Contra todo pronóstico el primer calzado, el prototipo diseñado sobre mis pies, vio la luz en 2 semanas.
Había elegido unas sencillas sandalias, aunque era invierno el clima de Canarias me permitió darme el lujo que había soñado desde niña.
Eran sencillas pero bonitas y al verme calzada con mis pies libres por primera vez, sentí que aquella experiencia la tenía que compartir con las personas que como yo sufrían cualquier anomalía que les impidiera portar un calzado "normal".
Gonzalo estaba casi tan contento como yo al ver que la idea era factible.
Me miró los pies con mis flamantes sandalias y me dijo que tenía unos dedos muy bonitos.
Aquel chico no sabía lo que significaba aquel simple piropo para mí. Yo, que había pasado mi vida anterior acomplejada por la disformidad de mis piernas. Pero viniendo de él daba más valor al piropo, me gustaba más de lo que quería reconocer.
Y lo más importante, mis sandalias adaptadas eran cómodas.
Fui a ver a mi tío Chago con ellas puestas y me puse a bailar delante de él. No podía reprimir mi felicidad.
-Bicho, si no lo veo no lo creo. ¡Si son hasta bonitas! Tengo pacientes que pagarían lo que les pidiera por poder ponerse unos zapatos de apariencia normal. ¿Te parece si te busco clientela?
-Claro tío, pero no quiero que sean excesivamente caros, dentro de lo posible que los pueda comprar cualquiera.
Mis padres estaban orgullosos de mí y se ofrecieron a financiar mi empresa. Pero yo prefería tirar con el dinero que me había dado mi tío y de alguna manera arrancar con mi negocio sin más favores.
Mi negocio, no me parecía real que fuera a iniciarlo aún estando cursando mi carrera.
Necesita un nombre, Gonzalo y yo estuvimos barajando algunos, pero ninguno nos terminaba de convencer.
Le mandé a Mara un vídeo donde solo salían mis pies caminando con mis bonitas y prácticas sandalias.
Me contestó felicitándome y animándome a seguir, terminó su mensaje con un "pisando fuerte".
Como siempre la Mara solucionadora me dio la clave.
Mi negocio se llamaría Pisando Fuerte.
Pasó el tiempo y me vi por fin con la carrera terminada y mi empresa funcionando bien.
Gonzalo se convirtió en algo más que el informático. Éramos pareja.
Él con acierto había publicitado en internet mi producto y los pedidos aumentaban día a día, además de los encargos que me hacía directamente mi tío para sus pacientes.
Una de las primera cosas que hice tras sacar a la luz mi primer par de zapatos, fue patentar mi "invento", si funciona -pensé en aquellos inicios-, seguramente saldrán imitadores, pero mi firma Pisando Fuerte era la original. Y no me equivoqué.
Gonzalo y yo nos planteamos crear nuestra propia industria, o sea, que la fabricación y montaje del calzado pasara por nuestras manos. Así abarataríamos el producto final y crearíamos mano de obra.
Ahí si que tuve que tirar del dinero de mis padres, aunque me prometí que se los devolvería en cuanto pudiera.
Necesitábamos un local grande donde instalarnos y me empeñé en que fuera en Guanarteme por su cercanía con la La Cícer. Mis padres al tener la inmobiliaria estaban al día y me avisaron cuando una vieja fábrica en ese barrio se puso a la venta. Era perfecta.
Ilusa de mí pensaba que tendría algún hueco para escaparme con la tabla a surfear, sin saber que iba a estar los siguientes años sin tiempo para otra cosa que fuera ocuparme de mi empresa.
Oler el mar y no poder entregarme a él eran palabras mayores.
Le pedí que me esperara prometiéndole que volvería.
Continuará.
Nota: Lidia, ya eres más vieja que yo otra vez.
Feliz cumpleaños amiga querida.
Me gusta esta historia de superación. Un besote amiga😘😘
ResponderEliminarSiempre generosa con mis historias, abrazos Astrid.
ResponderEliminar