jueves, 23 de abril de 2026

Los Dragones. Capítulo 16.

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El centro donde cursaba mis estudios de cocina tenía una restaurante anexo.
Solían contratar personal extra para los fines de semana y yo me postulé para el poco edificante trabajo de freganchín. No es que me gustara, pero el entorno sí y como decía Mari, teníamos que ir ahorrando. Al ser menor de edad necesitaba la autorización de mis tutores y al estar tutelado por el estado el centro tuvo que mover papeleo, pero obtuve la autorización. 
Entre semana aprendía cocina y los sábados y domingos pasaba unas cuantas horas fregando cacharros, por supuesto, el dinero que ganaba se lo entregaba íntegramente a Mari. Cuando llevaba un par de semanas, Kevin me pidió que hablara a ver si lo contrataban a él para hacer lo mismo y fue posible.
Mari que siempre tenía el oído afilado, sabía que algunas cuidadoras tenían niños pequeños y que tiraban de "canguros" los fines de semana cuando tenían alguna salida nocturna.
En una conversación entre educadoras de nuestro centro una le comentó a otra que no podía ir a cenar el sábado, por lo que fuera se había quedado sin su habitual "canguro" y Mari se ofreció. 
En el centro el personal valoraba la madurez de Mari, confiaban en ella y la educadora que se había quedado sin "canguro" después de asegurarse de no cometer ninguna ilegalidad, le expuso las condiciones.
Ella misma pasaría por el centro para recogerla en su coche y llevarla a su casa, cuando regresara ella o su marido la volvería a dejar en Los dragos y le pagarían por horas.
Era un buen trato, le garantizaban a la menor los medios para que no anduviera sola de noche o de madrugada y se ganaría unas perrillas. 
Mari estaba feliz y no solo por ganar algo de dinero. Cuidar niños aunque fueran ajenos era innato en ella.
Al poco tiempo otras educadoras, al ver que Mari ejercía con fundamento de niñera, se subieron al carro y la contrataban por horas con las mismas condiciones de seguridad. Mari aprovechaba cuando los niños que cuidaba se quedaban dormidos para estudiar hasta que llegaban los respectivos padres. 
Lucas quiso trabajar de freganchín los fines de semana, pero no necesitaban a nadie más y no quiso ser el único que no aportara a la hucha comunitaria que Mari gestionaba con mano de hierro.
Optó por presentarse a los concursos de dibujo por intentarlo, no confiaba en su don, pero nosotros sin tener ningún tipo de conocimiento al respecto sabíamos que valía mucho.
En un concurso de comics a nivel nacional, quedó primero y aunque el premio fuera dinerito comenzar a creerse que tenía talento lo incentivó y pasó a vivir  con un lápiz pegado a la mano.
Íbamos ganando poco a poco algo de dinero, el plan de Mari seguía en pie.
El tiempo corría en nuestra contra y en nada cumpliríamos los tan temidos dieciocho años.

Continuará. 

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