jueves, 26 de marzo de 2026

Los dragones. Capítulo 8.

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 Mari estaba entusiasmada con la idea de que fuéramos a ir a un colegio de verdad.
El personal del centro nos llevó a comprarnos los uniformes y lo cierto es que a los cuatro nos hizo ilusión, por primera vez tendríamos esa vestimenta que nos igualaría a los niños que tenían unos padres normales y vidas estables. Una tarde oímos a dos educadoras diciendo que aprovecharían para salir a comprarnos las mochilas y el material escolar necesario.
Yo también voy -se apuntó como siempre Mari-. La idea inicial era que acudirían solas, pero ante la insistencia de la niña le permitieron que se saltara las actividades programadas y la dejaron ir. Regresó contenta, le habían permitido elegir su mochila y las nuestras. La suya tenía una gallina con tres pollitos que la seguían en fila. Toda una declaración de intenciones: ella era la gallina y los pollitos nosotros tres. 
Volví a la realidad, en el libro se describía aquella mochila que tanto representaba a Mari. Pensé que ese tipo de detalles pasaría desapercibido al menos que lo hubiera narrado alguien que lo hubiera vivido en primera persona, o sea,  alguno de nosotros. Cuando recordaba algún detalle de ese tipo del libro lo apuntaba en una libreta para comentarlo con Mari. 
Aquella libretita se fue llenando, mientras yo seguía subido a la cuerda de aquellos recuerdos infantiles.
Me vi con seis años nervioso el primer día de colegio, los cuatro lo estábamos, pero Mari que por algo era mamá gallina, después de pasar revista a nuestros uniformes nos deslizó un peine por la cabeza empapado en una colonia suave que guardaba como un tesoro. Recuerdo los olores: las mochilas nuevas, los lápices... Una cuidadora nos subió a un cuatro latas azul y nos llevó al colegio.
Al tener la misma edad, el centro había solicitado al colegio que no nos separaran, ya que nos enfrentaríamos a aquel nuevo entorno en desventaja, por lo menos que se nos permitiera que nos arropáramos los unos a los otros.
Los pupitres eran dos plazas, a Mari y a mí nos tocó juntos y en la fila de atrás nos escoltaron Kevin y Lucas. 
Al principio los niños nos miraban con curiosidad, supongo que sentirían lástima ante nuestra situación de desamparo familiar, pero a los pocos días nos relacionábamos todos con todos. Por supuesto que algún capullo hubo que intentó burlarse de nosotros, pero la cosa no llegó a más, para eso teníamos a Kevin, que con su cara de bruto y sus gestos amenazantes lo espantó sin necesidad de hacer lo que le apetecía, pegarle una buena hostia. 
Y aunque nos gustó conocer a otros niños y niñas y hacer nuevas amistades, nosotros cuatro éramos una piña, una familia.
Como no era un secreto que veníamos cada día del centro de acogida llamado Los Dragos, no tardamos en ser conocidos como "los dragones". 
Y nos gustó.

Continuará.

Los dragones. Capítulo 7.

