miércoles, 7 de octubre de 2026

Diario de un taxista. Capítulo 35.

 Al rato de llegar del hospital, comencé a sentir dos bolas en mi garganta que apenas me permitían tragar, ni mi voz me sonaba igual. Me encontraba algo aliviado al haberme bajado la temperatura, pero como advirtió el médico, iba a tener picos de subidas cuando se pasara el efecto de los antitérmicos.
Cuando me subía la fiebre volvía a sentirme hecho un trapo y la garganta tan inflamada no me permitía pasar ningún alimento sólido. 
-Paciencia Jose, te hago una buena sopa, que algo tienes que meterte en el cuerpo, y paciencia, durante un par de días te seguirás encontrando mal, hasta que la medicación vaya haciendo efecto y notes mejoría.
No tenía ánimo para nada y dejé que mi ex cogiera el timón. Cuando la fiebre subía me quedaba medio traspuesto, y no sé si soñaba o deliraba, pero una sensación recurrente me perturbaba. Sin llegar a ver nada intuía que la energía de una mujer me envolvía, era raro, pero sentía un amor profundo que traspasaba lo físico, cuando le quería decir cuanto la quería y estaba a punto de ver su cara me sobresaltaba y volvía a la realidad. Será Virginia, me decía alucinado por la sensación que se me quedaba, como miel a punto de tocar mis labios. 
Durante dos días no me levanté de la cama sino para lo imprescindible, con la infección, la fiebre que iba y venía, el fuerte tratamiento y que no podía tragar nada sólido estaba flojísimo. Es normal, me animaba Virginia, ya verás que dentro de nada te encontrarás mejor. 
No había tenido ánimos ni para encender mi teléfono y le pedí a Virginia que comprobara en mi agenda los viajes pendientes para esa semana y que los anulara. Cuando le pedí que me alcanzara el móvil, encontré varias llamadas de Ana, en el buzón pedía que la llamara, que estaba preocupada.
Todavía me costaba hablar, así que le mandé un whatsapp explicándole por que había tenido el teléfono apagado. No tardó en llamarme.
-Oye, que voy a verte ya, me tenías preocupada, se ve que Virginia está picada conmigo, pensará que estamos liados porque he hablado con ella para lo de las fotos del concierto y no me ha comentado que estabas enfermo.  A ver si ahora se atreve a decirte lo que siente. 
Llegó al rato, si le molestó a Virginia lo supo disimilar.
Siempre me hacía gracia lo bruta que era mi amiga hablando: "Joder Jose, estás hecho una mierda, pobrecito, si lo hubiera sabido antes hubiera venido a hacerte compañía. Ya me podías haber avisado Virginia"-.
Y Virginia con cara de póquer se excusó con que yo no estaba para visitas.
Poco a poco fui notando mejoría, la fiebre iba a menos y ya podía comer algo sólido. Salí de la cama y me pude afeitar, que parecía un náufrago, Virginia se preocupaba y ocupaba de mí, siempre pendiente a la medicación, al termómetro y haciendo mis comidas preferidas cuando pude comer con fundamento.
Se sentaba a mi lado y me hablaba de su trabajo.
-Mira Jose, estoy conociendo telas que no sabía ni que existían, hay un tejido especial, es como un repelente para líquidos, cien por cien impermeable no se ha inventado todavía, pero había pensado que forrar la tapicería de tu taxi sería estupendo, así cuando te vomiten puedes limpiar sobre la marcha y no tienes que quedarte sin coche hasta que te lo den limpio y seco. Y también que te ahorrarías un dineral.
Si te parece tomo medidas y hago el pedido, que ganas de probarlo ya.
Según iba mejorando volvía a preguntarme si sería cierto que estaba enamorada de mí, lo cierto es que lo parecía. El que yo estuviera enfermo le estaba dando la oportunidad de cuidarme y mimarme como nunca.
Si era así, ¿a qué estaba esperando para decírmelo? 
Mientras y casi ya sin fiebre, yo seguía teniendo aquella especie de sueño amoroso donde me quedaba con las ganas de verle la cara.

Continuará. 




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