cuando lo consiga, porque lo voy a conseguir, encontraré la forma de currar en  anti-drogas. Y ya está, se pueden reír si quieren.
Kevin era muy reservado, no estábamos acostumbrados a que se abriera de aquella manera y Mari hizo de portavoz dando por sentado que pensábamos los mismo.
-Ala, pues tendremos a un guardia civil en la familia.
Por entonces Mari y Lucas estaban cursando bachiller y yo mis estudios en el centro de enseñanza culinaria.
Con Mari al timón no nos salíamos ni una coma de lo que ella había trazado, y lo que tocaba era estudiar.
Yo estaba encantado con lo mío y aún sabiendo todo lo que me quedaba por aprender me levantaba de lunes a viernes con ganas, con ilusión. Me encantaba la cocina.
A los pocos meses ya estábamos habituados a la nueva rutina que pasaba por dedicar todo el tiempo posible a los estudios. Kevin aparte de la parte de la teórica tenía que superar un examen físico y como formaba parte de su formación, consiguió que el centro le costeara un gimnasio.
Mari inflexible nos ayudó a confeccionar unos horarios de estudios y era la primera en darnos ejemplo "hincando los codos". 
Cuando vio que los cuatro estábamos centrados en lo que debíamos nos avisó, los fines de semana teníamos un horario flexible que nos permitiría ganar algo de dinero y tener un fondo para poder vivir juntos cuando cumpliéramos la mayoría de edad. 
-Mis niños, con dieciséis años se puede trabajar sin los tutores lo autorizan, ya pueden ir pensando en algo, ya me encargaré yo de que nos firmen los permisos que necesitemos.
Y nosotros tres seguimos confiando en aquella "madre" de nuestra misma edad que la vida había puesto en nuestros caminos. 

Continuará. 

Los Dragones. Capítulo 16.

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El centro donde cursaba mis estudios de cocina tenía una restaurante anexo.
Solían contratar personal extra para los fines de semana y yo me postulé para el poco edificante trabajo de freganchín. No es que me gustara, pero el entorno sí y como decía Mari, teníamos que ir ahorrando. Al ser menor de edad necesitaba la autorización de mis tutores y al estar tutelado por el estado el centro tuvo que mover papeleo, pero obtuve la autorización. 
Entre semana aprendía cocina y los sábados y domingos pasaba unas cuantas horas fregando cacharros, por supuesto, el dinero que ganaba se lo entregaba íntegramente a Mari. Cuando llevaba un par de semanas, Kevin me pidió que hablara a ver si lo contrataban a él para hacer lo mismo y fue posible.
Mari que siempre tenía el oído afilado, sabía que algunas cuidadoras tenían niños pequeños y que tiraban de "canguros" los fines de semana cuando tenían alguna salida nocturna.
En una conversación entre educadoras de nuestro centro una le comentó a otra que no podía ir a cenar el sábado, por lo que fuera se había quedado sin su habitual "canguro" y Mari se ofreció. 
En el centro el personal valoraba la madurez de Mari, confiaban en ella y la educadora que se había quedado sin "canguro" después de asegurarse de no cometer ninguna ilegalidad, le expuso las condiciones.
Ella misma pasaría por el centro para recogerla en su coche y llevarla a su casa, cuando regresara ella o su marido la volvería a dejar en Los dragos y le pagarían por horas.
Era un buen trato, le garantizaban a la menor los medios para que no anduviera sola de noche o de madrugada y se ganaría unas perrillas. 
Mari estaba feliz y no solo por ganar algo de dinero. Cuidar niños aunque fueran ajenos era innato en ella.
Al poco tiempo otras educadoras, al ver que Mari ejercía con fundamento de niñera, se subieron al carro y la contrataban por horas con las mismas condiciones de seguridad. Mari aprovechaba cuando los niños que cuidaba se quedaban dormidos para estudiar hasta que llegaban los respectivos padres. 
Lucas quiso trabajar de freganchín los fines de semana, pero no necesitaban a nadie más y no quiso ser el único que no aportara a la hucha comunitaria que Mari gestionaba con mano de hierro.
Optó por presentarse a los concursos de dibujo por intentarlo, no confiaba en su don, pero nosotros sin tener ningún tipo de conocimiento al respecto sabíamos que valía mucho.
En un concurso de comics a nivel nacional, quedó primero y aunque el premio fuera dinerito comenzar a creerse que tenía talento lo incentivó y pasó a vivir  con un lápiz pegado a la mano.
Íbamos ganando poco a poco algo de dinero, el plan de Mari seguía en pie.
El tiempo corría en nuestra contra y en nada cumpliríamos los tan temidos dieciocho años.

Continuará. 

jueves, 16 de abril de 2026

Los dragones. Capitulo 14.