 Era martes, así que tendría que esperar hasta el sábado para que, si cuadraba, nos viéramos los cuatro para hablar sobre el intrigante libro. 
Intenté centrarme en el trabajo esos días para quitármelo de la cabeza, de nada me servían las elucubraciones sobre su autoría hasta que nos encontráramos, pero fue misión imposible, sin poder evitarlo retrocedí en el tiempo recordando la niñez de aquellos cuatro niños que compartieron vida en la casa de acogida.
Me vi aferrado con cinco años a Mari, que teniendo mi misma edad se convirtió en mi refugio, mi puerto seguro. Viniendo de donde veníamos, ninguno había estado escolarizado, la enseñanza obligatoria comenzaba a los seis años y mientras, en el centro de acogida intentaban que aprendiéramos lo que hasta ese momento se nos había negado por las nefastas circunstancias anteriores. 
Se supone que con seis años los niños comenzaban a leer y nosotros estábamos en desventaja, las educadoras y educadores del centro hicieron especial hincapié para que no llegáramos en pañales, pero a Mari le costaba más que al resto, por el contrario, le gustaban los números y casi de forma intuitiva aprendió en poco tiempo lo que cualquier otro menor que hubiera estado escolarizado con anterioridad. 
Mi amiga, que se apuntaba a un tiroteo -por algo la apodaron "yo también voy"- estaba deseando cumplir los seis años y comenzar en la escuela. A mí no me hacía gracia, después de acostumbrarme a vivir en el centro otro cambio me parecía una amenaza, pero ahí estaba Mari para cogerme de la mano diciendo que sería estupendo salir todos los días del centro como los niños "normales". 
Lucas -el suave- tenía ganas de comenzar el colegio siempre y cuando fuera un sitio tranquilo y Kevin -el fideo- nos decía que ya estaría él para defendernos si se metían con nosotros.
En aquel impas de espera le comunicaron a Mari que había una familia interesada en adoptarla, una pareja iba a visitarla en el centro para conocerla antes de tomar una decisión definitiva. Lloré cuando lo supe, ¿me iba a quedar otra vez sin madre? Kevin y Lucas también estaban acojonados aunque no lo demostraran llorando como yo. Aquella niña extendía su manto protector y afectivo sobre nosotros y ya habíamos perdido demasiado antes de tiempo. La necesitábamos.
Y para ella nosotros éramos su familia, no quería que nos separaran.
Llegó el temido día, el de encontrarse con los potenciales padres. Antes de reunirse con ellos la abracé como si fuera a perderla.
-No pasa nada Saulo, confía en mí, de aquí no me sacan.
Lucas, Kevin y yo supimos más tarde por ella misma como había transcurrido aquel primer encuentro, primero... y último. 
Siguiendo un plan había estado bebiendo agua de más durante toda la tarde y aguantándose las ganas de ir al baño. En cuanto vio a la pareja se tiró al suelo ignorándolos, los pobres debieron esforzarse por caerles bien a aquella niña que mordió al hombre cuando intentó acariciarla y de su boca infantil salieron sapos y culebras, terminó su actuación estelar orinándose sobre los zapatos de la mujer. 
-Mis niños -nos tranquilizó- yo no me voy con nadie, ustedes son mi familia.

Continuará.


jueves, 19 de marzo de 2026

Los Dragones. Capítulo 6.

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 No pude evitar el nerviosismo y me aturullé contando mi descubrimiento. 
Mari me pidió calma, no se estaba enterando de nada y me obligué a ordenar el relato que desde la noche anterior me tenía desnortado. Observé la expresión de asombro en su cara mientras le contaba que alguien había escrito un libro que contaba nuestras vidas en el centro de acogida y que además, lo había publicado.
-Joder Saulo, vaya  notición. ¿Quién y por qué ha querido desentrañar nuestro pasado? 
-No lo sé, pero por la cantidad de detalles parece que uno de los cuatro tuvo que ser.
-No sé, es raro, quizás alguno ha contado su infancia sin olvidar ninguna coma a alguien, pero claro, sin leer el libro no puedo llegar a ninguna conclusión. ¿Has indagado acerca del autor?
-J. García Rodríguez, habrán miles de personas con esos apellidos. Vete a saber.
-¿Y la editorial? Por ahí se podría tirar del hilo. Pero lo primero es lo primero, déjame el libro que esta noche me lo zampo, la curiosidad me está comiendo.
-Coño, mira que soy tonto, lo dejé en mi casa.
-Pues ya puedes ir a buscarlo y me lo traes. 
-Vale, pero mi impresión es que algunos de los dragos ha tenido que ser el autor, sin contarme a mí, claro, y no te ofendas, pero a ti también te descarto, no tendría sentido que lo hubieras hecho sin contarme nada.
Mari respondió con una de sus escandalosas carcajadas, ¿yo? preguntó, pero si tengo faltas de ortografía hasta hablando....
-Bueno eso también te descarta. Voy a por el libro, luego intentaré averiguar algo de la editorial, que no se me había ocurrido tirar por ahí, aunque sigo pensando que uno de los dragones es su autor y solo me quedan Kevin y Lucas.
Volví a mi casa a por el libro y regresé al hospital, Patri se estaba comiendo mis galletas con ganas, buena señal. Le dejé el ejemplar de "Los Dragones" a  mi amiga y regresé a mi casa sin pararme para hacer la compra que había planeado. Necesitaba tiempo para indagar.
A través de internet pude saber que la editorial se había especializado en publicar biografías de gente anónima que por lo que fuera, deseaba dejar por escritos sus memorias. Solían ser tiradas cortas que normalmente terminaban como regalo en manos de los familiares del autor o autora que lo hubiera escrito. Telefoneé  y tuve suerte, todavía no habían terminada su jornada laboral.
No pudieron añadir mucho más a lo que internet me había chivado, hacían tiradas pequeñas básicamente de biografías. Pregunté por el autor o autora, pero después de hacerme esperar un rato poco añadieron, no tenían datos personales del tal J. García Rodríguez. 
A las seis de la mañana Mari me llamó.
-Espero no haberte despertado, es que no podía esperar más. 
-Pues sí que estaba dormido, como anoche casi no pegué ojo...
-Pues te tomas un café bien cargado Saulo, ahora mismo llamo al resto de los dragones, ya tendremos tiempo de dormir cuando estemos muertos, ahora lo que importa es vernos lo antes posible para averiguar quién coño escribió el libro.
-Esa boca Mari, que estás con la niña, por cierto, ¿cómo está?
-Bien, bien, si todo sigue así hoy le dan el alta. Este sábado si consigo que nos reunamos todos quedamos en mi casa. 
-Vale,  hace un par de semanas que no los veo y ya toca. Yo llevo la comida, aunque nos hablaremos antes, a ver como sigue mi ahijada preferida. 
-Sí sí, te dejo, que la niña se está despertando.

