jueves, 30 de abril de 2026

Los Dragones. Capítulo 18.

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 Poco a poco fuimos amueblando Frankenstein, así llamábamos a la que sería nuestra casa en cuanto Lucas cumpliera la mayoría de edad.
Conseguimos cuatro sillas diferentes entre ellas, una mesa que por supuesto no pegaba ni con cola, literas de segunda que tuvimos que reforzar, la cocina se fue nutriendo de los cacharros que Carmensa nos  pasaba cuando ya estaban para pasar a mejor vida y yo también pude rescatar de la escuela culinaria utensilios que ya daban por más que amortizados.
Pero Mari fue inflexible en cuanto a los electrodomésticos, después de una mala experiencia en el centro, -había visto como una trabajadora casi perdía una mano al explotarle una vieja plancha-, nos dijo que aunque tuviéramos que comprarlos pagándolos a plazos, no quería nada que tuviera enchufe que no fuera nuevo. 
El dinero que habíamos ahorrado desde los dieciséis años se había esfumado, una buena parte se destinó a financiar el carnet de conducir de Kevin, era imprescindible que contara con él para presentarse a las oposiciones de guardia civil, añadiendo el alquiler y los otros gastos que nos generaría vivir por nuestra cuenta y no nos quedó otra que comprar muchas cosas para irlas pagando mensualmente.
Yo con mi media jornada laboral como ayudante de cocina poco podía aportar, así que Kevin con su sueldo de guardia civil firmó las compras que menguarían mensualmente lo que cobraba.
Cuando Lucas cumplió la mayoría de edad dejamos Los Dragos y nos mudamos a nuestra Frankenstein, entre el miedo y la ilusión confiamos en que estar los cuatro juntos nos haría salir a flote.
Carmensa pasaba semanalmente con bolsas llenas de comida, chiquillos, nos decía, esta fruta está fea por fuera, pero se puede comer, lo mismo pasaba con verduras y todo lo que pudiera añadir a nuestra cocina para que tuviéramos que gastar menos, yo mismo aprovechaba todo lo aprovechable del centro culinario. Pero Carmensa iba más allá y solía aparecer con sábanas o toallas para nosotros con la excusa de que estaban de oferta. La buena de Carmensa siempre pendiente de que a "sus niños" no les faltara lo básico.
Mari y Lucas estudiaban como locos, dependían de sus becas para terminar sus carreras, pero aun así sacaban algo de tiempo para aportar a la economía conjunta. Mari llenó el barrio de cartelitos donde se postulaba como niñera y Lucas los fines de semana se situaba en La Puntilla con un caballete ofreciendo caricaturas a quien las pagara. 
Recuerdo con cariño algunos domingos que Kevin no tenía que trabajar y nos íbamos a ver a nuestro amigo dibujar mientras nos permitíamos el lujo de comprarnos un paquete de pipas.
Con la Playa de las Canteras de fondo y sabiéndonos unidos, sentíamos algo parecido a la felicidad.
Éramos familia.

Continuará. 

Los Dragones. Capítulo 17.

 Estaba agradecido por lo que había aprendido y aunque pudiera trabajar como ayudante de cocina en cualquier sitio, sabía que me quedaba mucho por aprender. 
En el centro de enseñanza culinaria sabían mis circunstancias: que estaba a punto de cumplir los dieciocho y tendría que sacarme las castañas del fuego por mí mismo. Uno de los profesores, Chago, me dijo que era una pena que no continuara con mi formación, que me veía futuro en aquella profesión. Me propuso un puesto de trabajo como ayudante de cocina en el restaurante que formaba parte de la escuela culinaria, podría trabajar a media jornada y seguir formándome, consciente de mis circunstancias me habló de una beca que ellos daban en circunstancias especiales y mi caso lo era. 
Me entusiasmé, podía ganar algo de dinero y seguir con mi sueño de titularme como chef. Pero, -siempre hay un pero- tenía que consultarlo antes con Mari, no iba a ser lo mismo entregar un sueldo que medio. 
-Tira pa,lante Saulo, valdrá la pena apretarse el cinturón y no te preocupes, ya nos arreglaremos.

