jueves, 18 de diciembre de 2025

Ana Chocolate. Capítulo 2.

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En la primera clase la tutora anunció que nos incorporábamos dos alumnas nuevas y que casualmente ambas nos llamábamos Ana. 
-Teniendo en cuenta que ya contamos con una Ana de cursos anteriores, lo mejor será referirnos a "las Anas" por sus apellidos, así evitamos confusiones.
Una niña con un tono que sin ser excesivamente alto permitió que toda la clase la escuchara replicó:
-Ana soy yo, la de siempre, las nuevas serán Ana chocolate y Ana zanahoria. Estoy segura de que la profesora lo escuchó y prefirió hacer oídos sordos. 
Mal empezamos, me dije, en el anterior colegio compartí clase con otra Ana y sencillamente ella era Ana la rubia y yo Ana la pelirroja. Era lógica tal distinción y para nada ofensiva, pero lo de Ana chocolate y Ana zanahoria me pareció no solo de mal gusto, sino insultante.
La otra niña nueva era mulata y llevaba la cabeza llena de trencitas, en el siguiente cambio de clase se acercó y se sentó a mi lado. Pensé que la pobre estaba tan incómoda como yo, además de nuevas tendríamos que cargar con motes, que como se suele decir son fáciles de poner y difíciles de quitar.
En la hora del recreo ya la tenía pegada como una sombra.
-Oye -dijo como si me conociera de toda la vida- se nota que la otra Ana es la típica enterada que va de listilla, pero me toca las narices y no voy a permitir que se ría de nosotras con sus apodos. A ver si se me ocurre algo y le bajamos los humos a esa idiota.
Con los años aprendí que cuando Ana Chocolate decía "a ver si se me ocurre algo" había que temerla, pero en ese momento entendí que incluyéndome en su plural al decir "le bajamos los humos a esa idiota" me estaba metiendo en su ecuación y la verdad, no sabía si me iba a gustar. 
Al día siguiente Ana Chocolate llegó con una bandeja llena de galletas caseras y las repartió entre la clase, Ana la enterada cogió una más diciendo que estaban buenísimas, que evidentemente llevaban chocolate pero que había otro ingrediente que no terminaba de identificar.
-Pues te lo voy a decir para que no se te olvide nunca, además de chocolate lleva zanahoria, una combinación explosiva. ¿No te parece?
Toda la clase escuchó la breve conversación entendiendo que bajo las aparentes palabras inocentes de la niña mulata se escondía una velada amenaza, una cachetada sin manos.
Ana la enterada y Ana Chocolate se echaron un pulso con la mirada, la primera no supo aguantarla y tendió un puente conciliador:
-Vale, igual ayer me pasé con los motes, pero no quiero malos rollos, dame otra galleta y tan amigas.
-Ja, lo único que te voy a dar es una hostia si te vuelves a meter con nosotras. 
Aquel combate lo ganó sin duda Ana Chocolate y delante de toda la clase. 
Mientras el breve rifirrafe sucedió yo había tomado partido por Ana Chocolate sin saber que, irremediablemente, ya estaba metida en mi vida. 

Continuará. 
 


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