jueves, 29 de agosto de 2024

Bajo la jacaranda púrpura. Capítulo XIV.

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Antonia.
A lo bóbili bóbili ya estoy de siete meses. 
Yo sabía antes de venirnos a Santa Brígida que algo me faltaba, y cuando quise escribir una noche, caí en la cuenta de que me había dejado atrás los papeles, esos tan blancos y buenos que don Cristóbal me había dado en Las Palmas. Como me dio vergüenza pedirle otros no he podido contar nadita, pero ayer me preguntó si necesitaba algo de la capital y le dije que si no era molestia unos cuantos papeles por si tenía que apuntar algo. Hoy me trajo una manilla entera.  
El tiempo pasa rápido, aunque estoy deseando que esta criatura venga al mundo y que mi Celia sea madre. Con la tremenda barriga que tengo me duelen las caderas y procuro que no se me note que cojeo más. Nunca he sido yo de quejarme, así que me aguanto y punto, ya se pasará. 
Estos meses mi Celia y yo estamos más unidas que nunca, ella me dice que el embarazo me sienta bien y que estoy guapa. Ella sí que es bonita.
Las mañanas pasan entre la cocina y el terrenito que está detrás de esta casa, me da la vida regar y ver como van saliendo el perejil y las otras cosillas que he plantado. Don Cristóbal nos trajo de regalo una radio grande y preciosa. Hay qué ver como le gustan las cosas modernas a este hombre.
Con lo que me quejaba de tener que estar barriendo cada dos por tres las flores de la jacaranda, ahora resulta que lo echo de menos, el barrer y al árbol. Aquí hay una papelera de flores lilas, bueno, como diría don Cristóbal púrpuras. Me gusta, claro, pero mi jacaranda es mi jacaranda. 
Las tardes las pasamos mi Celia y yo preparando la canastilla para el niño. Ellos dinero tienen para comprar  esas cosas, pero a nosotras nos gusta hacerlo y ya tenemos cortadas las telas para los pañales, de algodón y lino que son las más buenas. Yo he enseñado a mi Celia, que de esas cosas no sabía, también ha aprendido a hacer barbilla y aunque el punto le sigue saliendo apretado, tiene mano. Tenemos baberos, patucos, chambritas y una mantita preciosa. Don Cristóbal dice que lo que hemos hecho no se compra con dinero, todo le gusta.
Mi Celia también tiene tiempo para el piano y cuando la oigo tocar esas canciones tan alegres, doy por bueno lo que estoy haciendo por ella. La criatura a veces se mueve tanto que parece que me va a romper, entonces yo cojo su mano y la pongo encima de mi barriga para que sienta a su niño, porque mío no es, por mucho que a veces me dé magua. Qué ganas de que nazca ya y se me pasen esas tonturas. 
Como estoy de siete meses, la criatura puede nacer en cualquier momento. Don Cristóbal piensa avisar a la comadrona para que me atienda cuando llegue el momento. Yo digo que la mujer se puede ir de la lengua, que hay gente muy novelera y se supone que la que tiene que parir es mi Celia, pero él responde que el dinero comprará el silencio de esa señora y que no van a dejar que arriesgue mi vida. Yo me callo, pero este secreto no va a salir de nosotros tres.
Cuando chica la de veces que oí a mi madre decir que si fulanita había parido sola porque no llegó a tiempo la comadrona.... 
No voy a ser ni la primera ni la última, pariré sola. Además, como dice don Cristóbal todo está en los libros y me he ocupado de leer en una enciclopedia que tenemos aquí y que es oro en paño, lo que hay que tener preparado. Ya tengo escondido el cuchillo que tendré que pasar por el fuego, para matar los bichos que no se ven antes de cortar el cordón, y paños y sábanas limpias que tengo reservados. 
Qué me da un poco de canguelo es verdad, pero como Antonia que me llamo que nadie fuera de estas paredes va a saber que no es mi Celia la que va a parir. 
Qué bien me está sentando escribir después de tanto tiempo, es como si me confesara ante un cura pero sin penitencia. 
Y hablando de escritura, Don Cristóbal está contento. Entregó su libro a una editorial y parece que los que entienden de esas cosas dicen que va a gustar mucho, falta poquito para que salga a la venta.
Don Cristóbal dice que en este caso el niño o la niña va a venir con un libro debajo del brazo. No esperaba que le pusiera el título que le dije la noche que me preñó: Bajo la jacaranda púrpura. 
Pues sí, así se llama.
Ah mi jacaranda, qué ganitas de volver y sentarme bajo tu sombra aunque luego me queje de los meneos que le tengo que dar a la escoba....

Continuará. 




2 comentarios:

  1. Que ganas de saber más!! Hoy he leído los relatos y me parecía que estaba sentada en el patio de la casa de Tomás Morales, me lo contaste y mi imaginación voló...Besos amiga.

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