La mayoría de edad de los cuatro estaba a la vuelta de la esquina, primero le llegaría a Kevin que por suerte -el destino no iba a ser siempre puñetero- cumplía años unas semanas antes de las oposiciones. Si las aprobaba sería el primero en tener un sueldo completo, Mari y yo cumplíamos el mismo mes y Lucas tendría que esperar unos meses más. 
En el centro Los Dragos sabían nuestras intenciones de irnos a vivir los cuatro juntos, y aunque teóricamente el estado te soltaba de la mano cuando cumplías los dieciocho, había excepciones. Lo cierto es que se portaron bien con nosotros moviéndose en las farragosas aguas de la burocracia, pero lo lograron, nos permitirían continuar en el centro hasta que Lucas cumpliera la mayoría de edad. Ganábamos unos meses antes de tener que depender de nosotros mismos.
Resumiendo los meses siguientes, Kevin aprobó las oposiciones y comenzó su andadura como guardia civil. El gimnasio lo había convertido en un armario empotrado y los rasgos pocos delicados de la niñez dieron paso a una cara brusca que si no lo conocías, intimidaba. Yo comencé mis andanzas como ayudante de cocina mientras seguía estudiando, Mari comenzó la carrera de Finanzas contenta de librarse por fin de las asignaturas obligatorias de lengua del bachillerato y Saulo comenzó Bellas Artes  con un estilo que destacaba por su identidad propia.
Todo seguía su curso, como el tiempo que no se detiene y a punto de cumplir Lucas la mayoría de edad Mari se puso manos a la obra.
Tenía que encontrar un piso barato y lo encontró en La Isleta. La palabra casa le quedaba grande, solo tenía dos habitaciones, cocina-salón y baño, todo minúsculo. El barrio había tenido mejores épocas, pero era lo que nos podíamos permitir en nuestras circunstancias.
La primera vez que fuimos juntos a ver el piso Kevin nos habló clarito:
-En estas calles se mueve droga, como yo vea a alguno de ustedes cerca de alguna porquería le parto la cara-. Y  no hablaba en sentido figurado. 
A pesar de que sabíamos que nos quedaban unos cuantos años de estrecheces y de que la casa era lo que era, comenzamos a ilusionarnos y a visitar sitios de segunda mano para amueblarla, pues por no tener no tenía ni bombillos. La buena de Carmensa comenzó a organizarnos un "ajuar" para la cocina.
-Miren mis niños, esta olla ya está cascadilla pero mientras el pitorro escupa la pueden aprovechar, y a este caldero le falta un asa, si lo cogen con cuidado hará su función.
Y de esa manera, con objetos tan machacados como nuestra primera infancia iniciamos el camino hacia el futuro.

Continuará.  

jueves, 23 de abril de 2026

Los Dragones. Capítulo 15.

Kevin no pudo mantener el secreto sobre sus estudios, tarde o temprano lo íbamos a saber y nos contó lo que hasta entonces nos había ocultado. 
-Me estoy preparando unas oposiciones para ser guardia civil y si no se los había contado antes es porque me imaginaba la cara de cachondeo que ahora mismo tienen.
Razón tenía, ninguno de nosotros tres lo hubiera imaginado en la vida, nos dio la risa y él amplió sus motivaciones. 
-Desde que nací me tocó la cara mala de la vida, unos padres delincuentes que terminaron en la cárcel, la infancia en un centro de acogida y como si fuera poco mi primera carta de presentación es la cara de matao que me tocó en suerte. ¿Qué se supone que voy a terminar siendo? ¿Otro delincuente? Pues resulta que yo quiero una vida normal, formar una familia, hacer algo bueno por la sociedad. 
Odio la droga y todo lo que la rodea, es lo que nos ha dejado sin padres, quiero luchar contra esa mierda y por eso quiero entrar en la guardia civil. Cuando lo consiga, porque lo voy a conseguir, encontraré la forma de currar en  anti-drogas. Y ya está, se pueden reír si quieren.
Kevin era muy reservado, no estábamos acostumbrados a que se abriera de aquella manera y Mari hizo de portavoz dando por sentado que pensábamos los mismo.
-Ala, pues tendremos a un guardia civil en la familia.
Por entonces Mari y Lucas estaban cursando bachiller y yo mis estudios en el centro de enseñanza culinaria.
Con Mari al timón no nos salíamos ni una coma de lo que ella había trazado, y lo que tocaba era estudiar.
Yo estaba encantado con lo mío y aún sabiendo todo lo que me quedaba por aprender me levantaba de lunes a viernes con ganas, con ilusión. Me encantaba la cocina.
A los pocos meses ya estábamos habituados a la nueva rutina que pasaba por dedicar todo el tiempo posible a los estudios. Kevin aparte de la parte de la teórica tenía que superar un examen físico y como formaba parte de su formación, consiguió que el centro le costeara un gimnasio.
Mari inflexible nos ayudó a confeccionar unos horarios de estudios y era la primera en darnos ejemplo "hincando los codos". 
Cuando vio que los cuatro estábamos centrados en lo que debíamos nos avisó, los fines de semana teníamos un horario flexible que nos permitiría ganar algo de dinero y tener un fondo para poder vivir juntos cuando cumpliéramos la mayoría de edad. 
-Mis niños, con dieciséis años se puede trabajar sin los tutores lo autorizan, ya pueden ir pensando en algo, ya me encargaré yo de que nos firmen los permisos que necesitemos.
Y nosotros tres seguimos confiando en aquella "madre" de nuestra misma edad que la vida había puesto en nuestros caminos. 

