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Mari terminó la carrera, apostó fuerte invirtiendo todo el dinero que había ido ganando poco a poco con sus transacciones y ¡eureka!, ganó un pastizal.
Se fue haciendo con unos pocos inversores, dinero llama a dinero y sus primeros clientes corrieron la voz de que era una maga de las finanzas y no tardó en tener su buena cartera de clientes.
Se pudo permitir ir pasito a pasito cumpliendo sus sueños, se compró una buena casa con un jardín grande, lo que siempre había deseado. Era el primer paso para conseguir el siguiente: la adopción.
Sabía que lo normal es que tuviera que esperar durante años, pero tenía dinero para ir abriendo puertas. No se salió de la legalidad, aunque utilizó atajos, contactó directamente con los países que tenían tratados con España en ese aspecto y sumamente importante fue el hecho de que ella pretendiera adoptar a criaturas con problemas, para ser claros, los que difícilmente serían adoptados.
A los veinticinco años ya tenía a su primera hija, Patricia, una niña africana con graves problemas de visión. Trabajaba desde su nueva casa y le hizo una proposición a la buena de Carmensa, que dejara la cocina de la casa de acogida para pasar a ser su mano derecha. Mari trabajaba duro para aumentar su economía, iba a necesitar a alguien que estuviera pendiente de Patri cuando ella no pudiera y así Carmensa terminó viviendo en la casa de Mari.
En cuanto a mí, terminé mis estudios en la Escuela Culinaria. La titulación de ese centro era bien valorada y no era extraño que saliéramos con un contrato bajo el brazo.
Fue mi caso, me ofrecieron llevar la cocina de un buen restaurante. Santiago, mi mentor habló conmigo.
-Saulo, la oferta de empleo que tienes es golosa pero me gustaría que valoraras lo que te voy a decir, acabamos de formalizar con el Cabildo un contrato para que destinemos un número de plazas a chicos y chicas que están en casas de acogida, hemos aceptado, a cambio el Cabildo va a aportar económicamente para que podamos abrir un nuevo aula de enseñanza, la única forma de dar cabida a más alumnos. Pensé en ti desde el minuto uno, vamos a necesitar a un chef que dirija y enseñe. Eres buen cocinero, pero no puedo obviar que viviste hasta la mayoría de edad en un centro de menores. Esa experiencia te convierte en el perfecto candidato. Ma gustaría contar contigo, pero no te quiero presionar, te aconsejo que aceptes la oferta de empleo del restaurante, no quisiera que si aceptas mi propuesta en un futuro dudes acerca de tu elección. Como vas a tener unos meses de prueba podrás valorar si sigues con nosotros o no.
Un buen dilema, pensé, estaba orgulloso de tener un contrato en un restaurante de postín, pero por otro lado lo de ejercer de profesor en la escuela culinaria tenía su miga, ejercería mi pasión, cocinar, pero tendría la oportunidad de ayudar a unos chavales que estarían tan perdidos como yo mismo tiempo atrás.
No sabía si pensar con la cabeza o con el corazón.
Continuará.
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