-Me llamo Dolores.
Arrastro ese nombre que me recuerda los sinsabores que nos da la vida.
Pero mejor será qué explique porqué ando contando mis cosas y es que mi nieta Amada está haciendo un trabajo para no sé qué y quiere que le hable de lo que acontecía en mis tiempos.
-Abuela, es para sociología.
-Pues eso, para socioloquesea, que me grabará con su teléfono y luego ya verá ella si encuentra algo interesante que le pueda servir, pero no sé yo....Me pide que relate lo que quiera intentando mantener un hilo en el tiempo, que ya se encargará de reconducirme si me lío mucho.
Pues eso, que me llamo Dolores y me vienen a la cabeza otros nombres de mujer que vaya tela, Angustias, Martirio, Soledad...¿Porqué nos ponen esos nombres, para decirnos que vamos a tener una vida perra desde el momento en que el cura nos bautiza? Lo curioso es que son siempre nombres de mujer, ¿y los hombres qué?. También pienso que existen nombres de pobres y de ricos, no recuerdo de mi niñez ninguna niña pobre que tuviera un nombre bonito, como Marta, Verónica, Laura, Irene... estos nombres parece que se reservaban para las niñas que nacían de buena cuna. Y como ya sabes Amada, llevas ese bonito nombre porque tus padres me dejaron elegir.
-Si, ya me lo has contado, ¿qué te parece si avanzas con tu historia?
-Vale, que si no me enredo con mis cosas.... Nací en 1942, en un pueblo de Fuerteventura, así que tengo 78 años.
-Espera abuela, creo que se te olvidó decir el nombre del pueblo.
-Nooo, mi niña, pero si quieres que te cuente mi vida algún secreto saldrá y mejor dejar las cosas como están.
Pues eso, que de momento he vivido 78 años y estoy estupenda, la cabeza sigue mandando, tengo un pizco de azúcar y a veces me dueles los remos.
-¿Los remos?
-Las piernas.
-Ah vale y esto de que tienes un pizco de azúcar no es tan cierto, tienes más que un pizco abuela, que mira que no es ninguna tontería.
-Amada, después de todas las fatigas de la vida, ¿te parece mal que tu pobre abuela se coma de vez en cuándo un caramelito?
-¿Un caramelito? ¿Y qué es entonces lo qué escondes en los cajones? Chocolate, caramelos, galletas....
-Eso es para las visitas.
-¿Para las visitas y los guardas en los cajones de tu mesilla de noche?
-Bah, no me líes que luego vas a perder mucho tiempo quitando todo esto de tus grabaciones, sigo y no me interrumpas con boberías.
-Bueno sigue, ya hablaremos después.
-Pues eso, que hace 78 años me trajo al mundo una mujer llamada Juana, un frío mes de febrero, dicen que es el mes de los gatos y de los locos. Mi padre se llamaba Francisco y tuvieron 3 hijos, el primero Juan, que me llevaba 2 años, nací yo y luego el pequeño, llamado como padre, Francisco y también nos separaban 2 años.
Corrían tiempos difíciles, que el mundo no salía de una guerra y se metía en otra.
-Y tú, ¿qué opinión tienes de tanta guerra?
-Qué somos tontos.
-¿Y eso?
-En qué cabeza cabe que unos pocos poderosos puedan manejar a su antojo a una masa tan grande de gente, siempre los pobres, para que se vayan a matar en nombre de algún dios, país o tontería que les aporta beneficios a los que tienen el poder. Si los pobres somos muchos más, ¿porqué nos dejamos someter? ¿Sabes que los ricos pagaban para qué sus hijos no fueran al frente? Seguramente lo seguirán haciendo.
Siempre será injusto, por eso yo cuando puedo aplico mi propia justicia, ya entenderás, ya.
Bueno, mejor sigo que se me envenena la sangre.... ¿Por dónde iba?
-Tus padres y hermanos.
-Es verdad, eran tiempos de mucha escasez, por lo de las jodías guerras.
Eramos una familia humilde, mi madre cosía en casa para la gente más pudiente y mi padre era paleta.
-¿Paleta?
-Albañil, entre los dos trabajos había lo justito para comer y poco más, pero en realidad, siempre han habido malos tiempos. Cambian algunas cosas pero lo básico es igual.
Pero nos apañábamos y tirábamos pa´lante, hasta que madre enfermó.
Después del último parto arrastraba algún mal y cuando yo tenía 3 años se nos fue.
Figúrate el panorama, mi padre, joven aún, se vio viudo con los hijos pequeños. Lo habitual entonces es que el padre se casara otra vez o que pusiera a los hijos en un internado, pero mi madre poco antes de morir le hizo jurar que nunca nos abandonaría. Tampoco volvió a casarse.
Una hermana de mi padre, mi tía María Luisa, dentro de lo que pudo nos guardaba, para que padre pudiera seguir con el trabajo, pero claro, hay que tener en cuenta que mi tía había tenido 3 embarazos de gemelos y que tenía 6 hijos, todos varones, así que imagínate el panorama.
Vivía cerca y la pobre que era una bendita, hizo por nosotros todo lo que pudo.
-Abuela, entonces te criaste rodeada de niños, tus 6 primos más tus 2 hermanos, serías la niña bonita.
-Jajaja, qué va muchacha, los chiquillos eran el demonio y pensaban que al ser niña sería un blanco fácil, así que no me quedó más remedio que espabilar pronto.
Mi tía desde bien chica yo, me subía a un banco y me enseñaba en los fogones, para que yo ocupara el puesto de mi madre. Así pasaron unos años, hasta que nos llegó la hora de ir a la escuela.
Mi padre era analfabeto y se hizo el propósito de que sus 3 hijos aprendieran por lo menos a leer y a escribir, eso me permitió ir al colegio, que otra niña en mis circunstancias se hubiera quedado en la casa. Mi padre tenía una sabiduría natural que ya quisieran muchos licenciados.
-Pues qué suerte que tu padre pensara así.
-Si, claro, pero nada pudo cambiar que no tuviera a madre con nosotros. La pena es que yo con 3 añitos pocos recuerdos pude guardar de ella; casi el único es como me peinaba. Por eso siempre he tenido el pelo largo, igual te parece una tontería, pero qué se yo, es como un homenaje a mi madre.
-Ahora me explico porqué nunca te has querido ver con el pelo corto. Y claro, falleció siendo ustedes tan niños, que ni podrían echarla de menos.
-Si que se echa de menos, aunque tras su muerte hay una sombra que me acompaña y sé que es madre.
-¿Cómo qué una sombra?
-Pues eso, una sombra. Cuando estoy triste le cuento mis pesares y un soplido invisible me revuelve la melena.
-Abuela, ¿porqué nunca me has contado esas cosas?
-Porque nunca me las has preguntado, mira, mejor lo dejamos aquí que tengo jilorio, cuando quieras vienes y seguimos.
-De eso nada, me quedo esta noche a dormir contigo que ya me dejaste intrigada, además, tengo que hacer limpieza en ciertos cajones.
-Lo de quedarte a dormir me parece bien y lo otro, primero te corto las manos.
Continuará.
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