jueves, 29 de enero de 2026

Ana Chocolate. Capítulo 13.

 Quitando el desagradable desencuentro que Ana Chocolate y yo tuvimos a los dieciocho años nuestra amistad estaba bien consolidada.
Nos adentramos en el mundo de los adultos de la mano, inseparables aunque alguna tuviera lo que era normal, algún noviete que nos separara temporalmente, pero ninguna de las dos, fuera de los típicos enamoramientos pasajeros, había encontrado una pareja estable.
Mi amiga con veintidós años terminó la carrera de criminología y comenzó a prepararse las oposiciones, se lo tomó en serio y dedicaba mucho tiempo a sus estudios, por ello y porque yo tenía mi horario laboral, era complicado estar juntas. Las dos nos echábamos de menos, y ella resolutiva como siempre encontró el modo de solucionarlo. Tenía que prepararse para superar las pruebas físicas y acudía por las tardes a un gimnasio, pero a primerísima hora de la mañana salía a correr. ¿Y quién fue la elegida para que la acompañara? Mi menda lerenda, así que a pesar de los madrugones podía disfrutar de la compañía de Chocolate aunque yo fuera con la lengua fuera y ella no se ahogaba corriendo y hablando a la vez. Lo di por bueno a pesar de que me costara obedecer al despertador, valía la pena si estábamos juntas.
A mí me el trabajo me iba bien, me gustaba. Me veía llevando el negocio cuando mis padres se jubilaran y me imaginaba en un futuro no lejano formando mi propia familia, siendo madre y estando a gusto en pareja. En mis visiones de futuro siempre me veía cerca de mis padres y por supuesto de mi cabezota amiga.
No sé por qué pero el año siguiente me pareció que pasó más rápido y cuando nos quisimos dar cuenta Ana Chocolate se presentó a unas oposiciones que por supuesto, aprobó. Así con veintitrés años entró a trabajar como detective en la policía. 
Yo me sentía muy orgullosa por ella, aunque los primeros meses se tuvo que esforzar para que la respetaran.
-Imagínate, -me explicó al principio-, la novata es mujer, joven y negra. Me miran con lupa, parecen que están esperando a que meta la pata para recriminármelo y no pienso darles el gusto.
-Estoy segura de que los pondrás en su sitio si se pasan, pero chica, se te escapa un "pequeño" detalle, eres mulata.
-Ah parece mentira que todavía no te hayas dado cuenta Zanahoria, para los blancos soy demasiado oscura, me ven negra y ya me gustaría serlo, ojalá tuviera la piel de mi madre. 
Me ponía en su lugar y entendía que fácil, lo que se dice fácil, no se lo iban a poner entre tantos prejuicios y testosterona, pero conocía la determinación de mi amiga. No iban a lograr hacerla pequeña.
No me equivoqué, al año de estar en la policía, la mayoría la consideraba una excelente detective y al resto, una minoría obtusa que no la aceptaba, bastó con ignorarlos. 
 Esa es mi chica, me decía al mismo tiempo que me preguntaba cuanto tardaría en decirme que había encontrado a mi madre biológica, estaba segura de que Ana Chocolate, que ya tendría "sus contactos", había averiguado lo que durante años había querido saber...
Y yo no.

Continuará. 


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