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A punto de cumplir los dieciséis años nos carcomía el miedo al futuro y Mari, como siempre, nos propuso algo.
-Chicos, llevo tiempo pensando en la manera de seguir juntos cuando cumplamos los dieciocho, tengo un plan y si están de acuerdo voy a ser inflexible, nos va a tocar apretar el culo desde ya. Hasta esa edad el estado nos pagará los estudios, y como Lucas y yo queremos hacer carreras no terminaremos hasta los veintidós. La idea es empezar a reunir todo lo que podamos para tener algo ahorrado y poder irnos a vivir juntos cuando cumplamos la mayoría de edad. Saulo, tú comienzas en nada en el centro de aprendizaje culinario y son dos años para tener una titulación que te permita trabajar en lo tuyo, Kevin, aunque no nos hayas dicho que oposición te piensas preparar te pasará lo mismo, que podrás trabajar a la misma edad. Lucas y yo tendremos que aprobar la carrera año por año y con nota, es la única manera de que nos den las becas que nos cubran. Hasta que terminemos las carreras tendremos que ganar algo de dinero como sea, tú Lucas, ya puedes ir presentándote a los concursos de dibujo que den premio económico. 
Si están de acuerdo quiero que me den todo el dinero que podamos ir ganando, de ese dinero reservaré un 5% para invertir cuando tenga formación para ello. Hasta que no consigamos el objetivo de poder mantenernos por nosotros mismos con nuestros trabajos llevaré la economía. Si alguno no está de acuerdo no hay problema, seguiremos siendo tan amigos como siempre, pero si se deciden a seguir mi plan no voy a permitir ninguna tontería, toca estudiar y no gastar mientras lo podamos evitar. 
Nos sorprendió aquella faceta de Mari, hasta entonces conocíamos la de cuidadora que ejerció desde siempre con nosotros, pero al fin y al cabo, una madre para que sus hijos lleguen a buen puerto tiene que tener mano de hierro. Y los tres dijimos que sí.
Al poco yo comencé a estudiar cocina, Kevin se apuntó en una academia y Mari y Lucas comenzaron el bachiller.
El centro nos daba semanalmente un dinero para guaguas y desayunos. Mari le contó a Carmensa el plan que pensábamos seguir y le pidió ayuda: si nos dejaba por las mañanas coger de la cocina unas botellas de agua y algo de comida empezaríamos a ahorrar. La buena de Carmensa se encargó de que desayunáramos con fundamento y ella misma nos hacía unos bocadillos de tortilla o lo que terciara,  añadiendo además zumos, batidos y agua. La casualidad quiso que los cuatro estudiáramos más o menos en la misma zona, a unos treinta minutos caminando desde el centro de acogida. Y nos tocó madrugar para acudir caminando y ahorrarnos el dinero de las guaguas. 
Ninguno de los dragones se quejó.

Continuará. 

Los dragones. Capítulo 13.

 Con Carmensa bajo la lupa de la sospecha seguí desenredando el hilo de la memoria.

Fueron pasando los años, todo seguía su curso natural y crecíamos, aunque unos sucesos luctuosos afectaron directamente a mis amigos.
Los padres de Kevin, a punto de cumplir su condena fallecieron con un mes de diferencia, el padre en una reyerta carcelaria y la madre por enfermedad. La madre de Lucas que había vivido hasta entonces entrando y saliendo de centros de rehabilitación parecía que había vencido a sus adicciones, pero el sida con el peor de los finales borró sus sueños de llevar una vida normal junto a su hijo.
Mis amigos vivieron esas pérdidas a su manera, Lucas que se expresaba a través de sus dibujos dotó a sus personajes de una característica: sustituir las pupilas de los ojos por dos lágrimas, entonces no sabía que pasados unos años sería su seña de identidad.  Kevin no sabía mostrar sus emociones y se volvió más bruto, más taciturno y se sacudió la pena con el ejercicio físico.
Los cuatro asumimos la inefable orfandad haciendo piña, éramos nuestra propia familia y Mari prometió que costara lo que costara,  nos mantendría unidos.
En la adolescencia comenzamos los esbozos que terminarían por definir nuestros destinos. Mari aunque mejoró en lengua era una apasionada de las matemáticas, tenía un don con los números. Su sueño a medio plazo era ganar mucho dinero para poder vivir en una casa con un patio grande donde jugaran los niños que pensaba adoptar. Lucas era un hacha con el lápiz y terminó de encontrar su estilo a través de los comics donde reflejaba la dura realidad que nos tocó en suerte, pero con una sensibilidad tan pasmosa que te tocaba por dentro. Los profesores del colegio y los educadores del centro lo animaban a participar en concursos de dibujo, y aunque evidentemente le faltaba la técnica, fue atesorando premios. Kevin no parecía tener preferencia por nada en particular, pero la tenía. Le llevó varios años más sincerarse con nosotros que lo sabíamos todo de todos; solo podíamos observar como su cuerpo delgado y estirado fue cambiando sus contornos dando pistas del armario en que se convertiría. Y yo, pues lo tenía claro, mi destino sería el centro culinario de aprendizaje cuando cumpliera los dieciséis años.
Tuvimos como todos los chavales una adolescencia con sueños y miedos, Mari quería estudiar alguna carrera de números que le permitiera ganar mucho en poco tiempo, Lucas quería entrar en bellas artes, yo, como ya expresé antes, en cuanto terminara los estudios primarios entraría en el centro culinario y Kevin... a Kevin solo pudimos sacarle que estudiaría para sacar unas oposiciones.
Parecía que vislumbrábamos un futuro favorecedor, pero no éramos tonto, teníamos una espada de Damocles pendiendo sobre nuestras cabezas.
A los dieciocho años el estado dejaría de tutelarnos y con esa edad era imposible que tuviéramos las titulaciones que deseábamos, como humo que se desvanece, tal certeza nos hacía bajar de las nubes.
-Está jodido chicos, pero ya encontraremos la forma, lo importante es seguir los cuatro unidos, los dragones juntos somos invencibles.
Esos nos decía Mari cuando se nos caía el mundo.

