jueves, 9 de marzo de 2023

Una vida normal. Capítulo XII.

 Estuvimos buena parte de aquella noche informándonos sobre la empresa alemana que nos había contactado. La verdad es que parecía de lo más solvente y con buena reputación; que se hubieran fijado en mi producto era todo un orgullo.
Al tener mi patente registrada yo podía ceder la idea para que ellos la explotaran, con mi nombre empresarial claro, además del beneficio económico que me aportaría. Se podía estudiar el tema, pues me aliviaría la carga de trabajo y seguiría con mis ingresos. De entrada la idea era golosa, así  que contactamos con ellos.
Esa empresa alemana estaba realmente interesada en el proyecto, pero yo tampoco estaba dispuesta a dejar mi idea en manos de cualquiera, tendrían que cumplir los requisitos que yo mediante contrato exigiera. 
A todo eso, Mara seguía dándome la lata con que me hiciera un test de embarazo, pero yo ni caso, centrada en el tema con los alemanes. Hasta que llegó con un predictor en la mano y con tal de que me dejara tranquila me lo hice. Mientras esperaba el resultado, los pocos minutos que tuve que aguantar me dieron para decirme que fuerte tontería, apenas hacía un mes que había dejado los anticonceptivos que llevaba años tomando. Se lo había dicho a mi ginecóloga y me informó de que lo normal es que tardara algunos meses en quedar embarazada.
Cuando  aparecieron las 2 rayas en el test me costó creerlo. ¿Estaba viendo bien? ¿Eran 2 rayas, no?
¡Bummm! ¿Cómo era posible? Bueno, yo sabía como había sido posible pero estaba flotando. ¡Embarazada! 
A Mara le bastó con ver mi cara para ratificar lo que según ella ya sabía, pero tenía que decírselo a Gonzalo. Él estaba fuera en ese momento y pensé que no se lo diría por teléfono, quería ver su cara cuando lo supiera, pero lo llamé para decirle que no tardara y sin darme cuenta las palabras salieron de mi boca sin pedirme permiso. ¡Qué estoy embarazada!

Mis padres recibieron la noticia como esperaba, contentos e ilusionados y en cuanto a mi tío Chago, se emocionó de una forma inesperada.
-Vaya, es como si fuera a ser abuelo, qué alegría. Otra personita a quién llamar Bicho.
-Ni se te ocurra.
-¿Por qué no? Nunca te has enfadado por mi apodo.
-Porque tu Bicho soy yo.

Embarazo aparte, quedaba pendiente lo de la empresa alemana. Gonzalo y yo le dimos muchas vueltas y si ellos estaban conforme con nuestras condiciones, para nosotros iba a ser positivo.
Reduciría la marcha en mi empresa y ganaríamos el tan ansiado tiempo. Lo que cobráramos de menos lo sacaríamos a través de la patente. Haciendo números hasta saldríamos ganando económicamente.
Tanteé a Mara, ella era abogada. Supe que nunca se había dado de baja en el Colegio de Abogados y aunque yo lo desconocía de vez en cuando llevaba algún caso. No hizo falta que lo dijera, pero estuve segura de que seguiría llevando algún tema social y sin cobrar.
Gonzalo y yo teníamos claro lo que queríamos plasmar en el contrato, solo nos faltaban los conocimientos técnicos y la jerga de los abogados. Y Mara aceptó, también el hecho de que tendría que viajar de vez en cuando para comprobar que se cumplían los requisitos de calidad que exigiríamos.

Todo era tan perfecto que empecé a sentir miedo, como si tanta dicha de repente se pudiera esfumar.

Continuará.



2 comentarios: