Después de la inesperada decisión de Virginia sentí que había sido el tonto útil.
Los primeros mes la rabia me podía, ¿cómo no supe darme cuenta antes? Recordé que mi hermana Carmen me lo había advertido, pero yo ciego enamorado no quise verlo.
Pero tenía que seguir con mi vida y lo primordial en ella seguía siendo mi hijo Thiago. No me quedó más remedio que ponerme de acuerdo con Virginia para ver como le planteábamos la nueva situación a nuestro hijo, preparamos el típico discurso, el de que a veces los padres eligen caminos diferentes pero que seguirían queriendo a su hijo de la misma forma. Thiago nos sorprendió al tomarlo con naturalidad, tenía amigas con padres separados y nos preguntó si iba a tener que vivir en dos casas. Le explicamos que lo mejor es que continuara en la de siempre y que ya nos moveríamos los adultos.
Cuando expliqué a mi familia lo que estaba pasando, mi hermana no dijo nada, pero leí en su expresión el "ya te lo dije", mis padres me animaron, yo no era ni el primero ni el último en pasar por ese trance, añadieron que yo era joven y tenía todo el tiempo del mundo para rehacer mi vida.
Virginia se ocupó de hablar con sus padres, según ella lo asumieron, y aunque hubiera sido de otra forma, a ella le hubiera dado igual, era su vida y ya tocaba tomar sus propias decisiones.
Mi suegra, o mejor dicho exsuegra, me llamó.
-Jose, ya sé que no empezamos con buen pie por mi puñetero carácter, pero lo de la separación me ha sentado fatal, he visto que eres buena persona y que has formado una familia con Virginia porque la quieres, no has ido detrás del dinero. Esta hija mía no sabe lo que quiere, por favor, dale tiempo, cuando se aclare querrá volver contigo.
Me acostumbré a desahogarme con mi amiga Ana, ella no se pronunciaba, pero me hacía bien hablar con ella.
Por el bien de Thiago me tragaba la bilis cuando tenía que coincidir con Virginia y el niño, procurando actuar con una tranquilidad que para nada sentía. A ella la veía segura, tranquila y era inevitable preguntarme si ya había ocupado su corazón con otro hombre.
Como siempre, el taxi era mi terapia, haciéndome olvidar durante algunas horas lo desgraciado que me sentía.
Eso y poder contar con Ana fueron el bálsamo emocional que necesitaba.
Continuará.
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