Faltaba poco para que tu abuelo llegara y tenía que conseguir el móvil sí o sí.
Por primera vez iba a mentir a mis padres y estaba nerviosa, pero debía hacerlo y me dije que sería como interpretar un papel en una obra de teatro.
Les conté que algunas compañeras se habían tropezado con un hombre en el parque que estaba junto al colegio y que tocaba su miembro mientras las seguía diciéndoles porquerías. Que una niña al encontrárselo había sacado su móvil para grabarlo y el tipo había salido corriendo.
Mis padres reaccionaron como esperaba, diciendo que era muy peligroso que un pederasta rondara nuestro colegio. Preguntaron si había sido denunciado y les dije que sí. Pero que me sentiría más segura si tuviera un móvil. Me lo compraron esa misma tarde.
Ese día aprendí dos cosas: el significado de la palabra pederasta y lo fácil que es mentir.
Cuando te enseñé el móvil te conté mi plan: grabarlo cuando te obligara a sus abusos.
Tú te quedaste en silencio, cosa rara, hasta que dijiste que te daba miedo que él intentara algo conmigo.
-No te olvides que estoy en kárate desde los cinco años y que mi menor estatura es perfecta para encajarle una buena patada en los testículos.
-Ojalá no pase, pero si te ataca destrózale los huevos.
Según tú cuando el abuelo me encontrara en tu casa, se disgustaría y no intentaría nada la primera noche, pero que la segunda buscaría la manera de forzarte, no se iba a ir sin su trofeo.
Te prometí que buscaríamos la forma de grabarlo para que fuera la última vez que tuvieras que pasar por aquel calvario.
Yo temía que él viniera, pero me decía que mejor terminar con aquello cuanto antes.
Ya habíamos preparado nuestra excusa para que yo me quedara a dormir en tu casa aquellos dos días, un trabajo que debíamos entregar y un examen de matemáticas particularmente difícil que te estaba costando preparar.
No se lo dijimos a nuestros padres hasta el mismo día en que llegaba tu abuelo para que él no pudiera maquinar nada.
Cuando vino, oí a tus padres explicándole que yo me quedaría pero que no se preocupara, que era una niña muy tranquila y educada. Vale, dijo, como si no le molestara, pero cuando nos vimos por primera vez los dos supimos reconocernos como enemigos.
Me produjo tan rechazo, que entendí el significado de la expresión "mal rayo lo parta".
Por la tarde nos pusimos con las matemáticas para hacer creíble la coartada. Estábamos en la cocina, la mesa era bastante grande y nos permitía desplegar y organizar los apuntes.
El hacía como que leía el periódico en el salón, pero debía estar atento a lo que decíamos. En un momento que te levantaste para ir al baño, vino a servirse un vaso de agua y me dijo.
-No llames Patri a mi nieta, su nombre es Patricia. ¿Y tú qué eres, una marimacho haciéndote llamar Dani?
Lo dijo con rabia, demostrando la poca gracia que le hacía mi presencia. Mal rayo te parta, pensé, haciendo un esfuerzo para que no me salieran aquellas palabras.
Aquella noche casi no dormimos, preocupadas por si venía a buscarte para llevarte a su habitación, pero no hizo nada. Debía estar reconcomiéndose por dentro.
A la mañana siguiente nos preparó el desayuno antes de llevarnos al colegio. Mi tostada "casualmente" estaba carbonizada y no me la pude comer.
-Si no te gusta te preparas otra, que tienes manos. Y deprisita, que hay que llegar puntual al colegio.
Me tuve que morder de nuevo la lengua para no exteriorizar lo que mi mente repetía como un mantra: mal rayo te parta, mal rayo te parta...
Ojalá hubiera sabido entonces que tu pesadilla desaparecería ese mismo día, Patri. Hubiera soportado mejor el profundo asco que me producía aquel hombre.
Continuará.
Buf hasta yo le tengo asco a ese individuo, espero que solventen el problema rapidito. Besotes
ResponderEliminarNo recuerdo bien cuantos capítulos faltan, pero no muchos. Dentro de poco sabrás lo que pasó.
ResponderEliminarAbrazos amiga.