jueves, 19 de febrero de 2026

Ana Chocolate. Capítulo 19.

 Me mantuve firme, no quería a Ana en mi vida, pero conociéndola como la conocía sabía que ella iba insistir, no iba a tirar la toalla sin más.
No me equivoqué y como no le cogía el teléfono me escribió un largo correo con sus explicaciones, más o menos venía a decir que sabía que yo, tarde o temprano, me daría cuenta de que Iván era un farsante, había creado una relación conmigo basada en tantas mentiras, que en algún momento irían cayendo demostrándome quien era en realidad.  
Razón tenía, mi relación con Iván nació con fecha de caducidad, no se puede sostener en el tiempo tanto cuento, habría terminado por darme cuenta, tantas ausencias repentinas, la casa que estaban a punto de darle y que nunca llegaría... Yo había estado enamorada, pero tonta no era y en algún momento hubiera sospechado que había gato encerrado.
Pero no se trataba de eso, Ana y yo nos conocíamos desde niñas y habíamos creado un mundo a nuestra medida, ella y yo, yo y ella. Sin contar a mis padres, ella era a la única persona que yo consideraba mi puerto seguro. Y me había fallado por su egoísmo. 
Hice oídos sordos a sus intentos por contactarme. Mis padres se dieron cuenta de que algo pasaba y les conté la verdad, y aunque me comprendieron me aconsejaron que escuchara a mi corazón, dijeron que todos nos podemos equivocar y que ella merecía una oportunidad.
Pero yo soy como soy, si había desterrado de mi mente a la madre que me trajo al mundo por no quererme, también era capaz de desligarme de la que había sido mi mejor amiga durante años. Muerto el perro murió la rabia.
No fue fácil, echaba tanto de menos a Ana que Iván dejó de dolerme, la ausencia de la Ana ocupaba demasiado espacio, como el dolor por un miembro amputado. 
Me centré en mi trabajo, me hacía cargo de reparaciones que me hacían trabajar muchas horas y aumenté las clases de informática, necesitaba tener la mente ocupada para poder resistirme a todos los intentos de acercamiento que Ana iniciaba. 
Su madre apareció un día con su bandeja de galletas como una bandera blanca que nos acercara, dijo que su hija le había explicado lo que había sucedido.
-Mi hija se portó mal contigo, pero está arrepentida de verdad. Si yo fuera tú también me hubiera enfadado, pero sé que tienes buen corazón, intenta perdonarla, ella lo necesita. Está pasándolo mal, si vieras en que condiciones tiene las manos...., con lo que costó que las uñas le crecieran bien ahora se las muerde tanto que se hace sangre, está más delgada, ojerosa, si sigue así va a terminar enfermando.
Te lo pido por favor, habla con ella, perdónala, ¿se equivocó? sí, pero tampoco ha matado a nadie.
Tú sabes que ella te quiere-.
Ana me quería, pero me había querido mal.

Continuará.







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