Continuará. 

Los Dragones. Capítulo 16.

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El centro donde cursaba mis estudios de cocina tenía una restaurante anexo.
Solían contratar personal extra para los fines de semana y yo me postulé para el poco edificante trabajo de freganchín. No es que me gustara, pero el entorno sí y como decía Mari, teníamos que ir ahorrando. Al ser menor de edad necesitaba la autorización de mis tutores y al estar tutelado por el estado el centro tuvo que mover papeleo, pero obtuve la autorización. 
Entre semana aprendía cocina y los sábados y domingos pasaba unas cuantas horas fregando cacharros, por supuesto, el dinero que ganaba se lo entregaba íntegramente a Mari. Cuando llevaba un par de semanas, Kevin me pidió que hablara a ver si lo contrataban a él para hacer lo mismo y fue posible.
Mari que siempre tenía el oído afilado, sabía que algunas cuidadoras tenían niños pequeños y que tiraban de "canguros" los fines de semana cuando tenían alguna salida nocturna.
En una conversación entre educadoras de nuestro centro una le comentó a otra que no podía ir a cenar el sábado, por lo que fuera se había quedado sin su habitual "canguro" y Mari se ofreció. 
En el centro el personal valoraba la madurez de Mari, confiaban en ella y la educadora que se había quedado sin "canguro" después de asegurarse de no cometer ninguna ilegalidad, le expuso las condiciones.
Ella misma pasaría por el centro para recogerla en su coche y llevarla a su casa, cuando regresara ella o su marido la volvería a dejar en Los dragos y le pagarían por horas.
Era un buen trato, le garantizaban a la menor los medios para que no anduviera sola de noche o de madrugada y se ganaría unas perrillas. 
Mari estaba feliz y no solo por ganar algo de dinero. Cuidar niños aunque fueran ajenos era innato en ella.
Al poco tiempo otras educadoras, al ver que Mari ejercía con fundamento de niñera, se subieron al carro y la contrataban por horas con las mismas condiciones de seguridad. Mari aprovechaba cuando los niños que cuidaba se quedaban dormidos para estudiar hasta que llegaban los respectivos padres. 
Lucas quiso trabajar de freganchín los fines de semana, pero no necesitaban a nadie más y no quiso ser el único que no aportara a la hucha comunitaria que Mari gestionaba con mano de hierro.
Optó por presentarse a los concursos de dibujo por intentarlo, no confiaba en su don, pero nosotros sin tener ningún tipo de conocimiento al respecto sabíamos que valía mucho.
En un concurso de comics a nivel nacional, quedó primero y aunque el premio fuera dinerito comenzar a creerse que tenía talento lo incentivó y pasó a vivir  con un lápiz pegado a la mano.
Íbamos ganando poco a poco algo de dinero, el plan de Mari seguía en pie.
El tiempo corría en nuestra contra y en nada cumpliríamos los tan temidos dieciocho años.

Continuará. 

jueves, 16 de abril de 2026

Los dragones. Capitulo 14.

