jueves, 14 de mayo de 2026

Los Dragones. Capítulo 21.

 Mari seguía manejando el dinero de todos con acierto y cada cierto tiempo repartía las ganancias.
Ese dinero extra nos venía como agüita de mayo, Kevin se compró una moto y yo me apunté para sacar el carnet de conducir, a Lucas no lo veíamos con ninguna compra significativa, según él estaba reuniendo y Mari... seguía invirtiendo con tino. Convencida nos decía que con veinticinco años tendría la casa de sus sueños y que esperaba no tardar en adoptar a su primer hijo.
Sin duda la economía de los dragones mejoraba, pero el comportamiento de Lucas comenzó a quitarnos el sueño.
De repente estaba apático y se lamentaba de haber perdido su toque con sus comics, "no soy capaz de dibujar nada que me guste, soy un fraude, no valgo para esto..."  y de repente salía y llegaba como si le hubieran dado la vuelta a un calcetín, se pasaba horas eufórico con un lápiz y su blog olvidándose hasta de comer. Adelgazó, tenía constantes cambios de humor, parecía que del Lucas sensible que había sido no quedaba ni sombra. 
Por supuesto le preguntamos si tenía algún problema, pero él a la defensiva y de malas maneras nos pidió que lo dejáramos tranquilo.
-Esto no es normal, nos decíamos mientras barajábamos diferentes conjeturas. Mari pensaba que tenía mal de amores y que se le pasaría con el tiempo, yo opinaba que era una crisis artística y que cuando se encontrara a sí mismo volvería a ser el mismo chico sensible de siempre. Kevin se limitaba a negar nuestras sospechas, algo le rondaba por la cabeza, pero no quería levantar la liebre antes de tiempo.
-Creo que sé lo que le pasa, voy a hacer lo que tenía que haber hecho hace tiempo, pero no pregunten nada, lo sabrán cuando sea el momento, ojalá me equivoque...
Un par de días después de esa conversación, entró Kevin tirando del brazo de Lucas con brusquedad. Me voy a meter en la habitación con este imbécil y oigan lo que oigan no se les ocurra meterse, esto es entre Lucas y yo.
Después del portazo que no auguró nada bueno, Mari y yo asombrados oímos a Kevin liándose a golpes contra Lucas, pero no nos atrevimos a entrar. Mi amiga trajo el botiquín y temblando me dijo: si sigue entramos, lo va a matar...
Pero no hizo falta, Kevin abrió la puerta y dejó tirado en la cama a un Lucas lloroso con la cara ensangrentada. 
-Pillé a este idiota comprando coca, si se quiere volver a meter tendrá que ser por el culo, porque le acabo de romper la nariz. Ya les dije cuando comenzamos a vivir aquí que si me enteraba  de que alguno se acercaba al humo de un porro se las vería conmigo, y yo no digo ese tipo de cosas por decirlas. Tenía mis sospechas pero  no quise creer que después de la niñez de mierda que hemos tenido Lucas fuera tan estúpido como para meterse en la droga. Y escúchame bien Lucas, soy policía y no me cuesta nada conseguir coca o lo que sea y decir que te pillé vendiéndola, te juro que te meto en la cárcel.
Kevin estaba muy alterado y nos indicó que se iba al gimnasio a pegar puñetazos a un saco porque si se quedaba no respondía de sus actos.
Mari tomó el mando aunque estuviera tan asustada y cabreada como yo. 
-Trae hielo Saulo, voy a limpiarlo. Mejor no hacer leña del árbol caído ahora, ya hablaremos con él.
E  hizo lo que hace una madre, con sumo cuidado le fue limpiando la sangre y lo meció cuando Lucas  reaccionó llorando como un niño.

Continuará. 

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