jueves, 23 de febrero de 2023

Una vida normal. Capítulo X.

 Recibí el premio "Emprendedores Jóvenes", lo que supuso un impulso inesperado para la empresa. 
Llovían los pedidos y me mantuve fiel a mi política de no ofrecer solamente un calzado adaptado visualmente normal y cómodo, también me preocupé de que estéticamente fuera bonito.
El tiempo me comía, no daba abasto y me tenía que conformar con el aroma del salitre.

Llegué a los 30 años sin darme cuenta, tan absorta estaba con mi negocio. Por entonces ya vivíamos juntos Gonzalo y yo, cerca de la fábrica, cerca del mar.
Todo iba aparentemente bien, vendíamos mucho, ganábamos dinero, pero todos los días aparecía algún asunto que resolver y que no podía ser pospuesto impidiéndome entregarme a la olas.

Mara después de años saltando de un país a otro regresó con la idea de quedarse. Como tenía resuelto el tema económico, se dejaba enredar en cualquier causa que implicara ayudar a los demás.
Vino un día por la fábrica y me encontró tan liada que no pude atenderla como se merecía, por ello quedamos para cenar y ponernos al día con nuestras cosas.
Noche de chicas -me dijo- y fuimos a un restaurante en Las Canteras.
Delante de un buen plato de calamares y de unas cervezas bien frías comenzó su discurso.
-Paola, no sabes lo orgullosa que estoy de ti, parece mentira que aquella niña caprichosa se haya convertido en la mujer que eres ahora, pero tu energía me dice que no eres feliz. Cuando eras chica me dijiste llorando que querías una vida normal. Ya sabemos que "normal" depende del ojo con que cada uno lo mire, pero intuyo que no estás llevando la vida que de verdad quieres.
-Uf Mara, tú como siempre sin rodeos. Con Gonzalo todo bien, con la familia también, el negocio, ya sabes, me ocupa más de lo que me gustaría pero va viento en popa. Si me quejara sería una ingrata.
-Pero....  porque hay un pero.
-El pero es que no encuentro hueco para hacer lo que de verdad me gusta y el dinero lo compra casi todo, pero no puedo comprar el tiempo. Ya no recuerdo la última vez que salí a surfear, además, me gustaría ser madre y me agobia la idea de tener un niño y no poder dedicarle el tiempo que se merece. Siempre quise ser madre joven y desde los 25 lo he ido posponiendo y ya ves, con 30 años cada vez tengo más responsabilidades que me apartan de lo que en el fondo deseo.
-¿Y qué deseas realmente?
-Tener una niña y llamarla Marina, salir a surfear a diario, perderme con mi chico en alguna playa solitaria.... Supongo que en el fondo no he madurado y sigo creyendo en cuentos.
-No Paola, no digas eso, yo creo que deberías cambiar el rumbo de tu vida antes de que te encasilles en la mujer emprendedora y de negocios que eres ahora. 
-¿Y tirar por la borda la empresa y el trabajo de estos años?
-Siempre hay alternativas. No dejes que pase tu tren, el que te llevará adonde quieras. Además, ya estoy aquí y puedes contar conmigo para lo que sea. Nunca te lo había dicho, pero en una vida anterior pactamos que en esta yo te ayudaría cuando me necesitaras.

Mara y sus cosas, mira que decirme eso de la otra vida.... Pero al igual que la vez anterior cuando me dijo que creara mis propios zapatos dando pie al germen de mi empresa, ahora volvía el run run inquietante con el consiguiente desvelo. ¿Y si tenía razón? ¿Qué alternativas me permitirían ganar tiempo?

Necesitaba sentarme frente al mar y pensar.

Continuará.


2 comentarios:

  1. Mara y sus buenos consejos...y el Mar tan presente en nuestra vida...me encanta esta historia 😘😘

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  2. Y esa playa de Las Canteras, testigo de nuestra niñez, se lo debía.
    Gracias amiga.

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