Continuará. 


Los Dragones. Capítulo 5.

 Ya en el hospital mimé a mi ahijada, la niña de Mari.
¿Cómo está mi negrita canaria preferida? Patri ya había despertado de la anestesia y me regaló una de sus sonrisas desdentadas que tanta gracia me hacían. 
Mari me puso al corriente de la operación: todo salió bien, aunque tendrá que llevar un parche en el ojo durante un tiempito, le conseguí unos de muñequitos que le van a encantar, ¿verdad cielo? Y mi olfato me dice que esa bandeja contiene galletas de las ricas. Mi niña, vas a a tener que esperar un ratito por lo de la anestesia, de momento el zumo te sentó bien. 
Admiré la valentía de aquella niña, se había tenido que someter a duras operaciones desde bien pequeña y nunca la vi poner mala cara. Esta última había estado motivada por el extremo estrabismo con el que había nacido, más que un problema de salud como tal, le iba a generar a Patri problemas psicológicos, ya se sabe, los niños pueden ser crueles y mi amiga había querido evitar que su hija mayor fuera "la bizca" y  a diana de burlas ajenas.
Me alegré que todo hubiera salido bien y estaba deseando contarle a Mari lo del libro, aunque conociéndola como la conocía, no me iba a permitir hablar de asuntos de mayores delante de su hija, en ese sentido era bastante estricta. 
-¿Cómo está el peque? pregunté intentando olvidarme del asunto del libro mientras no pudiera mencionarlo.
-Ancor está estupendo, se nota la rehabilitación, cualquier día se echa a correr y no voy a poder alcanzarlo, 
-¿Está con Carmensa?
-Sí claro, gracias a esa alma bendita puedo estar tranquila, aunque echo de menos estar con mis dos niños, pero bueno, lo que toca, ya me jartaré cuando le den el alta a Patri.
-Vete a tu casa, tengo el resto del día libre y me quedo con la niña, te das una buena ducha y ves al niño, ya sabemos que con Carmensa está bien, pero te quedas tranquila.
-Ni de coña, de aquí no me muevo. 
-Me imaginaba que ibas a decir eso, pero vete a cafetería y te tomas un café para espabilarte, que las ojeras te llegan al cuello.
-Qué no Saulo, no seas pesado, que de aquí no me muevo, pero vete tú y me traes uno si te parece.
Y claro que me pareció. En el comedor del hospital, mientras hacía cola para que me atendieran, volví a admirarla por su coraje como madre. Había adoptado a dos criaturas con múltiples problemas de salud que la hacían salir de una operación para meterse en otra. Patri era una niña africana que había sido abandonada con serios problemas cardíacos, cuando Mari la adoptó sabía la gravedad y los médicos no daban un duro por su vida, pero salió adelante. Y como si tuviera poco con la niña adoptó a un niño asiático también abandonado en un orfanato; Ancor tenía una lesión tan extrema en la columna que los médicos no sabían si podría algún día levantarse de la silla de ruedas, pero a pesar de los nefastos vaticinios su niño se estaba recuperando aunque tuviera que someterse a rehabilitaciones maratonianas.
Cuando llegué con los cafés Patri se había dormido y  Mari me pidió que le contara aquello que me tenía tan alterado.
Por fin le pude contar lo del libro.

