Ah diario querido, te tenía abandonado pero aquí estoy, con mis palabras para seguir tejiendo desatinos o aciertos.
Ya sabes que como Daniela está embarazada me enreda por las tardes con sus compras. No me molesto en decirle que tanta ropita apenas la usará el bebé, que los niños tienen la sana costumbre de crecer como si fueran arroz. No quiero quitarle ese gusto a mi hija. Ya se dará cuenta, ya.
Pero algo que me ha sacado de la rutina merece ser contado.
Resulta que desde que supo que está embarazada, Daniela me pidió que le buscara las mantas que estaban guardadas en el trastero que tenemos junto al garaje.
Esas mantas las tejió mi madre para su nieta, o sea, mi hija. Siempre le gustaron y saber que las manos de su abuela dejaron su cariño enredado entre esas hebras, las hacen imprescindibles para el ajuar que le está preparando a mi futuro nieto.
Entre una cosa y otra lo he ido posponiendo, hasta que Daniela ya de 7 meses me dijo que cuándo pensaba buscarlas, amenazándome con comprar mantas y olvidarse de las de su abuela.
Por favor, ya de 7 meses y yo sin ir a por ellas.
El caso es que al fin me decidí a buscarlas en el trastero. Me da una pereza tener que estar buceando entre tantas cajas rotuladas... Por suerte X ha embalado y puesto por fuera de cada caja el contenido.
Tiempo atrás empecé a llamar a mi marido X por escribir más rápido, pero que más da, nadie va leer esto. Así que X se queda.
La caja de las mantas estaba detrás de otras tantas, normal, si no la ley de murphy no tendría sentido y al apartar algunas me encuentro con una que dice "Vinilos".
Por favor, mis discos, esos que tantas veces he pensado en rescatar.... La cojo y junto a la de las mantitas las meto en el ascensor contenta con mi doble tesoro.
Como me conozco y sé que me iba a entusiasmar con mis discos abro primero la otra, pongo en remojo las mantitas con un producto para ropa delicada. Antes las he acariciado despacito, con mimo, recordando a mi madre y al bebé que fue su nieta y que ella adoraba.
En ese estado de melancolía me digo que mejor dejar para mañana el visionado de mis discos. Seguro que me emociono y uf, qué pereza. Mañana será otro día.
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Retomo la escritura. Esta mañana en el trabajo no he podido dejar de pensar en mis discos. Porque son míos, cuando empecé con X ya se escuchaba música en otros formatos.
Hago un cálculo y si yo tengo 60 años mis vinilos deben rondar los 40, algunos todavía más. ¿En serio? En situaciones así es cuando tengo que luchar contra la idea de que me hago vieja. ¿O me hago vieja?
Por suerte X está de viaje esta semana y acudiré a mi cita con mi adolescencia/ juventud sola, hay espacios interiores que me niego a compartir. Son míos.
A todo esto me doy cuenta de que no le he dicho a Daniela que ya tiene sus mantitas lavadas.
El día en la biblioteca pasa como siempre, estoy a gusto en mi trabajo y estar entre libros me templa. Pero estoy deseando abrir la dichosa caja.
Por fin en casa me doy tiempo, no sé como voy a llevar este viaje emocional a mi pasado.
Como, recojo las mantas que ya están secas.... y decidida quito el perfecto embalaje que espero haya ayudado a conservar en buen estado mis discos.
Y allí están, esperándome, hablándome, diciéndome "me tienes que volver a oír".
Roberto Carlos -estos deben ser de mi adolescencia, Mercedes Sosa, Pablo Milanés, Silvio Rodríguez... Hasta hay unos pocos de mi padre, entre ellos uno horroroso de villancicos con el que cada año nos torturaba. Por supuesto estas navidades lo pongo.
Hay muchos más, pero me muero por volver a oír a los primeros mencionados. Hasta me sorprende que tenga uno de Grease, pero bueno, todos tenemos un pasado y un muerto escondido en algún armario, me digo por no llamarme directamente hortera.
Ahora viene el quid de la cuestión. No hay en casa ningún tocadiscos, si no recuerdo mal hace mil años tiramos el que teníamos porque ya no servía.
Bueno, sea como sea tengo que escucharlos, ya buscaré la manera.
Por la noche hablo con X por teléfono y se lo cuento, me dice que ya ni se conseguirán, quizás tenga razón, hoy en día es casi imposible conseguir una radio normal, un simple transistor. Todo son torres o chismes digitales. Pero no me rindo, ya investigaré.
Viene mi hija a buscar las mantas y se queda alucinada ante tanto disco. Me dice que vuelven a estar de moda y que hasta Rosalía ha sacado recientemente uno.
Qué buena noticia, si al final todo vuelve, le digo convencida. Buscamos en internet y eureka, los venden, aunque nos tropezamos con que no hacen esos envíos a Canarias. Me cabrea mucho esa circunstancia y no solo por el tocadiscos. Es por el aislamiento geográfico que se empeñan que mantengamos, coño coño coño.
Pero como que me llamo Rosa que yo consigo un tocadiscos.
Mi hija me ha pedido que la acompañe mañana a comprar "nosequé" para el bebé y de paso aprovecharé para preguntar por el ansiado aparato. Daniela me dice que no me haga ilusiones, que igual no lo tienen en las tiendas, pero que puedo buscar en internet las canciones que quiero oír, pero no. Sé que no lo iba a hacer, me conozco. Es como cuando estás en el coche llegando a donde sea y escuchas en la radio una canción preciosa que hace años que no oías, pero mandan las prisas y te tienes que bajar del coche prometiéndote que la buscarás en internet para disfrutarla entera.
Nunca lo haces.
Continuará.
Volveré contigo a la adolescencia, cuando nos pegabamos horas en tu cuarto oyendo música y fumando algún cigarrillo. Pinta bien la historia amiga 😘😘😘
ResponderEliminarA veces algo más que un cigarrillo, jajaja. No se lo digas a nadie.
ResponderEliminarUn abrazo amiga.