jueves, 3 de diciembre de 2020

¿Quién será? Capítulo III.

 Por fin llegó el día de la cita con Paula y nerviosa me dirigí a la cafetería donde habíamos quedado.

Llegué 2 minutos  tarde y ya me estaba esperando. Seguía siendo extremadamente puntual.

Tras los saludos de rigor y pedir algo para tomar, nos pusimos más o menos al día. Ya hacía años que trabajaba como enfermera. Enfermera de pediatría para ser exactos. La primera experiencia con mi hijo le había hecho descubrir sus preferencias al respecto. Se había casado y tenía una hija de 10 años.

-Ana, me alegro de verte, de verdad, pero después de tanto tiempo algo me dice que no me has citado para hablar de como nos ha ido en la vida. ¿Te puedo ayudar en algo?

Yo que mentalmente había reproducido una conversación imaginaria para explicarle poco a poco lo que me inquietaba,  me lancé de cabeza en el asunto. Tenía necesidad de hablar.

-Paula, he recibido dos anónimos, mira, léelos. Como verás el segundo te atañe  y aunque igual termina siendo una tontería, el temita me tiene de los nervios. Debo ser sincera y contarte que prescindimos de ti en su día, porque Susana, no sé si te acordarás de mi vecina, nos contó que mientras debías estar cuidando del niño recibías la visita de tu novio. Y comprenderás que tuvimos dudas y actuamos en consecuencia.

-Jajaja, ¡mira  por dónde iban los tiros!. Primero, me acuerdo perfectamente de tu vecina la viuda, Susana. Había algo en ella que nunca me gustó a pesar de su fachada de buena gente . Y segundo, en mi vida he estado con un hombre, soy lesbiana.

-Pero... hace nada me dijiste que estás casada y tienes una niña.

Paula sacó con cuidado una  foto de su cartera, en ella se veía feliz junto a su niña y otra mujer. Me llevó unos segundos entender lo que me quería decir.

-Como verás estoy casada con Isabel, mi amor de toda la vida y la niña la tuve por fecundación in vitro, lo mejor que he podido hacer. Así que ya te podrás imaginar que tu querida vecina se inventó lo del chico.

-Pero, pero... no tiene sentido, no es que dude de lo que me has contado, pero no entiendo qué motivo podía tenía Susana para mentir en tu contra.

-¿No te has dado cuenta de qué lo hizo por celos?  Ella envidia tu vida, tu marido, tus hijos.... ¿En serio nunca lo has pensado? Se le notaba de lejos.

-No sé, me dejas hecha un lío, se ha portado bien conmigo. Siempre ha estado cuando la necesitábamos.  

-Claro, para poder sentirse como si fueras tú. Y a alguien se lo debe haber contado. Es la única explicación lógica que se me ocurre sobre los anónimos. ¿Pero a quién? ¿Y porqué después de tantos años es ahora  cuándo te avisa?

Me costó asimilar  que Susana se hubiera inventado lo de las visitas del chico, pero intuitivamente supe que Paula no estaba mintiendo y me sentí mal por haber sido injusta con ella. Y la última pregunta que hizo me dejó aún más desconcertada. Había acudido al encuentro con Paula pensando aclararme y me iba con más dudas, además de la idea punzante que se instaló en  mi mente diciéndome que Susana no era la persona que yo creía.

Me disculpé por la injusticia que habíamos cometido con Paula en el pasado, pero ella me dijo que como madre lo entendía perfectamente, que si ella se viera en la misma tesitura actuaría igual. Nos despedimos con un abrazo. Supo que lo necesitaba. 

Lo único que saqué en claro, era que me alegraba de que a Paula las cosas le hubieran ido bien, se lo merecía.

Una nube de preguntas sin respuestas se instaló en mi cabeza amenazando con quedarse.

Cuando le conté el encuentro con Paula a Jose, estuvo callado durante lo que me parecieron horas, él es así, procesa las cosas a su ritmo, no le gusta precipitarse. Luego dijo que no sabía qué pensar. Qué mejor dejar las cosas como estaban y si llegaba otro anónimo nos plantearíamos hablar con Susana a ver si podíamos sacar algo en limpio.

¿Pero hablar con Susana para qué? Ella no podía ser la persona que nos escribía los anónimos.

Me propuse seguir indagando en mi memoria con la esperanza de recordar algo que me hiciera comprender. No sé, quizá estaba pasando por alto algún detalle que me diera la clave.

Desde aquel momento y  aunque aparentemente mi relación con Susana seguía  igual, desconfié de su amistad. Me sentía como si observara detenidamente un bonito jarrón que se hubiera roto, sus costuras pegadas me recordaban que se había quebrado.


Continuará.

5 comentarios:

  1. Ahhhhh!!!! Hay que esperar al último capítulo, jejeje.
    Una pista: no es el mayordomo.

    ResponderEliminar
  2. Pepa me encanta esta historia, es del estilo que a mí me gusta, esperando el siguiente capítulo. Gracias por hacerme pasar un buen rato cada vez que te leo😘😘

    ResponderEliminar
  3. Gracias a ti por pasearte entre mis letras. Se agradece amiga.

    ResponderEliminar