Me bastó la primera semana para conocer casi toda la playa. Me quedaba la zona de la Cícer, pero Mara dijo que la marea allí era brava y la dejaríamos para el final.
Cada vez me sentía más segura en el mar, sin darme cuenta me descubrí disfrutando de la natación y nos pusiéramos donde nos pusiéramos encontraba niñas o niños con los que jugar.
Mi relación con Mara seguía siendo igual, me moría de ganas de preguntarle si era la novia de Chago, pero no quería mostrar ningún interés personal. Seguía pensando que estaba algo chiflada, con sus paradas antes del entrar al mar agradeciéndole su energía.
Pero no parecía peligrosa, así que yo me limitaba a ser una niña y disfrutar.
Lo único que me pesaba era andar por la arena seca. Al no llevar el calzado con alza tenía que hacer un esfuerzo con la pierna derecha, pero según fueron pasando los días el dolor se convirtió en una incomodidad que valía la pena soportar, a cambio de las carambolas y juegos que compartía con las personas de mi misma edad.
Un día Mara me miró y me dijo que yo tenía en los ojos el color del mar y que tal color se llamaba cerúleo. No sé por qué pero la palabra se me quedó grabada para siempre.
Una tarde que estaba jugando en la arena el cielo se oscureció, Mara dijo que no tardaría en llover, que aquella nube traía agua. No le di importancia y a los pocos minutos se cumplió su vaticinio.
Ante los primeros goterones casi todos recogieron para abandonar apresurados la playa, pero Mara cogiéndome del brazo me llevó al agua asegurándome que era una nube pasajera y que no debíamos desaprovechar aquella oportunidad.
Nos metimos en el agua y por supuesto Mara agradeció a la Madre Naturaleza su regalo.
Loca como una cabra, pensé, pero aquella experiencia fue maravillosa. Sentir el mar y la lluvia al mismo tiempo fue un éxtasis tal que a día de hoy no encuentro con que compararla.
Mara estaba exultante y me abrazó, ¿lo sientes? ¿sientes el regalo de esta energía?
Yo no sé si era energía o qué, pero no me retiré de su abrazo y sencillamente fui feliz. Ya tendría tiempo al salir de volver a mostrarle a Mara mi cara más antipática.
Mis padres tenían que viajar unos días y Mara se quedaría hasta que ellos volvieran. Yo ya pensaba que era medio bruja y me dio cierto reparo que estuviera bajo mi mismo techo por las noches. A ver que pasaba.
Mara me dijo que mis padres habían dejado dinero más que suficiente para que comiéramos fuera, pero que le parecía un derroche innecesario, que si nos levantábamos una hora antes podíamos preparar la comida. Ya tendríamos tiempo de recuperar esa hora regresando más tarde.
Le dije que yo tenía 7 años y no sabía hacer de comer ni falta que hacía, que para eso estaba ella.
-Paula, no soy tu criada, soy tu cuidadora. Si no quieres colaborar en la cocina no hay problema, me hago la mía y te doy dinero para que compres lo que quieras.
Orgullosa pensé que así lo haríamos, pero al día siguiente me desperté con unos olores.... Mara estaba haciéndose una tortilla en la cocina y olía que alimentaba. Me acerqué como quién no quiere la cosa y me dijo que si había cambiando de opinión aún estábamos a tiempo de hacer una tortilla para mí.
Vale, le dije con la mayor indiferencia y le pregunté que podía hacer.
Realmente ella se ocupó de casi todo, pero mi pequeña colaboración fue divertida y desde entonces asocio el olor de las tortillas mañaneras con la playa.
Chago venía algunas tardes y paseábamos por la larga avenida, cuando me notaba que cojeaba de verdad nos sentábamos en cualquier terraza y mientras ellos tomaban una cerveza bien fría yo saboreaba un helado sin importarme que algunas gotas derretidas me mancharan. Un placer.
Llegada la hora de irnos a la cama yo estaba tan agotada que caía rendida sin tiempo a pensar ni en brujas ni en miedos.
Mara dijo que íbamos a ir a la zona de la Cícer para que conociera toda Las Canteras, pero que no era apropiada para el baño por las mareas que allí se daban. En realidad es una zona de surfista, me dijo sin saber que como Alicia yo iba a entrar en mi país de las maravillas al pisar aquella parte de la playa.
Continuará.
Me gusta la historia y la relación que está surgiendo entre la niña y Mara..Besotes amiga
ResponderEliminarEs mi pequeño homenaje al mar que los isleños amamos y por supuesto a la playa de Las Canteras, esa maravilla que tenemos en la ciudad. Luego los personajes van tejiendo sus historias alrededor de las olas que nos han bañado.
ResponderEliminarMe puse mística, jajaja.
Un abrazo amiga.