Adamma Adamma Adamma.
Estaba como bajo el influjo de un hechizo ante la nueva amiga de mi hermana, no me la podía sacar de la cabeza, a todas horas, siempre, Adamma Adamma Adamma.
Era de mi misma edad aunque me sacaba un palmo de estatura. Tenía unas piernas delgadas y larguísimas, su cuerpo de niña prometía una futura figura escultural, pero su cara me tenía embobado, con aquellos ojos que parecían sonreír, sus facciones perfectas y el color de su piel. Me pregunté desde entonces por qué a las personas de su raza se las llama negras, su verdadero color era como de un lustroso chocolate. También me parece erróneo el término para la raza blanca, objetivamente esa piel está entre el rosa y el qué sé yo. Inexactitudes lingüísticas.
A mis once años conocí el desasosiego del primer amor. Platónico, por supuesto, ¿cómo se iba a fijar ella en mí?
Supe que su nombre significaba "niña hermosa", desde luego sus padres lo tuvieron fácil al ponerle ese nombre que me sonaba a música celestial.
Adamma había tenido una infancia movidita geográficamente hablando, había viajado desde siempre por el trabajo de diplomático de su padre. Aunque el idioma oficial de Nigeria es el inglés, sus padres le habían enseñado el dialecto hausa, el mayoritario en su país de origen. La familia había vivido un par de años en Francia y en Alemania, por lo que también hablaba esos idiomas. Adamma hablaba el español perfectamente, aunque tenía un acento extraño que me gustaba, supongo que por la mezcla de los tantos que desde pequeña escuchó.
Pronto se ganó el cariño de mis padres y de Pedrín, era una niña educada, algo tímida de primeras, dulce, risueña; el contrapunto ante el carácter de Celeste.
Su padre era el cónsul de Nigeria en España y la madre, aunque no trabajaba teóricamente, siempre andaba enredada con los muchos compromisos sociales que conllevaba el cargo de cónsul de su marido.
Adamma y mi hermana se convirtieron en inseparables, lo que me permitía seguir suspirando en secreto por aquella criatura que me había robado la tranquilidad.
El que las madres comenzaran a hablarse por teléfono sucedió de forma natural, como algunos sábados Adamma se quedaba a dormir en nuestra casa o Celeste en la suya, era lógico que nuestros padres quisieran tantear el terreno, saber en manos de que adultos quedaban sus respectivas hijas.
Si Adamma estaba bajo mi mismo techo me ponía nervioso, ansioso, feliz al mismo tiempo, vamos, que tenía un potaje de sentimientos que me costaba esconder.
Cuando estaba con ella no pasaba del saludo y alguna que otra frase de cortesía, me daba miedo ponerme a tartamudear o que se diera cuenta de que la miraba con ojos de cordero degollado, Pedrín algo debió intuir, o se me notaba o lo relacionó con la cantidad de colonia con la que me bañaba cuando ella iba a venir.
-Te gusta ¿verdad?, no es para menos, es preciosa y un encanto de niña. Yo no le respondía, pero ya se sabe, el que calla otorga.
Adamma tenía algo que me desconcertaba y que la alejaba de la perfección que en un principio le atribuí, era desordenada. Tenía la costumbre de quitarse los zapatos y dejarlos de cualquier manera. La parte positiva era que me permitía mirar con disimulos los dedos de sus pies, morenos y perfectos.
Una tarde estábamos merendando en la rebotica unos dulces que su madre nos había enviado. Yo miraba los zapatos desordenados, me daba urticaria que no estuvieran al menos debajo de la mesa, y me decía internamente que en un descuido cualquiera podría tropezar con ellos.
Y por esas cosas raras que solo me pasan a mí, al levantarme para ir al baño y sabiendo perfectamente que los zapatos estaban donde estaban, torpemente los pisé. El tropiezo me hizo caer de cara contra una estantería de hierro estampando mi cabeza contra una esquina. Todo se volvió rojo y me desvanecí. Al volver a la conciencia, mi cara ensangrentada y los gritos de Celeste y Adamma me asustaron tanto que me volví a desmayar. Ni me enteré cuando me llevaron al hospital.
El resultado, mi ceja izquierda con una brecha que necesitó cinco puntos de sutura. Pero como había perdido el sentido y el golpe había sido en la cabeza, tuve que permanecer hasta el día siguiente en el hospital para descartar que hubiera sufrido una conmoción cerebral.
Continuará.
No hay comentarios:
Publicar un comentario