miércoles, 23 de septiembre de 2026

Diario de un taxista. Capítulo 31.

 Aparentemente todo estaba en su sitio.
Thiago avanzaba en su aprendizaje como bailarín clásico, tenía aptitudes para ello y lo disfrutaba. Una vez me dijo que no sabía qué hacer, porque aunque por dentro se sentía una niña, tener un cuerpo de niño lo hacía especial en el ballet y que no sabía si cuando fuera mayor quería cambiar su cuerpo para ser una niña o no.
-Bueno, eres pequeño aún, supongo que eso lo iremos viendo cuando cumplas algunos años más. 
Era la primera vez que expresaba con claridad la posibilidad de cambiar de sexo y por supuesto se lo comenté a Virginia. Estuvimos de acuerdo en comentárselo a Rosa, la psicóloga que sin que él se percatara, llevaba su seguimiento.
-Es pequeño aún, nos dijo, él sabrá si quiere transicionar llegado el momento, o quizás se sienta cómodo con su condición homosexual en su cuerpo de varón. Lo importante es que no sufra emocionalmente, dentro de poco será conveniente que aprenda a gestionar que habrá personas que lo discriminen. Lo importante ahora mismo es que lo veo bien, sigue confiando en ustedes aunque se hayan separado y las clases de ballet lo tienen loco, en el buen sentido claro. ¿Entienden todo lo que les digo? No tengan miedo de preguntar lo que sea, no es tan habitual que se enfrenten a esta situación y es bueno que lo tengan claro, pregunten lo que quieran aunque les parezca una tontería.
-Yo me pregunto por qué se ven más casos como el de Thiago ahora, antes no parecían existir.
-Buena pregunta Jose. Hasta hace unas pocas décadas las personas homosexuales se escondían, no "salían del armario" porque además de estar mal visto, te metían en la cárcel. Por suerte eso ha cambiado y ya nos estamos habituando a esa diversidad sexual, pero sigue habiendo poca información, lo que lleva a algunos homosexuales, de los dos géneros, que por decirlo mal y pronto, se "conforman" con reconocer que les atraen las personas de su mismo sexo, sin ir a la verdadera cuestión, que algunas y algunos nacieron en un cuerpo equivocado. Resumiendo, falta información.
Salimos aliviados, de momento Thiago no acusaba en negativo su circunstancia, aunque siendo realistas no tardaría en encontrarse con las dificultades que iría encontrando en su camino.
Por otra parte, a Virginia se le notaba que estaba a gusto consigo misma, estaba más amable, más contenta, más de todo en positivo, mientras yo seguía sin superar la ruptura. 
Ana también estaba remontando después de la pérdida de su niño, el dolor por el fallecimiento de su hijo nunca la abandonaría, pero quería seguir viviendo.
Ella fue la amiga que aguantaba mis rollazos monotemáticos: "Virginia".
Le contaba que no la entendía, tenía dinero de sobra para comprar o alquilar un taller para su costura y sin embargo había instalado su actividad laboral en la casa que había sido nuestro hogar. No solo no parecía incomodarla, si no que parecía que quería agradarme. Si pensaba conseguir con esa actitud que yo fuera más amistoso con ella lo tenía claro... Bastante me costaba no ponerle mala cara cuando estábamos con nuestro hijo.
Un día que estaba desgranando con Ana esos pensamientos sentenció:
-Jose, de bueno pareces bobo. ¿No te das cuenta?
-¿De qué me tengo que dar cuenta?
-Ya sabes que soy amiga de los dos y los escucho a ambos, no quiero perderlos por bocazas, así que espabila chico.
Yo seguía sin entender nada.

Continuará. 



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