Era martes, así que tendría que esperar hasta el sábado para que, si cuadraba, nos viéramos los cuatro para hablar sobre el intrigante libro.
Intenté centrarme en el trabajo esos días para quitármelo de la cabeza, de nada me servían las elucubraciones sobre su autoría hasta que nos encontráramos, pero fue misión imposible, sin poder evitarlo retrocedí en el tiempo recordando la niñez de aquellos cuatro niños que compartieron vida en la casa de acogida.
Me vi aferrado con cinco años a Mari, que teniendo mi misma edad se convirtió en mi refugio, mi puerto seguro. Viniendo de donde veníamos, ninguno había estado escolarizado, la enseñanza obligatoria comenzaba a los seis años y mientras, en el centro de acogida intentaban que aprendiéramos lo que hasta ese momento se nos había negado por las nefastas circunstancias anteriores.
Se supone que con seis años los niños comenzaban a leer y nosotros estábamos en desventaja, las educadoras y educadores del centro hicieron especial hincapié para que no llegáramos en pañales, pero a Mari le costaba más que al resto, por el contrario, le gustaban los números y casi de forma intuitiva aprendió en poco tiempo lo que cualquier otro menor que hubiera estado escolarizado con anterioridad.
Mi amiga, que se apuntaba a un tiroteo -por algo la apodaron "yo también voy"- estaba deseando cumplir los seis años y comenzar en la escuela. A mí no me hacía gracia, después de acostumbrarme a vivir en el centro otro cambio me parecía una amenaza, pero ahí estaba Mari para cogerme de la mano diciendo que sería estupendo salir todos los días del centro como los niños "normales".
Lucas -el suave- tenía ganas de comenzar el colegio siempre y cuando fuera un sitio tranquilo y Kevin -el fideo- nos decía que ya estaría él para defendernos si se metían con nosotros.
En aquel impas de espera le comunicaron a Mari que había una familia interesada en adoptarla, una pareja iba a visitarla en el centro para conocerla antes de tomar una decisión definitiva. Lloré cuando lo supe, ¿me iba a quedar otra vez sin madre? Kevin y Lucas también estaban acojonados aunque no lo demostraran llorando como yo. Aquella niña extendía su manto protector y afectivo sobre nosotros y ya habíamos perdido demasiado antes de tiempo. La necesitábamos.
Y para ella nosotros éramos su familia, no quería que nos separaran.
Llegó el temido día, el de encontrarse con los potenciales padres. Antes de reunirse con ellos la abracé como si fuera a perderla.
-No pasa nada Saulo, confía en mí, de aquí no me sacan.
Lucas, Kevin y yo supimos más tarde por ella misma como había transcurrido aquel primer encuentro, primero... y último.
Siguiendo un plan había estado bebiendo agua de más durante toda la tarde y aguantándose las ganas de ir al baño. En cuanto vio a la pareja se tiró al suelo ignorándolos, los pobres debieron esforzarse por caerles bien a aquella niña que mordió al hombre cuando intentó acariciarla y de su boca infantil salieron sapos y culebras, terminó su actuación estelar orinándose sobre los zapatos de la mujer.
-Mis niños -nos tranquilizó- yo no me voy con nadie, ustedes son mi familia.
Continuará.
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