jueves, 30 de octubre de 2025

Apariencias mentirosas. Capítulo 11.

 La buena de Manuela me conocía bien y sabía que la incertidumbre ante mi futuro académico me traía por el camino de la amargura. 
Un día me pidió que escuchara sus consejos al respecto.
-Mira Angelito, lo importante es que sigas estudiando y si no te aclaras, yo te recomiendo que lo que elijas te lleve a un trabajito para el estado, rico no te harás, pero cobrarás lo suficiente para vivir con dignidad y con unos buenos horarios, de lunes a viernes por la mañana y a disfrutar del tiempo libre, no como tus padres que quitando los miércoles por la tarde y los fines de semana no hacen otra cosa que trabajar, yo me pregunto para qué sirve el dinero si no tienes tiempo para disfrutarlo. Y si encuentras algo que sirva para ayudar a los demás mejor que mejor.-
Agradecí las palabras de Manuela, razón llevaba, pero seguí sin saber por donde tirar. Un día en una conversación casual con un amigo del instituto, me dijo que su madre era trabajadora social en el ayuntamiento y que era un gustazo que tuviera las tardes libres. Lo cierto es que no sabía a qué se dedicaba un trabajador social y  me informé: se cursaba en cuatro años y normalmente quienes la hacían  conseguían trabajo en algún organismo público. Lo de ayudar a los demás la hizo más atractiva, Manuela había dado en la diana. 
Cuando dije en casa que ya me había decidido mis padres pudieron respirar tranquilos, sé que me hubieran apoyado eligiera lo que eligiera, pero la verdad es que les pareció una carrera bonita y cuando le expliqué a Manuela que se trataba de ayudar a otras personas se limitó a picarme el ojo. Todos estábamos contentos.

Cuando me quise dar cuenta ya estaba iniciando mi carrera en la universidad, el primer año iba a ser pesado, pero estaba motivado para terminar sin repetir curso y me centré en los estudios. Sabía que tendría que esperar hasta tercero para tener las prácticas y lo estaba deseando. Me sorprendí de las muchas chicas y los pocos chicos que cursábamos esa carrera, tendría que aprender a lidiar con esa circunstancia, con tantas chicas no iba a ser fácil apartarme de los cantos de sirena que tentarían mis hormonas revolucionadas. Pero de no sufrir se trataba y no quería enamorarme de ninguna por muy bien que me cantara. 
 Pero una cosa era la teoría y otra la práctica y cuando me quise dar cuenta estaba saliendo con María. Era una chica tranquila y su compañía me llenaba en todos los sentidos, lo que comenzó como un tonteo dio pie a una relación seria. Estábamos tan seguros que a los pocos meses hicimos planes de futuro, en cuanto pudiéramos viviríamos juntos. Fue una época en la que me sentía bien de verdad, los viejos fantasmas de mi niñez estaban dormidos, la familia, mi vida sentimental, los estudios.... todo iba bien. 
Hasta que dejó de estarlo.

Continuará. 



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