jueves, 11 de diciembre de 2025

Apariencias mentirosas. Capítulo 24 y último.

Ir a capítulo anterior.

No podría describir el dolor que me inundó. Que mi madre muriera de aquella manera ya era bastante traumático, pero conocer por mi padre a que dedicaban las tardes de los miércoles cuando yo era niño me devastó. 
Todo había existido solo en mi cabeza, había sido un sufrimiento inútil, absurdo. Recordé mis terrores infantiles ante la idea de que mi madre nos abandonara, el desasosiego de creer que mi padre vivía sin ver lo que yo creía realidad, que le estaban siendo infiel sin que él se percatara, como si fuera el tonto que no se entera de nada y hasta encontrara explicación para el color de los ojos de la que siempre creí mi medio hermana. Volví a recordar mis episodios de cleptomanía, consecuencia de mi estado mental ante una realidad que nunca había existido. Sufrí un ataque de ansiedad y mi padre al verme en aquel estado reaccionó como la hace un padre, dejando su sufrimiento de lado para ocuparse de mí.
-Angel, tranquilízate por favor, es normal que te sientas así, todo ha sido tan inesperado... A mí me vino bien despedirme de tu madre, quizás a ti también te ayude. Anda hijo, te dejo a solas con ella antes de que vengan a llevársela-.
Mi padre salió de la habitación y cogí las manos de mi madre, pero solo pude repetir la misma palabra: "perdóname, perdóname, perdóname..."
Escuché como mi padre abría la puerta y entraba el personal del servicio de urgencias, certificaron lo que ya sabíamos, luego al verme tan agitado me tomaron la tensión, al igual que a mi padre y nos dieron un tranquilizante. Lo agradecí de corazón.
Palmira tardó algo en llegar porque tuvo que encontrar a alguien que se ocupara de la niña. Estaba afectada, pero supo reconfortarnos con sus abrazos y respeto.
¿Cómo había dudado de ella? Lo del encuentro con el hombre que yo desconocía tenía que tener una explicación lógica. Me había mentido aquella tarde, sí, pero tendría sus motivos, yo sabía que su pasado familiar había sido nefasto, quizás se tratara de algo relacionado con sus padres... yo qué sé. Y mis dudas sobre mi paternidad también tenía delito, ¿no había estado en tratamiento? Pues la medicina existía para algo. Me vi como un neurótico que veía fantasmas donde no los había, y no solo me amargaba yo mismo, también afectaba a mis seres queridos. Me dolió pensar que había sido el causante  de que mis padres dejaran sus "tardes de los miércoles" para arroparme. Las putas dudas sobre mi madre no me habían dejado ver lo buena que siempre había sido.
Se acabó, me dije, fuera desconfianzas, si Palmira tuviera un lío no estaría conmigo y punto. Iba a cambiar mi chip mental, lo necesitaba si no quería terminar loco y haciéndole daño a mis seres queridos.
Recordé el sobre marrón que seguía en el bolsillo interior de mi chaqueta, en él encontraría la respuesta sobre mi paternidad. La chaqueta la había dejado tirada en una silla de la cocina. 
-Voy a hacer más tila, les dije a mi padre y a Palmira, entré en la cocina y sin dudarlo cogí aquel sobre sin abrir y lo hice pedazos. Tiré a la basura aquellos trozos de papel quitándome un peso de encima. A partir de ahora soy una persona nueva, confío en Palmira, Alma es mi hija. No existe otra realidad. 
Después de muchos años y a pesar de las circunstancias sentí como un gran peso desaparecía de mi interior. Por fin era libre.

Unos días después Palmira aprovecha que Angel no está para llamar por teléfono:
-Hola amor, esta tarde Angel estará con su hermana y con su padre, puedo escaparme un ratito. Ya va siendo hora de que conozcas a tu hija.

Fin.


No hay comentarios:

Publicar un comentario