Aunque la muerte de Manuela estaba cantada, no había imaginado el vacío que dejó en la casa familiar, todos la echábamos de menos. Por linaje casi ni éramos familia, pero para mí fue como perder a una abuela, a una abuela muy querida. Tocaba seguir viviendo con su ausencia.
Yo llevaba tiempo en tratamiento pero el embarazo de Palmira no se producía, ella nunca me culpabilizó aunque yo portara el problema, pero la conocía bien y me daba cuenta de que su mundo de silencios crecía mes a mes cuando le venía la menstruación. Nos pusimos un límite de tiempo, si en medio año no se quedaba embarazada, comenzaríamos el largo y complicado camino de la adopción.
Al poco de tomar esa decisión, reapareció Belén en la vida de mi pareja.
Cuando Palmira con dieciocho años dejó de vivir con sus padres, Belén, que era unos años mayor, le brindó su casa y la ayudó económicamente hasta que Palmira encontró trabajo.
Yo sabía de la existencia de esa vieja amistad por Palmira, me había contado como Belén la había ayudado y aunque hacía años que se había ido a vivir a Alemania mantuvieron un contacto fluido.
La buena nueva fue que Belén regresaba, y con la idea de montar su propio negocio. En Alemania había estado reuniendo con el propósito de poder abrir en España una cafetería donde la lectura tuviera protagonismo.
Palmira y yo teníamos las tardes libres, así le pudimos echar una mano a Belén en el local que necesitaba todo tipo de reformas. Aunque contrató a personal especializado, siempre le venía bien unas manos extras y Palmira y yo nos prestamos con gusto.
Me gustó Belén y pude darme cuenta de que era una buena influencia para Palmira. Mi pareja estaba más animada, se escondía dentro de sí misma con menos frecuencia.
El negocio que Belén había soñado durante años fue tomando forma, yo mismo la ayudé a colocar las estanterías para libros que fueron abrigando algunas paredes de su local. No quería una cafetería normal, aunque tenía claro que serviría buenos productos, quería hacer veladas literarias algunas tardes, o que pudieras elegir un libro y descubrirlo en un ambiente agradable. A mí me parecía una utopía, por lo que cuando abrió el negocio y le fue bien, me alegré sinceramente de haberme equivocado.
Los miércoles por la tarde organizó tertulias literarias y a veces iba algún escritor o escritora que se prestaba a pasar un buen rato con sus lector@s y firmaba libros, eso siempre lo llenaba, aunque también le funcionó organizar un club de lectura...
Se planteó poner a una persona de refuerzo para los miércoles por la tarde, pero Palmira se prestó de inmediato. Cuando me lo comentó me dijo que era una forma de agradecerle a su amiga lo que había hecho por ella en el pasado y que además, le gustaba el ambiente de aquel sitio.
Si Palmira se sentía más feliz con esa actividad, yo también lo estaba. Y como hubiera dicho la buena de Manuela: "de bien nacidos es ser agradecido".
Pero no pude evitar que una pequeña alarma despertara mis viejos temores: los miércoles por la tarde que mi madre decía pasar en el club de lectura, las notas misteriosas de un hombre que no era mi padre, el sospechoso embarazo de mi madre... La dichosa alarma fue subiendo de volumen hasta hacerme dudar de Palmira, ¿y si se repetía la misma historia?
Pero no, conocía a mi pareja y nunca tendría esa doble vida, además, iba a estar en el local de Belén, era fácil verificarlo.
Me sacudí la tontería, la historia no se iba a volver a repetir.
Continuará.
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