jueves, 13 de noviembre de 2025

Apariencias mentirosas. Capítulo 16.

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 Intenté aparentar aplomo cuando Palmira entró en el despacho con la primera reclusa que vería aquella mañana. "Estaré fuera, si me necesitas solo tienes que abrir la puerta".
La mujer rondaría los treinta años y lucía una barriga de embarazada exageradamente grande. "Jesús, esta pobre debe estar a punto de dar a luz, solo me faltaba que se pusiera de parto ahora". Reconocí que mis nervios me estaban jugando una mala pasada y mentalmente me preparé para hacer mi trabajo sin dejarme llevar por mis miedos.
La mujer, Elvira, nunca olvidaré su nombre, se movía inquieta en la silla mientras yo le hacía las preguntas de rigor. De repente se levantó de la silla para pasar a ponerse en cuclillas mientras daba resoplidos exagerados. "Sácamelo, sácamelo, ya noto la cabeza fuera".
Recordé que un rato antes Palmira me había dicho que actuara con naturalidad viera lo que viera y que no perdiera los papeles. 
No sé como logré parecer sereno, pero a aquella mujer no le iba a venir bien verme histérico y me obligué a hablarle con calma. 
-No te preocupes Elvira, piensa que dentro de poco le vas a poder ver la cara a tu criatura. Lo mejor será que avise a la funcionaria que está fuera que te llevará a donde procesa. Me levanté para abrir la puerta y al pasar junto a la reclusa le acaricié el brazo para darle ánimos y me pareció que se aguantaba la risa. Todo me parecía surrealista y los pocos minutos que duró aquella situación me parecieron eternos.
Cuando por fin Palmira entró la interna estalló en carcajadas mientras se sacaba un cojín de debajo de su sudadera.
No dije nada, solo atiné a imaginar avergonzado la cara de tonto que se me había quedado. Palmira se dirigió a mí: "Dejo a esta muchacha en el patio y regreso en nada".
Mi primera inocentada, me dije, estaba rabioso, pero no iba a dejar que Palmira me lo notara, había algo en ella que me desarmaba. 
Lo siguiente fueron las explicaciones de Palmira:
-Perdona, intenté advertirte antes de traer a la chica. Teóricamente las novatadas están prohibidas, pero ya te darás cuenta que en este entorno hay veces que sin permitir que se desmadren las internas, hacemos la vista gorda. Y también lo hice por ti, tenía el presentimiento de que ibas a pasar el examen con nota y no me equivoqué, ahora te tendrán respeto. Elvira me contó que le acariciaste el brazo como señal de apoyo y dentro de poco ya todo el módulo de mujeres sabrá que reaccionaste con tranquilidad y empatía. Espero que no lo hayas pasado demasiado mal y te prometo que no consentiré ni una broma más. Si me lo permites, me gustaría invitarte cuando terminemos el turno a comer, acéptame la invitación por favor, no me gustaría que tu primer día se empañara por la broma. Y si te parece te voy poniendo al día sobre las internas que tratarás-.
Solo asentí con la cabeza, me obnubilaba aquella mujer y eso de que había tenido un buen presentimiento con respecto a mi reacción... no era malo, no, al contrario. 
Nunca había creído en los flechazos, me parecían una soberana tontería,  no me había enamorado de aquella mujer... todavía.

Continuará. 

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