Hoy mi taxi estaba haciendo un ruido raro, así que acorto el turno de tarde para llevarlo al taller. Por suerte, Manolo, el mecánico de toda la vida de mi padre, tiene relevo generacional y su hijo, consciente de que es mi herramienta de trabajo, me atiende aunque vaya sin hora.
El taller sigue siendo el mismo aparentemente, aunque por supuesto lo tienen al día. Manolo suele aparecer para entretenerse, mientras su hijo destripa mi coche me pregunta por mi padre y me ofrece un café. El veredicto es concluyente, hay que cambiar un par de piezas; por suerte las tiene, pero llevará un par de horas dejarlo listo.
Llamo a Virginia, teníamos tutoría en el colegio de Thiago y sin el coche me voy a retrasar, me dice que no me preocupe, pasará a buscarme al taller y asunto solucionado.
Últimamente encuentro a mi ex mejor, como más centrada, me alegro por ella y principalmente porque eso redunda en positivo en nuestro hijo.
Ya en el cole se presenta la nueva tutora y me gusta que vaya al grano sin eufemismos, ya hemos padecido a algunos colegas anteriores que nos soltaban que nuestro hijo era "muy sensible".
Esta profe nos cuenta lo que ya sabemos, que Thiago se relaciona mejor con las niñas que con los niños y que su parte femenina es más acusada. Quiere saber si lo han evaluado psicológicamente.
Virginia me cede la palabra y la pongo al día: sí, al niño lo han visto especialistas en el tema. Parece que Thiago no se siente mal con su cuerpo, aunque a sus ocho años sea pronto para saberlo, todo apunta a que sea homosexual pero no transgénero. Ella nos felicita por tomarnos con la mente abierta la "circunstancia" de nuestro hijo y nos asegura que estará al tanto con los otros niños, "ya se sabe, los niños a veces son crueles". Por lo demás, el niño es buen estudiante y educado. Nos vuelve a felicitar.
Ya casi es la hora de ir a buscar a Thiago a sus extraescolares y como sigo sin coche, Virginia se ofrece para ir a buscarlo aunque me tocaba a mí. Vale, le digo, pero desde que me den el coche me ocupo de él.
Al final el día terminó bien, con menos dinero en el bolsillo por la avería, pero contento de estar en casa con mi niño. Mi niño especial, sensible, rezo por que sea fuerte y luche por sus derechos sin dejarse pisar por nadie, no será fácil, sin duda sufrirá. Mientras esté vivo, yo estaré para recoger sus pedazos rotos y unirlos de nuevo.
Al final no estoy siguiendo el propósito inicial con este diario, se suponía que iba a dejar constancia de las dichas y desdichas de mi profesión. Pero qué demonios, si me está sirviendo de terapia...
Mañana sigo, ahora me toca preparar la cena para Thiago y contarle algún cuento.
Lo mejor del día.
Continuará.
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