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Mi relación con Virginia se afianzaba.
Era habitual que comiera con mi familia a menudo, y sus padres, supongo que por no ser menos, me invitaban de vez en cuando. Yo acudía por no desairar a mi pareja, pero si el ambiente en mi casa era relajado y todos estábamos a gusto, con la otra parte era lo contrario. Lo daba por bueno si eso hacía feliz a Virginia.
Ella cada vez se abría más, no parecía tan tímida y le encantaban las anécdotas que surgían por mi profesión, hasta conoció a Emilianita, la vecina a la que llevaba a sus controles médicos y me preguntaba a menudo por ella.
Se examinó para el carnet de conducir y aprobó a la primera. Estábamos contentos y mientras mi madre preparó una tarta casera para celebrarlo, sus padres nos invitaron a un restaurante de lujo donde me sentía más perdido que un pulpo en un garaje.
Habíamos hablado del coche que ella quería, faltaba poquito para su cumpleaños y daba por hecho que sus padres le regalarían uno. A ella le gustaban los "minis" y yo por mi experiencia le aconsejé:
-Mejor un coche de segunda mano, no es raro que en los primeros meses "te beses" con alguna columna de los aparcamientos. Son cosas normales y el conductor, en este caso conductora, se hace conduciendo.
No se equivocó Virginia, en su veintiún cumpleaños los padres habían preparado un almuerzo en su casa, y en los postres le dieron una llave con un enorme lazo.
-Vamos al jardín, allí te espera tu regalo, le dijo su padre guiñándole un ojo.
Cuando salimos nos encontramos con un BMW rojo, precioso, grande, caro...
No dije mi opinión por no aguarle el cumpleaños a Virginia, pero me pareció ostentoso y un despropósito para una conductora sin experiencia, pero ellos eran así, las apariencias lo eran todo.
Mi pareja agradeció el regalo educadamente, ya luego a solas me dijo que hubiera preferido un "mini", pero que si se lo decía a sus padres pasaría por desagradecida.
-¿Cuándo te vas a atrever a ser tú misma con ellos Virginia? ¿Por qué tiene que ser siempre lo que ellos quieren?
-Jose, son mis padres, quieren lo mejor para mí.
-Sí, pero sin contar contigo, como si fueras una niña pequeña.
Como tantas otras veces dejé el tema, no quería meterme en sus decisiones aunque no las compartiera. Al fin y al cabo tenía razón, eran sus padres.
No me equivoqué, aquel coche precioso a las dos semanas tenía abolladuras por todos lados, Virginia se sentía insegura conduciendo aquel coche tan grande y me armé de paciencia para salir a pasear con ella como conductora para que fuera cogiendo seguridad.
Pasaron unos meses y yo también cumplí los veintiuno. Virginia estaba barajando varias posibilidades de trabajo, estaba animada.
Hasta que llegó con una noticia.
La noticia.
Continuará.
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