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A punto de cumplir los dieciséis años nos carcomía el miedo al futuro y Mari, como siempre, nos propuso algo.
-Chicos, llevo tiempo pensando en la manera de seguir juntos cuando cumplamos los dieciocho, tengo un plan y si están de acuerdo voy a ser inflexible, nos va a tocar apretar el culo desde ya. Hasta esa edad el estado nos pagará los estudios, y como Lucas y yo queremos hacer carreras no terminaremos hasta los veintidós. La idea es empezar a reunir todo lo que podamos para tener algo ahorrado y poder irnos a vivir juntos cuando cumplamos la mayoría de edad. Saulo, tú comienzas en nada en el centro de aprendizaje culinario y son dos años para tener una titulación que te permita trabajar en lo tuyo, Kevin, aunque no nos hayas dicho que oposición te piensas preparar te pasará lo mismo, que podrás trabajar a la misma edad. Lucas y yo tendremos que aprobar la carrera año por año y con nota, es la única manera de que nos den las becas que nos cubran. Hasta que terminemos las carreras tendremos que ganar algo de dinero como sea, tú Lucas, ya puedes ir presentándote a los concursos de dibujo que den premio económico. 
Si están de acuerdo quiero que me den todo el dinero que podamos ir ganando, de ese dinero reservaré un 5% para invertir cuando tenga formación para ello. Hasta que no consigamos el objetivo de poder mantenernos por nosotros mismos con nuestros trabajos llevaré la economía. Si alguno no está de acuerdo no hay problema, seguiremos siendo tan amigos como siempre, pero si se deciden a seguir mi plan no voy a permitir ninguna tontería, toca estudiar y no gastar mientras lo podamos evitar. 
Nos sorprendió aquella faceta de Mari, hasta entonces conocíamos la de cuidadora que ejerció desde siempre con nosotros, pero al fin y al cabo, una madre para que sus hijos lleguen a buen puerto tiene que tener mano de hierro. Y los tres dijimos que sí.
Al poco yo comencé a estudiar cocina, Kevin se apuntó en una academia y Mari y Lucas comenzaron el bachiller.
El centro nos daba semanalmente un dinero para guaguas y desayunos. Mari le contó a Carmensa el plan que pensábamos seguir y le pidió ayuda: si nos dejaba por las mañanas coger de la cocina unas botellas de agua y algo de comida empezaríamos a ahorrar. La buena de Carmensa se encargó de que desayunáramos con fundamento y ella misma nos hacía unos bocadillos de tortilla o lo que terciara,  añadiendo además zumos, batidos y agua. La casualidad quiso que los cuatro estudiáramos más o menos en la misma zona, a unos treinta minutos caminando desde el centro de acogida. Y nos tocó madrugar para acudir caminando y ahorrarnos el dinero de las guaguas. 
Ninguno de los dragones se quejó.

Continuará. 

Los dragones. Capítulo 13.

 Con Carmensa bajo la lupa de la sospecha seguí desenredando el hilo de la memoria.

