jueves, 27 de octubre de 2022

Vinilos. Capítulo VI.

 Esta especie de diario me está ayudando a poner en orden mis pensamientos, las cosas que van pasando.....
Ayer fue un día complicado. Antes de irme a trabajar le dejé a mano a mi hija los vinilos junto a las tijeras y la cinta; cualquier cosa que la mantenga ocupada le vendrá bien y de paso me remienda las carátulas.  X se quedó con ella y solo tenía que bajar a por el pan, 5 minutos si acaso lo que iba a estar Daniela sola.
En el trabajo mi móvil se queda en el bolso, pero claro, con mi hija así tengo que estar pendiente. Regreso del baño y veo una llamada perdida de mi hija. Por favor, seguro que pasó algo, en los pocos segundos que tarda en responder a mi llamada me da tiempo de imaginar que se puso de parto mientras X bajó a por el pan, o que X se quedó encerrado en el ascensor mientras nuestra hija pare sola desangrándose. Es increíble la cantidad de pensamientos -malos- que generamos en tan solo segundos; si  Daniela hubiera tardado un minuto en contestarme seguro que hasta me podía haber imaginado a X padeciendo un infarto fulminante o vete a saber tú. Esta imaginación mía. ¿Le pasará a todo el mundo?
Mi hija al teléfono me pregunta a bocajarro qué quién es Pedro.
-¿Pedro? ¿Qué Pedro? Le contesto aliviada al comprobar que lo único malo que le está sucediendo a mi hija es que está aburrida, si no a cuenta de qué me va a llamar al trabajo para hacerme esa pregunta.
-Mamá, en uno de los discos hay una dedicatoria de un tal Pedro. Pobre, es tan triste lo que te escribió....
Venga, dime quién es Pedro, que me picó la curiosidad.
Me viene a la memoria Pedro, el amigo de la juventud y sí, recuerdo que me regaló un disco con una dedicatoria de Miguel Hernández, creo. 
-Es un amigo de hace mil años y no me preguntes más porque le perdí la pista hace décadas.
-Pues el poema que te escribió.... debió estar enamorado de ti y le diste calabazas.
-Es una vieja historia, luego en casa la leo y hablamos de quien quieras, ahora tengo que seguir con el trabajo. Y ya sabes, cualquier cosa me llamas, no se te ocurra levantarte si no es para ir al baño y a tu padre que ...
-Qué si pesada, que papá está encima de mí. Venga sigue currando, ya me contarás a la tarde.....
Se me tuerce el ánimo al recordar a Pedro, ¿qué habrá sido de él? Me escuece un incómodo sentimiento de culpa, no es que me haya portado mal con él, pero creo que tampoco lo hice bien.
Hace días escribí sobre Manuel y Pedro y no terminé de contar todo lo que sucedió.
Creo que ya dije que Manuel y yo habíamos dejado la relación sentimental como tal, aunque seguimos saliendo juntos, los tres, Manuel, Pedro y yo.
Manuel siempre fue diferente, tenía un alma atormentada que lo llevaba a veces a actuar con desatino, no sé ni explicarlo bien. Pero fuera como fuera yo lo quería con toda mi alma, no nos hizo falta el enamoramiento inicial para que así fuera. Nos queríamos y con eso nos quedamos.
Pero yo también me relacionaba con otras personas, éramos libres.
Un día que estábamos en casa de los padres de Pedro -solían viajar- Manuel me dijo que íbamos a jugar a algo. Me pidió que me acostara en una cama y me tapó los ojos dejando la puerta abierta. Salió y entró al poco con un taladro que situó sobre mi frente. Supe lo que era por el ruido y el aire que sentía en mi frente, así de cerca lo tenía. Aterrada tuve la sangre fría de no moverme y un Pedro aparentemente tranquilo le dijo a Manuel que lo dejara. Supongo que estaría tan acojonado como yo.
Yo sé que Manuel realmente no quería hacerme daño, pero hubiera bastado un movimiento involuntario, un estornudo inoportuno y me hubiera taladrado la cabeza.
Esa noche no pude dejar de pensar en lo sucedido. ¿Qué le pasaba a Manuel? La "broma" no era ni medio normal. Si era capaz de hacerme pasar por aquel trago algo oculto lo estaba trastornando. 
De alguna manera hubo un antes y un después en mi relación con él.
Lo seguí queriendo, eso siempre, pero sentía que teníamos una relación tóxica y tenía que salir cuanto antes de ella y no solo por lo del taladro, intuía que me estaba metiendo en un círculo que me apretaba, que era insano. 
Por supuesto hablamos al día siguiente de lo que había pasado, él entre lágrimas me pidió perdón y reconoció que se había pasado con la broma y Pedro se lo recriminó defendiéndome. Me sorprendió la reacción de Pedro, él era el más templado y tranquilo de los tres y estaba realmente enfadado por lo sucedido.
Pero poco a poco fui quedando cada vez menos con ellos.
Recordar todo eso me revuelve de tal forma que dejo de escribir por ahora, necesito procesar lo que pensaba que había superado hace tanto.....
Volvieron los fantasmas del pasado.

Continuará.
                                               




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