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El despertador me pilló en pleno sueño, poco había dormido después de una larga noche de lectura. Me costó arrancar más de lo habitual, y no solamente por las pocas horas dormidas, no. No conseguía quitarme de la cabeza el libro, su autoría y sobre todo el por qué de aquella publicación.
Sin poder aguardar más para hablar con Mari, hice la llamada desde el coche mientras me dirigía a mi centro de trabajo.
-Mari, tengo algo importante que comentarte.
-Hola Saulo, si no es de vida o muerte vas a tener que esperar, estoy en el hospital con Patri que hoy la operan de la vista y está nerviosilla.
-Ah coño, se me había pasado, perdona. En cuanto salga del quirófano me llamas y me cuentas, seguro que sale todo bien. Y no te preocupes, mi llamada no es cosa de vida o muerte, pero seguro que te vas a quedar loca con lo que tengo que contarte.
-Si lo que querías era dejarme intrigada lo has conseguido, luego nos hablamos. Te dejo que ya vinieron a buscar a la niña para bajarla a quirófano.
¿Cómo había podido olvidar la operación de Patricia? Intentaría dar las clases justas para poder salir antes y dirigirme al hospital, Mari agradecería mi compañía y de paso si las circunstancias lo permitían le contaría lo del libro.
Me dirigí a Tafira conduciendo en modo automático y los recuerdos del pasado me envolvieron dolorosamente, regresé a mis cinco años.
En la memoria poco había quedado de mis padres, apenas que eran dos personas que a menudo se ponían muy nerviosos y que tras usar una jeringuilla para curarse parecían mejorar. En una de esas ocasiones en que estaban "malitos" no se despertaron. La heroína adultera los llevó a su último viaje, dejándome a su lado asustado sin conseguir despertarlos. Supongo que mi mente traumatizada borró los dos días que permanecí solo con mis padres muertos. Lo siguiente que recuerdo es verme ya en el centro de acogida, El Drago. Llegué en unas condiciones higiénicas lamentables y me tuvieron que rapar: tenía la cabeza minada de piojos.
La primera noche, eso lo recuerdo perfectamente, lloré desconsolado.
-¿Qué te pasa bonito?
-Ya no tengo padres.
-Bueno, padre no voy a poder ser, pero si quieres me convierto en tu madre.
Me acarició la cabeza diciendo bajito: pues sí que te han dejado el coco liso. Aquellas manos me transmitieron tanta ternura que no dudé en dejarme adoptar por aquella niña que como yo, tenía cinco años. Mi querida Mari del alma.
Llegué al centro culinario de aprendizaje donde impartía clases con los ojos nublados y antes de incorporarme a mi rutina diaria le escribí un mensaje a mi amiga-madre.
-Tranquila, ya verás que la operación sale bien. Si consigo cubrir las clases con algún compañero me escapo antes y te hago compañía en el hospital.
Y de paso te cuento, es que no te lo vas a creer cuando lo sepas....
Continuará.