jueves, 4 de septiembre de 2025

Mi otra yo. Capítulo 27.

 Mi nieta Ariadna fue una niña tranquila, observadora, reservada.
Físicamente siempre fue más alta de lo habitual y con sobrepeso. Cuando nos decía a su madre y a mí que en el colegio la llamaban gorda intentábamos quitarle importancia, cada uno es como es, si todos fuéramos iguales sería un aburrimiento, lo importante es que estás sana y tienes una inteligencia que ya quisieran muchos.... Ella parecía conformarse con nuestras afirmaciones, y mi hija, que siendo enfermera sabía de nutrición, siempre llevó en su casa una alimentación saludable. Alguna galleta compraba, me decía que si le prohibía el azúcar a la niña sería peor, que ya encontraría Ariadna la forma de comerla a escondidas. 
Mi nieta siempre fue más madura de lo que le correspondía por su edad, y cuando llegó el momento de preguntarle a su madre por qué no tenía padre, mi hija fue sincera: había quedado embarazada sin planearlo, el padre demasiado joven no supo asumir responsabilidades, pero ella siguió con el embarazo porque desde que supo su estado quiso lo que le crecía dentro con locura. Tu abuela me ayudó con tu crianza y pude terminar mis estudios, estoy muy orgullosa de ti y de la decisión que tomé entonces, pero si quieres conocer a tu padre biológico lo entiendo y te ayudo a que lo contactes.
Mi nieta comprendió el relato de su madre, si mi padre no quiso estar en mi vida -argumentó- no lo necesito, tengo la suerte de tenerlas a ustedes dos.
Y de una forma tan sencilla se acabó el tema, ya sabía yo que Ariadna era muy inteligente, desde bien pequeña me hacía unas preguntas que me dejaban con la boca abierta. Por no extenderme mucho pondré un ejemplo: la había llevado a la playa, ella tendría unos siete años y junto a nosotros se sentó una pareja de extranjeros, la niña me preguntó: ¿Abuela, por qué sé que esas personas son extranjeras si no las he oído hablar? No sé Ari, por sus facciones quizás. Ella siguió con su exposición: "Sigo sin entenderlo, son rubitos y de ojos claros, pero en mi colegio hay niñas y niños así y esa pareja es como todo el mundo, dos ojos, una nariz, una boca..., pero yo sé que son extranjeros". Cuando me hacía ese tipo de preguntas yo no sabía que contestarle y le tenía que dar la razón. 
Otro detalle es que aprendió a leer antes de lo que le correspondía por su edad, eso nos enorgullecía a mi hija y a mí, que fomentábamos su amor por la lectura regalándole libros y siendo ejemplo como lectoras. 
Pero su intelecto era una cosa y su forma de relacionarse con el mundo exterior era otra bien diferente,  aún con tanto potencial se hacía chiquitita en el colegio, ante los ojos de los demás era la típica niña gordita y tímida que caía bien y que te dejaba copiar de su tarea, o te prestaba un lápiz si lo necesitabas, pero del resto, si no necesitaban nada de ella, era invisible. 

Continuará. 

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