miércoles, 15 de julio de 2026

Diario de un taxista. Capítulo 11.

 Me hice de rogar y no acudí a la casa de Virginia hasta pasada una semana. Esa vez llegué sin bombones ni puros y más nervioso que la primera vez. 
Virginia me cogió de la mano marcando territorio y su madre, Victoria, se disculpó a su manera.
-Jose, en nuestro primer encuentro no estuve acertada, espero que me disculpes. 
Me mordí la lengua para no soltar lo que se me pasó la cabeza, que había sido clasista, soberbia, hiriente,  maleducada... Pero acepté su tibia disculpa pensando en Virginia, ella no tenía culpa de la madre que le había tocado en suerte.
Era media tarde y pasamos a un salón para tomar un refrigerio, vamos, lo que en mi casa hubiéramos llamado un picoteo, pero en aquel lugar todo apuntaba a la elegancia que da el dinero.
Victoria me observaba con detenimiento, supuse que su marido la había advertido para que no volviera a meter la pata y él, después de hablar de trivialidades, fue al grano.
-Jose, parece que mi hija y tú van en serio y has conseguido lo impensable, que ella se esté sacando el carnet de conducir. Sabemos que le estás dando buenos consejos y esperamos que más pronto que tarde encuentre su camino en el mundo laboral. Es cuestión de tiempo que descubra lo que quiere hacer.
Ella sabe que puede comenzar a trabajar con nosotros cuando quiera, pero aunque nos gustaría ella tiene que tomar la decisión. Y de eso te queríamos hablar para agradecerte lo que hiciste por nuestra hija cuando la quisieron violentar; nos consta que no le tienes miedo al trabajo haciéndolo incluso de noche.
Te queremos proponer que trabajes para nosotros, sabes a lo que nos dedicamos y que te podemos ofrecer un puesto en cualquiera de nuestras empresas, empezando desde abajo por supuesto, no se te va a regalar nada, pero con la perspectiva de que en unos años estés bien situado y ganando mucho dinero. No hace falta que nos digas nada ahora, tómate tu tiempo y ya nos dirás algo-.
Si aceptaba la jugada les salía perfecta:  podrían seguir mi relación con Virginia de cerca y además, no tendrían que avergonzarse de tener un yerno taxista. Me querían controlar como habían hecho con su hija.
-Muchas gracias, pero no voy a aceptar su propuesta, me gusta lo que hago aunque no me haga rico, Virginia me conoció así y no parece importarle-.
Victoria hizo un gesto de desagrado, no debió gustarle que rechazara el ofrecimiento.
Me importó bien poco, aunque Julio parecía más cabal, lo único que me valía la pena de aquella familia era Virginia. 
No me iban a meter en una jaula de oro.

Continuará. 


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