Mi hermana Celeste inició sus pinitos como directora de orquesta en algunos eventos de barrios, se lo estaba ganando a pulso, y claro, nos invitaba a los más íntimos como si fuera a dar el concierto de año nuevo en Viena. Aparte de mis padres y Pedrín, Adamma siempre estaba incluida y Tere como extensión mía también acudía. Luego estaban los fines de semana que Adamma pasaba por casa la casa de mis padres y coincidía con Tere.
Yo me daba cuenta de que ambas se medían con la mirada y que se incomodaban mutuamente. Tere me decía que no le gustaba que Adamma me saludara acariciando la cicatriz de mi ceja por parecerle un gesto íntimo. Después de radiografiarla de arriba abajo, siempre encontraba algo que no le cuadraba, como que se pusiera el reloj en la mano derecha no siendo zurda o que llevara calcetines diferentes. Esas últimas percepciones aunque puedan parecer tonterías, a mí también me chirriaban por salirse de lo normativo. Adamma en algún aparte me llegó a decir que le molestaba la mirada de superioridad que percibía en Tere.
Es mi amiga y me gustaría que la respetaras/ es mi pareja y me gustaría que la respetaras. Esa fue mi respuesta para las dos. No me gustaba verme en medio de ninguna disputa y las dos eran importantes para mí.
Adamma pasado el tiempo se fue volviendo más radical con sus ideas frecuentando ambientes culturales donde enardecían la ruptura de lo establecido. Aunque sé que sus intenciones eran buenas, no me cabía en la cabeza que ella creyera que podía cambiar el mundo con una fotografía. Su mundo y el mío cada vez parecían más alejados, lo que me reafirmaba en la idea de que Tere era la pareja perfecta para mí.
Nunca le conocí un novio serio, pero me constaba que salía con chicos que poco le duraban.
Eso me producía desasosiego, por no emplear la palabra innombrable: "celos" y a veces, en la intimidad con Tere, sin poderlo evitar me preguntaba a que sabría la negra piel de mi amiga.
No me parecía justo para nadie, Adamma jugaba en otra liga, siendo tan diferentes nunca llegaríamos a nada, tampoco se merecía Tere mis rayadas mentales. Yo necesitaba estar centrado, era mi naturaleza, y dejé que Tere tomara el timón de la relación.
Por no extenderme demasiado, diré que Tere diseñó nuestro futuro sin que yo pusiera un pero: terminar ambos la carrera, embarcarnos juntos para tener nuestra propia farmacia, boda -por la iglesia- y tener un hijo. Y no es que me dejara llevar como un pelele, era lo que siempre había querido.
Para no mortificarme, encerré el sentimiento de Adamma bajo siete llaves, tocaba ser adulto y dejarme de tonterías de adolescentes.
Como estaba previsto terminamos nuestros estudios y recibimos ayuda económica de nuestros padres, estaban terminando un centro comercial y tuvimos suerte, pues nos concedieron la licencia pertinente para hacernos cargo de la farmacia que formaría parte del mismo.
Por entonces Celeste ya había terminado su carrera y daba clase de música para mantenerse económicamente, pero sin perder de vista su sueño de ser considerada directora de orquesta. Era difícil en el mundo tan masculino al que se enfrentaba, pero no tiraba la toalla y seguía con su batalla. Adamma después de terminar sus estudios estuvo viajando con su cámara de fotos, quería tener una buena colección para hacer su primera exposición en solitario.
El día de mi boda se suponía que ella estaba en uno de sus viajes y no la esperábamos, pero llegó a tiempo de ver mi: "sí quiero".
Y yo, que me hice creer que lo de ella había sido el típico amor platónico de la niñez y adolescencia, cuando me besó en la mejilla felicitándome por la boda, sentí que mi puñetero corazón desobediente seguía desafinándose ante ella.
Pero yo ya era un hombre casado.
Continuará.
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