jueves, 30 de octubre de 2025

Apariencias mentirosas. Capítulo 12.

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Estaba a punto de terminar mi segundo año de carrera y me sentía bien, la relación con María siguió el curso normal y conocíamos a nuestras respectivas familias. 
Habíamos hecho un pacto de sinceridad, pasara lo que pasara nos lo contaríamos, y un sábado como cualquier otro María me llamó para quedar, tenía algo que decirme pero no le parecía bien que fuera por teléfono. Se me encendieron las alarmas, por la experiencia pasada imaginé que María me iba a decir que mejor darnos un tiempo y me quise morir, pero no, esta vez tuve que enfrentarme a una situación que para nada esperaba. 
Cuando nos vimos una María desencajada me contó lo que la estaba reconcomiendo, la noche anterior había salido con otras chicas para celebrar el cumpleaños de su mejor amiga. Ella no era de beber, pero esa noche se dejó llevar y cuando se dio cuenta se había pasado con el alcohol. Me explicó que no sabe ni como ni el por qué, pero terminó enrollándose con un chico que ni siquiera conocía. Se mostró arrepentida, avergonzada y juró y perjuró que nunca volvería a pasar, pero algo por dentro se me rompió. 
Terminé la relación, consciente de que la confianza se había ido para no volver. 
Durante semanas María me llamaba, se presentaba en mi casa sin avisar o en la facultad pidiendo perdón, pero no supe darle una segunda oportunidad. 
Los viejos recelos volvieron a atormentarme, si hasta mi madre le había sido infiel a mi padre, ¿cómo iba a confiar en nadie?
Me sentía como una mierda, me iba a costar superar aquello. Manuela me decía que no hay mal que cien años dure y que ya encontraría una pareja que me hiciera feliz, pero no estaba dispuesto a pasar por el mismo sufrimiento. 
Estaba a punto de terminar el curso y sabía que el verano se me iba a hacer largo. Volví a salir con los chicos de la facultad intentando olvidar la traición de María. Hice lo que hacen los chicos a esa edad, bebí de más cuando se terciaba y probé sustancias que después de la euforia inicial me dejaban vacío. Pero nada me venía bien, en el fondo seguía siendo como de pequeño, me desagradaban los jaleos ruidosos, las típicas conversaciones masculinas me aburrían... Hacía tiempo que había dejado de jugar al fútbol, los entrenamientos y los estudios eran difíciles de compaginar, pero necesita algo que me desfogara y me apunté a un gimnasio.
El gimnasio se convirtió en mi mejor amigo aquel verano, pasaba horas sudando rabia, frustración, desengaño y a mis ya casi veinte años mi cuerpo acusó las horas maratonianas de ejercicio.
Comencé el curso con ganas, en tercero ya comenzaban las prácticas y lo estaba deseando. Las rutinas de estudio me mantenían algunas horas alejado de la ruptura que no había superado y aunque disponía de menos tiempo, supe cuadrar mis horarios para no dejar el gimnasio. Los compañeros me comentaron que me había puesto cachas y las compañeras me miraban con ojos golosos, pero yo me hacía el duro y cuando alguna me entraba le decía que no buscaba ninguna relación, si a alguna le parecía bien que nos relacionáramos solo en posición horizontal, disfrutaba del momento y punto. 
Cuando por fin comencé las prácticas, me tocó en un centro de acogida para mujeres maltratadas. Parecía que el entorno femenino me perseguía, pero después de algún tiempo viendo situaciones insostenibles, tuve que admitir que yo era un privilegiado por tener la familia que tenía por mucho que tachara a mi madre de infiel.
Aquellas mujeres del centro arrastraban vidas difíciles y dramáticas. Yo nunca había visto de cerca esa cara de la moneda, ante la valentía de esas mujeres para sacar a sus hijos adelante tuve que cambiar el chip mental sobre el género femenino. Me tenía que quitar el sombrero ante ellas y saber que a través de mi trabajo podía mejorar sus condiciones de vida me llenaba, estaba en el camino adecuado, pero aunque intentaría por todos los medios ser un buen trabajador social, mi vida sentimental seguía bajo cien candados que no pensaba abrir para nadie.

Continuará. 

2 comentarios:

  1. Pobre Ángel , cómo nos influyen las cosas y los pensamientos que tenemos aunque sean erróneos. Espero que se aclare y pueda disfrutar de la vida. Un abrazo fuerte amiga.
    Ah por cierto sigo pensando lo mismo sobre los miércoles por la tarde y tras el nacimiento de Elena lo tengo más claro.

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  2. Ahora la intrigada soy yo ¿qué estarás pensando?
    Me gusta esta relación bilateral que tenemos a través del blog, un añadido a tantos años de conocernos, un placer amiga.

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