Continuará. 



jueves, 12 de marzo de 2026

Los dragones. Capítulo 4.

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 Después de pasadas las primera horas Lola se ofreció para ocuparse de las clases que restaban. Se lo agradecí con dos besos en las mejillas y con un surtido exquisito de galletas aún tibias me dirigí al coche para visitar a Mari y su niña en el hospital.
De nuevo me puse en modo automático, es llamativo como podemos llegar de un sitio a otro conduciendo sin ser conscientes de que lo estamos haciendo. Pero así es.
Evoqué a mis otros amigos, a Kevin y a Lucas, es curioso como desde pequeños calamos a las personas para acertar con apodos que son una declaración de intenciones. 
Lucas había llegado a Los Dragos hacia un año; era hijo de padre desconocido y su madre que había ejercido la prostitución estaba en un centro de desintoxicación. Era tan rubio que si la luz incidía en su cara casi no se le apreciaban las pestañas, sumando sus ojos claros y sus facciones se podía suponer que tenía ascendencia nórdica. Sus primeras experiencias debieron ser traumáticas, pues se alteraba cuando escuchaba un tono de voz más alto de lo normal, plegándose sobre sí mismo y sufriendo lo que parecían ataques de pánico. Hablaba en un tono medido, bajito y sus movimientos corporales eran sutiles, sin gestos bruscos. Si añadimos que evitaba cualquier conflicto su apodo, "el suave", estaba más que justificado. Resumiendo mucho, era extremadamente sensible.
Luego estaba la otra cara de la moneda, Kevin que había llegado al centro al mismo tiempo que Lucas. Kevin era alto, delgado y escurridizo como un fideo. La genética no había sido generosa con él y solo con mirarle la cara era fácil pensar que provenía de barrio y no precisamente de Ciudad Jardín, tenía cara de "matao". Sus padres estaban cumpliendo una larga condena en la cárcel por participar en una reyerta donde alguien había resultado muerto por arma blanca. 
Siendo tan diferentes, Lucas y Kevin, se hicieron inseparables, el carácter pausado de Lucas ayudaba al explosivo de Kevin cuando perdía los papeles. Por su parte Kevin tomó bajo su ala protectora a Lucas, no dejaba que nadie le soplara. Mari, como las madres, ejercía de pegamento en el grupo que formamos los cuatro.
Siendo diferentes teníamos en común un pasado que ningún niño debería vivir y no sé si sería porque teníamos la misma edad, pero hicimos panda desde el minuto uno. Éramos familia.
Inmerso en aquellos recuerdos llegué al hospital deseando contarle a Mari lo del libro.

Continuará. 

Los dragones. Capítulo 3.

 Según entré en mi lugar de trabajo, Lola, la gerente de aquel lugar me cató.
-¿Qué te pasa Saulo? tienes pinta de haber dormido entre poco y nada.
-Sí, la verdad es que casi no he pegado ojo y me temo que una de mis migrañas viene a hacerme compañía. No le mentí, la cabeza me estaba comenzando a martirizar. Y te quería pedir un favor, si las clases hoy no están apretadas me vendría bien salir un rato antes.
-No te preocupes, tómate algo antes de que la migraña vaya a más. Si me puedes cubrir las primeras horas yo me ocupo de las demás clases, que hoy- cosa rara- la cosa está tranquila. Y si te encuentras peor te vas, Saulo, ya nos apañaremos.
Agradecí que Lola fuera como era, una jefa y amiga con la que podía contar y después de tomar un fuerte analgésico comencé con mis clases.
Disfrutaba con mi trabajo, mucho, aquel lugar era mi lugar seguro y me gustaba tratar con el alumnado. Aunque a veces l@s chic@s fueran ruidos@s y aloca@s tenían la misma pasión que yo, la cocina. 
Me saludaron con el habitual "buenos días chef" que me hinchaba el ánimo, pero esa mañana no iba a ser suficiente, tenía la cabeza en otro sitio. 
Como veía que no me concentraba, les pedí que fueran creativ@s y prepararan galletas, que fluyeran. Por cierto, les dije, tengo a la hija de una amiga en el hospital y me gustaría llevarle algunas, por si les sirve de algo, a la niña le encanta el chocolate.
Mientras los aromas de los  hornos me bendecían, seguí pensando en el libro, e inevitablemente en los primeros tiempos en el centro de acogida.

