jueves, 2 de mayo de 2024

Mal rayo lo parta. Capítulo IX

 El último año del colegio estuvo bien. 
Supimos ver que no éramos las únicas "raras". Ana la guapa, tan estirada qué tu decías que parecía que tenía un palo en el culo, escondía su tremenda timidez con lo que parecía altivez, y eso por poner un solo ejemplo. Realmente cada cual tenía su propia idiosincrasia, nadie era perfect@. Cabíamos en aquel mundo que solo un año antes parecía cerrarnos las puertas.
Tú estabas como más ligera, pero yo notaba como a veces el fantasma de tus agresiones te atormentaba, la herida seguía abierta.
Felipe se convirtió en mi admirador, cosa que yo ni entendía, mientras tú te partías de risa.
Llegó a confesarme que desde el día en que casi le parto la nariz, había empezado a gustarle. La verdad es que yo no le hacía mucho caso, creyendo que la tontería conmigo se le pasaría. 
Cuando empezamos el instituto, coincidimos los tres en la misma clase y siguió con el tonteo que yo ignoraba, hasta que se armó de valor y se declaró. Dijo que había cambiado para bien, que le diera una oportunidad y me regaló un poema, que entre otras cursilerías, confesaba que tenía el corazón roto por mí.
Le dije que era imposible tener el corazón roto y estar vivo, a lo que él respondió con una pregunta.
-¿Siempre interpretas todo literalmente?
-Sí, cosas del autismo.
-Vale, tomo nota para fututos regalos, seguramente te gustaría algo que trajera manual de instrucciones, así interpretarías las cosas tal y como son. 
Esas arranques de Felipe tenían su gracia, aunque yo le decía que lo veía como un amigo, que no se pasara de pesado si no quería que le rompiera la nariz de verdad. Hasta yo sabía bromear.
Tú como testigo de aquellos roneos me decías que se meaba de risa con las cosas de aquel chico, y que se estaba poniendo muy guapo. 
-Si te gusta vete a por él, yo siempre lo voy a ver como un amigo.
-Eso es imposible Dani, porque a mí me gustan las chicas.
-Lástima que a mí no, seríamos la pareja perfecta.
-No, no, eso nunca. Amores supongo que tendré más de uno, pero tu amistad está por encima de enamoramientos y sexualidades. Nadie hubiera hecho lo que tú hiciste por mí. 
Tomé tu sexualidad con total normalidad, pero volví a sentir aquel regusto amargo: quizás pensaras que yo te había liberado de tu abuelo.  Y era de lo más contradictorio, porque yo te había hablado de matarlo, habíamos fantaseado con la idea, pero también pesaba la posibilidad de haberlo hecho posible.
Quise decirte que yo no lo había empujado, pero hasta que tú no estuvieras preparada para hacerme la pregunta, yo sabría esperar para darte la respuesta. 
Mi abuela decía que el tiempo lo pone todo en su sitio, me tocaba esperar.
Y seguimos con nuestras vidas convertidas en adolescentes de manual. 
A veces y sin querer, venía a mi memoria la cartulina que dejó de ser blanca al ser salpicada por la sangre de tu abuelo. Aquella imagen que quedó grabada, me decía que yo también estaba afectada por los acontecimientos. Si a mí me afectaba, ¿cómo te sentirías cuándo los recuerdos de los abusos te asaltaban?
Mal rayo lo parta, después de muerto nos seguía mortificando.

Continuará. 







2 comentarios:

  1. Me da hasta pena que acabe la historia, me gustan estas dos amigas tan peculiares y me gusta su lealtad. Un abrazo fuerte amiga 😘😘

    ResponderEliminar
  2. Sí ya la próxima semana termina, pero tengo más historias, jjj.
    Ojalá la próxima también te guste, besos amiga.

    ResponderEliminar