jueves, 23 de octubre de 2025

Apariencias mentirosas. Capítulo 10.

 Ir a capítulo anterior.

Los dramas adolescentes aparcaron temporalmente mis viejos temores.
Todo me parecía un despropósito imposible de superar, las hormonas hacían de las suyas y el género femenino me subyugaba, estaba bajo el embrujo de un género que me despertaba recelo pero al mismo tiempo deseaba. Cuando comencé con los tonteos propios de la edad, nunca me salía bien la ecuación, si una chica me gustaba terminaba saliendo con algún amigo y me rendía antes de presentar batalla, si alguna otra hacía evidente que estaba interesada en mi persona no me entraba por el ojo... Coleccioné amores platónicos como quien junta estampas de futbolistas, mientras a mi alrededor hasta el más tímido de mi grupo de amigos se había "estrenado".
A los quince años una chica que me gustaba dio el primer paso y me dejé llevar. 
Estuvimos juntos tres meses que parecieron estirarse para dar cabida a una explosión física y sentimental que me dejó sin aliento. Solo quería estar con Patricia, solo quería mi cuerpo junto al suyo, la cabeza solo me daba para pensar en ella... Nos juramos amor eterno y yo era el chico más feliz sobre la faz de la tierra, hasta que un día apareció con mala cara y dijo las temibles palabras "tenemos que hablar".
Dijo que no estaba segura de sus sentimientos y que mejor nos dábamos un tiempo. El típico tópico por el que solemos pasar alguna vez en la vida, pero que me dejó tocado y hundido.
Lloraba por las noches pensando que nunca me recuperaría de aquella ruptura y el viejo sentimiento que tenía dormido despertó: mejor no fiarme del género femenino, así evitaría el sentimiento de indefensión emocional que estaba padeciendo. 
Y además de mi mal de amores, el tema de los estudios me tenía desnortado. Siempre había sido un buen alumno, no es que sacara sobresalientes pero mis notas nunca fueron malas. Lo que tocaba por edad era elegir bachiller pensando en los futuros estudios, pero yo habitaba en una indecisión tan grande que no sabía por donde tirar. Mis padres me habían inculcado la importancia de tener una buena preparación académica, pero es que no había nada que me llamara especialmente la atención. 
Cuando llegó el momento elegí un bachiller mixto, ciencias y letras con la esperanza de irme aclarando, pero nada me gustaba hasta el punto de dedicarle cuatro o cinco años de mi vida de estudiante. 
Lo que sí tenía claro es que no dejaría que me volvieran a romper el corazón y bajo una coraza de frialdad de cara a las féminas, no me permití más escarceos amorosos, si acaso del tipo físico sin más. Las chicas comenzaron a considerarme un tipo frío que iba a lo que iba y no se quería comprometer, y yo... pues me pareció genial que tuvieran esa idea. Lo curioso es que esa aparente frialdad las atraía y siempre tenía a alguna muchacha intentando algo conmigo. 
Por lo menos fui honesto y siempre dije que no tenía interés en comenzar una relación. 

Continuará. 


No hay comentarios:

Publicar un comentario