Por supuesto mi mote pasó a ser coco liso, y poco a poco fui descubriendo el porqué de los apodos que cargaban mis nuevos amigos. 
La madre de Mari había fallecido en el parto y si aquella pobre mujer tenía familia nadie movió un dedo por la recién nacida. Con pocos días de vida la llevaron a Los Dragos y le pusieron de nombre María.
El personal del centro le tenía un especial cariño a aquella niña que siempre estaba dispuesta a ayudar a los demás y que se apuntaba a un tiroteo, si escuchaba a las educadores decir, por ejemplo, tenemos que ir a hacer la compra, ella rápida se apuntaba con su frase preferida: yo también voy, si escuchaba que había que llevar a reparar lo que fuera, repetía la misma cantinela. Y se quedó con el apodo.
Mari, siendo tan pequeña como yo, supo regalarme aquella sensación de protección que tanto necesitaba, pero también envolvía con sus cuidados a Lucas y Kevin, aunque ellos se dejaban querer y la adoraban, había una diferencia conmigo, porque aunque pareciera una locura, yo la sentía como a una madre.

Continuará.







jueves, 5 de marzo de 2026

Los Dragones. Capítulo 2.

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El despertador me pilló en pleno sueño, poco había dormido después de una larga noche de lectura. Me costó arrancar más de lo habitual, y no solamente por las pocas horas dormidas, no. No conseguía quitarme de la cabeza el libro, su autoría y sobre todo el por qué de aquella publicación. 
Sin poder aguardar más para hablar con Mari, hice la llamada desde el coche mientras me dirigía a mi centro de trabajo. 
-Mari, tengo algo importante que comentarte.
-Hola Saulo, si no es de vida o muerte vas a tener que esperar, estoy en el hospital con Patri que hoy la operan de la vista y está nerviosilla.
-Ah coño, se me había pasado, perdona. En cuanto salga del quirófano me llamas y me cuentas, seguro que sale todo bien. Y no te preocupes, mi llamada no es cosa de vida o muerte, pero seguro que te vas a quedar loca con lo que tengo que contarte.
-Si lo que querías era dejarme intrigada lo has conseguido, luego nos hablamos. Te dejo que ya vinieron a buscar a la niña para bajarla a quirófano.
¿Cómo había podido olvidar la operación de Patricia? Intentaría dar las clases justas para poder salir antes y dirigirme al hospital, Mari agradecería mi compañía y de paso si las circunstancias lo permitían le contaría lo del libro.
Me dirigí a Tafira conduciendo en modo automático y los recuerdos del pasado me envolvieron dolorosamente, regresé a mis cinco años.
En la memoria poco había quedado de mis padres, apenas que eran dos personas que a menudo se ponían muy nerviosos y que tras usar una jeringuilla para curarse parecían mejorar. En una de esas ocasiones en que estaban "malitos" no se despertaron. La heroína adultera los llevó a su último viaje, dejándome a su lado asustado sin conseguir despertarlos. Supongo que mi mente traumatizada borró los dos días que permanecí solo con mis padres muertos. Lo siguiente que recuerdo es verme ya en el centro de acogida, El Drago. Llegué en unas condiciones higiénicas lamentables y me tuvieron que rapar: tenía la cabeza minada de piojos.
La primera noche, eso lo recuerdo perfectamente, lloré desconsolado. 
-¿Qué te pasa bonito?
-Ya no tengo padres.
-Bueno, padre no voy a poder ser, pero si quieres me convierto en tu madre.
Me acarició la cabeza diciendo bajito: pues sí que te han dejado el coco liso. Aquellas manos me transmitieron tanta ternura que no dudé en  dejarme adoptar por aquella niña que como yo, tenía cinco años. Mi querida Mari del alma. 

Llegué al centro culinario de aprendizaje donde impartía clases con los ojos nublados y antes de incorporarme a mi rutina diaria le escribí un mensaje a mi amiga-madre.
-Tranquila, ya verás que la operación sale bien. Si consigo cubrir las clases con algún compañero me escapo antes y te hago compañía en el hospital. 
Y de paso te cuento, es que no te lo vas a creer cuando lo sepas....

Continuará.