jueves, 5 de marzo de 2026

Los Dragones. Capítulo 1.

 Este relato es como una muñeca rusa, abres una y encuentras otra,  así que lo mejor será remontarme al principio.
Todo comenzó un domingo mientras paseaba por el rastro de Vegueta. El título de un libro de segunda mano hizo salivar mi curiosidad: Los Dragones. Por supuesto lo ojeé y el resumen de la contraportada me intrigó aún más, se refería a la infancia de varios que chicos que empujados por circunstancias poco propicias fueron tutelados por el Estado en un centro para menores. 
Vaya casualidad, me dije mientras pagaba el libro, a la noche me relajo una horita leyendo para terminar bien el fin de semana.
Pero cuando inicié su lectura, la sensación no fue relajante, al contrario, me puse tan nervioso que aunque tenía que madrugar no pude parar hasta terminarlo.
En aquel libro se citaba a los protagonistas, una niña y tres niños, por sus apodos, nunca por sus nombres. Así se nos hablaba de "yo también voy", "coco liso", "el fideo" y "el suave". Contaba la vida de esos menores que tuvieron que vivir su infancia en El Drago, el centro de menores que yo tan bien conocía.
Porque yo, Saulo,  era "coco liso", y el resto mis compañeros de desventuras infantiles: Mari (yo también voy), Kevin (el fideo) y Lucas (el suave). Aunque el autor nunca nos mencionó por nuestros verdaderos nombres éramos totalmente reconocibles. 
Era la experiencia que me tocó vivir siendo tan solo un crío, la mía y la de mis amigos. Entonces expresé en voz alta lo que había estado rumiando durante la lectura. ¿Quién demonios lo ha escrito y por qué?
Por supuesto antes de iniciarlo había hecho lo habitual, leer el nombre del autor o autora que tenemos entre las manos y que no me llevó a nada: J. García Rodríguez. Tan siquiera tenía la certeza de que fuera una mujer o un hombre, pero estaba claro que conocía al dedillo nuestras vidas y salvo omitir nuestros nombres, no se había cortado contando nuestras experiencias en aquel centro de acogida. 
Miré el reloj y tuve que reprimir el impulso de llamar por teléfono a Mari, tenía que contárselo y que me ayudara a localizar a Lucas y a Kevin, tenían que saber que nuestras vidas se exponían sin ningún de permiso previo en un libro. 
Tendría que esperar hasta que fuera una hora razonable para avisar a mi amiga y mientras intentaba coger el sueño deduje que aquellas hojas tuvieron que salir de la pluma de alguien que conocía de primera mano lo que vivimos bajo el techo de El Drago. 
Tenía que ser uno de nosotros y yo por supuesto, estaba totalmente descartado.

Continuará.



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