Continuará. 


jueves, 9 de abril de 2026

Los Dragones. Capítulo 12.

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 Carmensa era una chica joven y redonda que llevaba la cocina del centro como si le fuera en ello la vida.
Le gustaba tanto cocinar como comer y su buen carácter hacía que a todos nos cayera bien.
Sin duda me "adoptó" como ayudante cuando se percató de algo que yo aún ni intuía: me gustaba la cocina. Y mientras Mari por las tardes aprendía a desenredarse con la letras, yo fui aprendiendo gradualmente a manejarme entre pucheros. Me gustaba crear con las manos, me extasiaba el aroma de las elaboraciones... todo me llenaba, había descubierto la alquimia que me proporcionaba un placer desconocido.
Carmensa me decía que yo "tenía mano" y que si me lo proponía podía ganarme la vida con el don que había descubierto por casualidad por puro aburrimiento.
Así las tardes en que mis amigos seguían con sus cosas, en el centro me permitieron que acompañara a Carmensa en la cocina y que siguiera aprendiendo. 

Mientras recordaba lo anterior me percaté de algo. Carmensa, la mujer que me había iniciado en la cocina era la persona que Mari había contratado para que la ayudara con sus niños en la actualidad. Era tal el grado de confianza que mi amiga no había dudado en llevársela a vivir a su casa cuando comenzó con las adopciones. Carmensa era imprescindible, la persona de confianza que dejó la cocina del centro para ayudar a Mari en todo lo que necesitaba. La considerábamos familia. 
Y Carmensa nos conocía desde que entramos en Los Dragos, sabía mucho sobre nosotros cuatro, nos había visto crecer. Vale que era cuestionable que supiera de primera mano algunos detalles que solo nosotros conocíamos, pero ¿y si alguno sin darse cuenta le hubiera contado las anécdotas que aparecían en el libro? 
Una inquietud inesperada me hizo coger el teléfono y llamar a Mari. Después de hacerla partícipe de mi  conjetura se quedó un rato callada, eso me hizo pensar que no era tan descabellada mi sospecha. Luego me dijo algo así como que lo único que le había visto escribir a Carmensa eran recetas y me pidió que no le diera tantas vueltas a aquello o terminaría como una cabra.
Lo intenté, de verdad que lo hice, pero un  run run en forma de interrogante seguía inundando mis pensamientos.
¿Podía ser la buena de Carmensa la autora del libro?

Continuará. 

Los Dragones. Capítulo 11.

 Después de que mis dos amigos negaran la autoría del libro me llamó Mari exaltada.
-Lucas y Kevin me tienen frita, los dos quieren tener el libro ya, voy a tener que escanearlo y que uno de ellos lo lea en el ordenador. Chacho Saulo, que el tiempo no me sobra, a ver como me las arreglo que los dos quedaron en pasar por mi casa hoy. 
-Ya que lo vas a escanear me lo pasas que quiero leerlo otra vez.
-Claro guana, que no tengo otra cosa que hacer... En fin, quizás sea mejor así, que todos los hayamos leído antes de vernos y tratar el temita. Te dejo coco liso que tengo lío.
De nuevo tenía que enfrentarme a los días que restaban para vernos los Dragones y daba por hecho que por mucho que lo propusiera, el asunto iba a seguir martilleando mi cabeza.
No me equivoqué y volví a verme con ocho años. 