Fueron pasando los años, todo seguía su curso natural y crecíamos, aunque unos sucesos luctuosos afectaron directamente a mis amigos.
Los padres de Kevin, a punto de cumplir su condena fallecieron con un mes de diferencia, el padre en una reyerta carcelaria y la madre por enfermedad. La madre de Lucas que había vivido hasta entonces entrando y saliendo de centros de rehabilitación parecía que había vencido a sus adicciones, pero el sida con el peor de los finales borró sus sueños de llevar una vida normal junto a su hijo.
Mis amigos vivieron esas pérdidas a su manera, Lucas que se expresaba a través de sus dibujos dotó a sus personajes de una característica: sustituir las pupilas de los ojos por dos lágrimas, entonces no sabía que pasados unos años sería su seña de identidad.  Kevin no sabía mostrar sus emociones y se volvió más bruto, más taciturno y se sacudió la pena con el ejercicio físico.
Los cuatro asumimos la inefable orfandad haciendo piña, éramos nuestra propia familia y Mari prometió que costara lo que costara,  nos mantendría unidos.
En la adolescencia comenzamos los esbozos que terminarían por definir nuestros destinos. Mari aunque mejoró en lengua era una apasionada de las matemáticas, tenía un don con los números. Su sueño a medio plazo era ganar mucho dinero para poder vivir en una casa con un patio grande donde jugaran los niños que pensaba adoptar. Lucas era un hacha con el lápiz y terminó de encontrar su estilo a través de los comics donde reflejaba la dura realidad que nos tocó en suerte, pero con una sensibilidad tan pasmosa que te tocaba por dentro. Los profesores del colegio y los educadores del centro lo animaban a participar en concursos de dibujo, y aunque evidentemente le faltaba la técnica, fue atesorando premios. Kevin no parecía tener preferencia por nada en particular, pero la tenía. Le llevó varios años más sincerarse con nosotros que lo sabíamos todo de todos; solo podíamos observar como su cuerpo delgado y estirado fue cambiando sus contornos dando pistas del armario en que se convertiría. Y yo, pues lo tenía claro, mi destino sería el centro culinario de aprendizaje cuando cumpliera los dieciséis años.
Tuvimos como todos los chavales una adolescencia con sueños y miedos, Mari quería estudiar alguna carrera de números que le permitiera ganar mucho en poco tiempo, Lucas quería entrar en bellas artes, yo, como ya expresé antes, en cuanto terminara los estudios primarios entraría en el centro culinario y Kevin... a Kevin solo pudimos sacarle que estudiaría para sacar unas oposiciones.
Parecía que vislumbrábamos un futuro favorecedor, pero no éramos tonto, teníamos una espada de Damocles pendiendo sobre nuestras cabezas.
A los dieciocho años el estado dejaría de tutelarnos y con esa edad era imposible que tuviéramos las titulaciones que deseábamos, como humo que se desvanece, tal certeza nos hacía bajar de las nubes.
-Está jodido chicos, pero ya encontraremos la forma, lo importante es seguir los cuatro unidos, los dragones juntos somos invencibles.
Esos nos decía Mari cuando se nos caía el mundo.

Continuará. 


jueves, 9 de abril de 2026

Los Dragones. Capítulo 12.

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 Carmensa era una chica joven y redonda que llevaba la cocina del centro como si le fuera en ello la vida.
Le gustaba tanto cocinar como comer y su buen carácter hacía que a todos nos cayera bien.
Sin duda me "adoptó" como ayudante cuando se percató de algo que yo aún ni intuía: me gustaba la cocina. Y mientras Mari por las tardes aprendía a desenredarse con la letras, yo fui aprendiendo gradualmente a manejarme entre pucheros. Me gustaba crear con las manos, me extasiaba el aroma de las elaboraciones... todo me llenaba, había descubierto la alquimia que me proporcionaba un placer desconocido.
Carmensa me decía que yo "tenía mano" y que si me lo proponía podía ganarme la vida con el don que había descubierto por casualidad por puro aburrimiento.
Así las tardes en que mis amigos seguían con sus cosas, en el centro me permitieron que acompañara a Carmensa en la cocina y que siguiera aprendiendo. 

Mientras recordaba lo anterior me percaté de algo. Carmensa, la mujer que me había iniciado en la cocina era la persona que Mari había contratado para que la ayudara con sus niños en la actualidad. Era tal el grado de confianza que mi amiga no había dudado en llevársela a vivir a su casa cuando comenzó con las adopciones. Carmensa era imprescindible, la persona de confianza que dejó la cocina del centro para ayudar a Mari en todo lo que necesitaba. La considerábamos familia. 
Y Carmensa nos conocía desde que entramos en Los Dragos, sabía mucho sobre nosotros cuatro, nos había visto crecer. Vale que era cuestionable que supiera de primera mano algunos detalles que solo nosotros conocíamos, pero ¿y si alguno sin darse cuenta le hubiera contado las anécdotas que aparecían en el libro? 
Una inquietud inesperada me hizo coger el teléfono y llamar a Mari. Después de hacerla partícipe de mi  conjetura se quedó un rato callada, eso me hizo pensar que no era tan descabellada mi sospecha. Luego me dijo algo así como que lo único que le había visto escribir a Carmensa eran recetas y me pidió que no le diera tantas vueltas a aquello o terminaría como una cabra.
Lo intenté, de verdad que lo hice, pero un  run run en forma de interrogante seguía inundando mis pensamientos.
¿Podía ser la buena de Carmensa la autora del libro?

Continuará.