Dentro de la niebla que envuelve a Sergio puede percibir que algo está pasando.
Primero su madre le presentó a alguien; por la voz le pareció una mujer joven, pero cuando la chica comenzó a hablarle su madre la interrumpió.
-Perdona Violeta, mi marido me acaba de llamar, está llegando y también la novia de Sergio, tenemos que tratar un tema familiar y lo mejor es que lo dejes por ahora, ya tendrás tiempo a la noche de presentarte como es debido a Sergio.
El reconoció al poco las voces alteradas de sus padres y de Pilar. Yolanda insiste: No vamos a tratar el tema delante de Sergio y tampoco lo voy a dejar solo, salgamos a la puerta.
A los pocos minutos y aunque no estén junto a su cama Sergio se percata de que discuten, sus padres le reprochan algo a Pilar, pero solo puede pillar algunas palabras sueltas: sinvergüenza, denuncia, fotos...
Cuando su madre regresa a su lado la escucha llorar.
Si pudiera abrir los ojos, si pudiera hablar, si pudiera decirle a su madre que no sufra.... pero aunque se le amontonen los "pudiera" solo es capaz de navegar a oscuras, aferrado al hilo de las voces que lo mantienen vivo. Enrabietado se ofusca, si pudiera cortar ese hilo lo haría, sería lo mejor para todos. Piensa en el dolor que su muerte ocasionaría a sus padres, pero aunque ese dolor se les quedaría por siempre cosido a sus costuras, aprenderían a convivir con él. Le parece peor la tortura de ese momento, está encarcelado en un cuerpo que se ha desvinculado de él y que solo produce desdicha a los suyos.
No sabe como, pero tendrá que dejar de escuchar, supone que así ya nada lo mantendrá atado a la vida y sencillamente se irá.
Las horas de ese día se siguen resbalando y Sergio se auto recluye en la oscuridad más rotunda cuando le hablan, se concentra en la negrura absoluta para dejar de escuchar.
-Puedo hacerlo, sin las voces nada me retiene y se acabará todo.
Percibe que lo está logrando, no sabe si existe algo después de la vida, pero puede sentir como se le está escapando a algún lugar o a la nada. A punto de despegarse por completo una voz acompañada de un aroma lo vuelve a anclar a su cuerpo.
-Hola Sergio, soy Violeta. Esta mañana no pude presentarme como es debido. Y como tu madre teme que despiertes solo o ante una persona desconocida, lo mejor es que te habla de mí y me vayas conociendo, casi se me olvida la vela de olor, no te preocupes, es de violetas y muy suave. Ya estarás comprendiendo que mi nombre tiene mucho que ver conmigo. Mi color preferido es el violeta, dicen que es un color místico, también me encanta el aroma de esa flor y adoro la flor en sí misma, tan humilde y bonita. Yo bonita no sé, pero humilde sí. Ya, ya me irás conociendo, mi niño.
Algo remueve a Sergio por dentro, está percibiendo la fragancia, algo nuevo en su estado y la voz de la mujer es tan delicada... reconoce el acento canario y recuerda sus vacaciones de niño en las islas.
Sin poderlo evitar, vuelve a habitar su cuerpo inerte. La voz y el aroma de violetas tiran del hilo que ya casi había logrado deshacer.
¿Esta mujer será como Sherezade en las Mil y una noche? Sea como fuere de momento lo tiene atrapado a la vida.
Continuará.
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