Los Dragones ya estábamos hechos al centro de acogida y al colegio, aquellas rutinas nos ayudaban a estabilizarnos emocionalmente. 
Entonces, con ocho años, ya los niños leían de corrido, pero a Mari le seguía costando ponerse al mismo nivel. Se desesperaba repitiéndose que era tonta, torpe, de nada le servía que yo le dijera que era muy inteligente y  la mejor del curso con las matemáticas, seguía deprimida. Entonces una profesora llamó al centro y citó a una educadora. En aquella reunión por supuesto estuvo presente Mari y lo que la profesora quería comunicarles era que estaba casi segura de que mi amiga era disléxica. 
Le explicó lo que significaba y que lo que correspondía era que acudiera a un centro especializado donde la evaluaran. 
No se equivocó la profesora, mi amiga era disléxica, tendría que ir por las tardes a unas sesiones externas que la ayudarían con el trastorno del aprendizaje que le impedía avanzar con las letras, estaba aliviada al poder ponerle nombre  a su desventaja, y también contenta, mediante aquellas sesiones iba a mejorar sus habilidades lectoras y de escritura y podría avanzar en sus estudios como los demás.
El primer día que acudió por la tarde a la sección con el logopeda la eché de menos. Kevin había insistido tanto en el centro con el ejercicio físico que le consiguieron unas pesas y las cogió -nunca mejor dicho- con ganas y para Lucas no había actividad que lo relajara más que dibujar en su blog. O sea, que yo me estaba aburriendo. 
Sin saber como pasar el tiempo hasta que llegara Mari me vi en la cocina del centro y una cocinera, Carmensa me preguntó que si necesitaba algo, -no sé que hacer- respondí cabizbajo, y aquella mujer poniéndome un delantal que me llegaba casi a los pies, me puso a deshojar una lechuga.

Continuará. 




jueves, 2 de abril de 2026

Los dragones. Capítulo 10.

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 Cuando solo faltaba un día para el encuentro de los dragones recibí una llamada de Lucas.
-Oye, que estoy llamando a Mari y no me lo coge.
-Creo que hoy tenía que llevar a la niña a revisión, seguramente  no tendrá cobertura.
-Claro, no había caído que a la niña la operaron hace poco, sé que salió bien pero me había despistado con las revisiones, intentaré hablar con ella más tarde, pero por si consigues contactar antes le dices que me tengo que ir de viaje, así que lo de mañana va a tener que esperar. Por cierto, ¿qué misterio se trae Mari con eso de que tenemos que vernos los cuatro por algo importante?
-Llevo toda la semana deseando que llegue el sábado para vernos y ahora tú no puedes... 
-¿Tú también te vas a poner misterioso? Coño, dime de que íbamos a hablar supuestamente mañana.
-Es por un libro que encontré por casualidad en un mercadillo, y no te lo vas a creer, pero cuenta nuestra infancia en el centro, de "pe a pa". Nosotros cuatro, los Dragones, estamos perfectamente retratados. Tenemos que averiguar quien de nosotros lo escribió sin comunicárnoslo.
-Uh qué raro todo ¿no? ¿Y por qué sospechas qué lo escribió uno de nosotros? ¿No pudo ser alguien del centro que convivió con nosotros?
-Ni de coña, se cuentan cosas que solo los cuatro conocemos. Por cierto, le pasé el libro a Mari después de leerlo. Y ya aprovecho para preguntarte si por el  motivo que fuera tú lo escribiste y  lo mantuviste en secreto.
¿Yo?, ya sabes que lo mío es dibujar, pero me estás dejando intrigado. Me paso antes de irme de viaje por casa de Mari y que me deje el libro. ¿Kevin está al tanto?
-No, por eso queríamos mañana vernos todos, para hablar de esto. 
-Ya, pero me citaron como ponente en la semana del cómic en Tenerife y no les puedo fallar. Mejor dejamos la cita para la próxima semana, deberías hablar con Kevin y contarle la movida, ahora todos estamos al tanto menos él. 
-Tienes razón, lo llamo ahora, a ver si no lo cojo de servicio y le cuento.
-Vale, yo seguiré insistiendo con Mari para quedar sin falta hoy y recoger el misterioso libro.
-Vale tío, y felicidades por la ponencia, estás que te sales artista. 
Luego me tocó llamar a Kevin y ponerlo al día y por supuesto se sorprendió al conocer de la existencia del dichoso libro. Quiso leerlo a toda costa para sacar sus conclusiones y le dije que se pusiera de acuerdo con Lucas, igual no le importaba que Kevin se le adelantara en la lectura. 
No dejé pasar la ocasión de preguntarle a Kevin si él había escrito el libro respondiendo: "¿Y para qué cojones iba yo a escribir un libro?"
Seguía el misterio y solo tenía claro que uno de nosotros no estaba diciendo la verdad. 

Continuará.