jueves, 9 de octubre de 2025

Apariencias mentirosas. Capítulo 5.

 Aquella nota solo podía significar que mi madre a escondidas se veía con otro hombre que no era mi padre y al que le permitía su piel desnuda. Por eso los miércoles salía con la excusa del club de lectura, estaba engañando a mi padre en el amplio sentido de la palabra, pero a mí también.
Se tambaleó mi inocencia, primero mi prima me había abandonado y luego la conducta adúltera que nunca hubiera supuesto en mi madre, hicieron que me sintiera doblemente traicionado.
Lo peor fue el miedo a pensar que cualquier miércoles se quedara con su amante y que nos abandonara. 
Por eso me callé, no le dije nada ni a mi padre ni a Manuela, si mi silencio no propiciaba que todo estallara, estaría mudo.
Pero algo se rompió en mi interior, algo que me llevó a creer que no debería confiar en el género femenino, y yo, que siempre había huido de los juegos ruidosos de los niños, dejé de estar con las compañeras en el colegio para unirme a los juegos físicos de los chicos. Jugar al fútbol con ellos me permitió descargar mi rabia cuando le pegaba una patada al balón. Era liberador y pedí que me apuntaran por las tardes a ese deporte, tenía muchas patadas que dar. Ese alivio físico no impidió que los miércoles fueran un día de mierda por mi temor a ser abandonado y comencé otra actividad, por llamarlo de alguna forma, que me dominó: comencé a robar. 
No era como guardar los objetos que mis seres queridos dejaban de lado y que yo atesoraba como amuletos,  no, era robar con todas las letras, aunque fuera una simple goma de borrar. Yo sabía que no estaba bien, pero el impulso que me llevaba a ello era superior al malestar posterior, no lo podía evitar, los miércoles era el único día que lo hacía, de alguna forma intentaba sustituir la adrenalina que me producía pensar que mi madre ese día me podía abandonar, por la emoción de apropiarme de lo ajeno.
Según fue pasando el tiempo, la bolsita que la buena de Manuela me había hecho se me quedó pequeña, por lo que una caja de zapatos que ocultaba en mi habitación se fue llenando de boliches, lápices, algunas monedas de poco valor.... 
A mis padres les extrañó mi repentina afición por el fútbol, pero pensaron que me vendría bien hacer deporte y relacionarme con otros niños, hasta Manuela me dijo un día que desfogarme con esa actividad me ayudaría a aliviar la pena por la pérdida de Bárbara. Todo parecía normal en casa y mi madre seguía siendo cariñosa y solícita conmigo, cuando venía con una rodilla lastimada de los entrenamientos me la curaba con la delicadeza de una madre, y seguía siendo el mejor bálsamo cuando enfermaba y se ocupaba de mí. Pero yo no me fiaba y la espiaba, le registraba el bolso temiendo encontrar una nueva nota anónima y seguí detestando los miércoles aunque los meses pasaran sin ninguna novedad.
Hasta que en una de mis exploraciones en su bolso volví a temblar. Encontré otra nota, la misma letra grande y desbaratada: "Amada Gloria, no sabes lo feliz que me haces con algo mío creciendo en tu interior".
No tuve la malicia para interpretar el significado de aquellas palabras, pero me confirmó que mi madre seguía viéndose con el hombre que me la iba a arrebatar el miércoles menos pensado.
Justo al día siguiente mi madre y mi padre, que parecían muy contentos, me dijeron que tenían algo importante que compartir conmigo y cayó la bomba, iba a tener un hermanito o hermanita. 

Continuará. 


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