miércoles, 10 de septiembre de 2025

Mi otra yo. Capítulo 30.

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Mario se convirtió en mi paño de lágrimas, no sé que hubiera sido de mí si no lo hubiera tenido como amigo. Con respecto a la decepción de mi hija me aconsejó que le diera tiempo.
-Maribel, tu hija está bajo mucha presión en estos momentos, el problema de tu nieta es muy serio y Andrea está emocionalmente con las defensas bajas y no ha sabido digerir que siempre ha tenido delante de sus narices a la escritora que tanto admira. Ten paciencia y no la dejes sola en estos momentos aunque ahora te ponga mala cara, te necesita más que nunca, el tiempo pondrá las cosas en su sitio. 
Era cierto que mi hija me ponía mala cara y se limitaba a tenerme informada sobre la salud de Ariadna, que por desgracia, no mejoraba. 
Lo de ingresarla en el centro especializado era vital, el tiempo corría en nuestra contra y obtener una plaza en ese sitio tan exclusivo y caro no era fácil.
De nuevo Mario acudió en mi ayuda. Ya estaba casi retirado, había delegado sus funciones en su hijo y se limitaba a supervisar el negocio que seguía estando a su nombre. Y aunque había dedicado casi toda su vida a los libros, Mario había sido un hombre de negocios y seguía teniendo muchos contactos en el mundo empresarial. Gracias a él mi nieta obtuvo una plaza en el centro que tanto necesitaba, pero no se quedó ahí, consiguió un apartamento muy cerca del lugar donde Ariadna sería ingresada en breve. Me dijo que había hablado con un amigo que le debía un favor y que hoy por ti y mañana por mí. No sé que favor le deberían, pero además de conseguir la plaza para Ariadna el apartamento lo habían puesto a nuestra disposición con coste cero.
No tendría vida suficiente para agradecerle a Mario lo que estaba haciendo por mi familia y estaba deseando contarle las buenas nuevas a Andrea. Esperaba que las buenas noticias la alegraran, y así sería en su interior pensando en lo mejor para su hija, pero cuando le conté lo que Mario había conseguido me espetó con acritud.
-Mamá ahora va a resultar que también tienes un novio secreto de alto standing, si no, no se explica ese poderío para conseguir la plaza tan pronto y el alojamiento gratis. ¿Qué será lo siguiente? 
Me mordí la lengua para no decirle que estaba siendo desagradecida, no era el momento. Le expliqué que Mario había comenzado siendo mi editor y la única persona que conocía mi identidad como escritora, y que ahora con el problema que teníamos, me estaba demostrando lo buen amigo que era. Añadí que se lo presentaría para que viera que no le estaba mintiendo. 
Pero lo primero era lo primero, no sería fácil solucionar lo de los permisos laborales, porque por mucho que mi hija me estuviera castigando con su sarcasmo y sus malas caras, no pensaba dejarla pasar sola por aquel trago.
En el hospital donde trabajábamos conocían la situación de Ariadna -seguía ingresada allí- y le dieron facilidades a mi hija para que cogiera unas semanas libres, pero sabíamos que el problema no se iba a solucionar en breve, cuando Andrea se tuviera que incorporar a su puesto de trabajo ¿quién se quedaría  con mi nieta? No tardé en tomar la decisión, con el dinero que había ganado con mis libros podía permitirme dejar de trabajar y dedicarme solo a la escritura, pero siempre había pensado jubilarme de mi profesión de auxiliar cuando tocara y cobrar la pensión que me correspondía. ¿Iba a tirar por borda todos esos años trabajados sin más? Pero tenía que decidir pronto y como años atrás, solicité un año de excedencia, ganaba tiempo para centrarme en el problema de mi nieta y  lo que viniera ya se iría viendo. 
Mi hija se encargó de acompañar a Ariadna para su nuevo ingreso, yo tendría que esperar a que me aprobaran la excedencia, pero me atormentaba que Andrea estuviera sola viviendo aquella situación, me puse un límite, si tardaban en darme la conformidad mandaría a paseo mis años trabajados y cotizados, mi nieta y mi hija me necesitaban, pero tuve suerte y me concedieron la excedencia antes de lo que esperaba y pude hacer mis maletas. 
No fueron fáciles las primeras semanas para ninguna, Ariadna se sentía prisionera en una cárcel y no colaboraba, Andrea aparte de la preocupación por la salud de su niña seguía con su tirantez hacia mi persona  y yo, sufría viéndolas sufrir. 

Continuará. 

2 comentarios:

  1. Que duro es vivir esa situación, menos mal que tiene a su madre. Un fuerte abrazo amiga 😘😘

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  2. A ver si te gusta el final, aunque lo bueno es ir disfrutando de historia. Besos Astrid.

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