Estaba en shock, no podía asimilar lo que mi amiga había descubierto sobre Iván.
Chocolate me consoló, me acompañó, dejó que yo llorara como nunca antes había hecho, y esperó a verme más serena para explicarse.
-Lo siento Zanahoria, desde el minuto uno que me lo presentaste tuve la intuición de que ese tipo no era trigo limpio y aunque me pediste que no lo investigara lo hice a tus espaldas, también un seguimiento, y cuando según él viajaba a Fuerteventura o Lanzarote, pude constatar que estaba con su mujer y sus hijos. Me pongo en tu lugar y puedo imaginar lo dolida que estás, pero mira el lado positivo, te has librado de una mala persona sin consecuencias mayores, peor hubiera sido que estuvieras embarazada. Date un tiempo y ese dolor pasará. Ahora estaría bien que las dos intentáramos descansar un par de horas que ahora mismo amanece.
Al día siguiente me levanté con la peor resaca emocional que había sufrido nunca. Me costaba creer que hubiera sido tan ingenua y siempre hubiera justificado las frecuentes ausencias de Iván, sus repetidas excusas, su mala relación con una hermana que ni existiría.... Había estado ciega por el enamoramiento... pero tuve que enfrentarme a un sentimiento que ignoraba que tuviera cabida en mi persona: las ganas de hacerle daño a aquel mal tipo que había jugado conmigo sin importarle lo más mínimo desaparecer de mi vida cuando le dije que estaba embarazada. Si lo hubiera tenido delante hubiera sido capaz de pegarle, tal era mi ira, pero lo primero que hice aquel aciago día fue enviar un correo a la empresa donde trabajaba para informarles de que a partir de ese momento prescindía de sus servicios como suministradores del material informático, que puntualmente les comprábamos para el negocio familiar.
Al instante recibí una llamada telefónica, la empresa quiso saber qué me había llevado a anular el acuerdo de compra y rabiosa como estaba solté que el vendedor que visitaba nuestro negocio había resultado ser un impresentable al que no quería volver a ver en mi vida. Sospeché que no era la primera queja al respecto, pues la persona que estaba al otro lado de la línea soltó algo así como "Iván otra vez haciendo de las suyas", pero me prometieron que tomarían medidas y que por supuesto él no volvería a pisar nuestro negocio como proveedor de su empresa.
Pasé un par de días pésimos en los que Chocolate no me soltó de la mano, estuvo pendiente de mí en todo momento. Me comentó que sabiendo donde vivía aquel cabrón igual no era mala idea que yo fuera para tener una conversación con su mujer, seguro que ella era tan víctima como yo, realmente más, pues tenían dos hijos y a saber la de mentiras que le contaba a diario para sus escarceos con muchachas ilusas como yo, pero me negué. Ponte en su lugar -señaló mi amiga- esa mujer está perdiendo su juventud con ese tipo, se merece conocer con que tipo de persona está compartiendo su vida. Piénsatelo cuando estés más tranquila, ese gilipollas se merece que le quiten la careta.
Pero yo solo quería que pasaran los días y que aquella traición fuera dejando de doler.
Y aunque llegué a darle vueltas, la idea de ir a casa de Iván para hablarle a su mujer y que existiera una mínima posibilidad de tenerlo delante me paralizaba, solo quería sacarlo de mi vida cuanto antes.
Quizás yo podía ayudar a aquella mujer a ver la realidad, pero pensé en mí y me permití ser egoísta.
Continuará.
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