viernes, 2 de enero de 2026

Ana chocolate. Capítulo 5.

 La numerosa familia de mi amiga -más los que no lo eran pero campaban en la casa- me sorprendió. 
Mi familia, aparte de poco numerosa, no tenía aquel aire entre estrafalario y variado que saltaba a la vista, pero me tocó corresponder e invité a Ana Chocolate para que conociera a mis padres. 
El primer encuentro se produjo en la librería-papelería de mis padres, a mi tocaya le encantó el olor de aquel lugar lo mismo que a mí el de las galletas caseras de su madre.
Mis padres estuvieron encantados de ponerle cara a la niña de la que últimamente les hablaba y después de las pertinentes presentaciones me dijeron que les quedaba un buen rato antes de cerrar y que si queríamos podíamos ir nuestra casa. Como vivíamos casi pegados a la librería me permitían ir sola.
Cuando Ana Chocolate vio a mi madre me extrañó que pareciera sorprendida y andando de camino a mi casa me preguntó.
-¿Cómo es que tu madre no es pelirroja? Mariam, ya sabes, la brujilla que está viviendo ahora en mi casa me dijo que tu pelo de fuego es idéntico al de tu madre y me extraña porque nunca se equivoca. 
Ya casi estábamos llegando a mi casa y le dije que se lo explicaba cuando merendáramos, estaba muerta de hambre. Todavía tenía el bocadillo a medio comer cuando insistió, parecía que le iba la vida en averiguar el interrogante que me había lanzado minutos atrás. 
-¿No quieres ver primero mi casa? 
-No, no, eso puede esperar y el bocadillo también, venga cuéntame.
Ana Chocolate siempre fue así, si algo despertaba su infinita curiosidad  no descansaba hasta encontrar alguna respuesta, mi medio bocadillo tendría que esperar.
-Es que yo soy adoptada, le dije mientras daba un buen mordisco a lo que quedaba del bocadillo.
-¿Cómooooo, adoptada y no me lo habías dicho? ¿No somos mejores amigas? 
-Es que para mí es tan normal que no lo tengo en la cabeza continuamente, siempre lo he sabido y mis padres son los que acabas de conocer aunque no me hayan traído al mundo. 
Intenté explicarle que desde que tenía uso de razón había sabido que era adoptada, mis padres me lo habían contado con total naturalidad y yo así lo había recibido. En aquella época era muy habitual tener de compañeras a niñas chinas que hablaban con un acento más canario que el gofio y contribuyó a mi idea de que la adopción era una solución estupenda, una niña o un niño al que no quisieron al nacer era adoptado por personas que deseaban ser madres o padres por encima de cualquier cosa. 
Ana Chocolate se olvidó de la merienda, estaba como alucinada ante mi relato y me acribilló a preguntas, quería saberlo todo, pero yo solo le pude añadir que era muy afortunada, mis padres me querían y eran como todos los padres. Me querían, me cuidaban y si me tenían que reñir lo hacían, eran unos padres absolutamente normales. 
Pero mi amiga entró en ebullición, al parecer nunca había tenido un contacto directo con una niña adoptada y me iba a tocar saciar su hambre de preguntas. 

Continuará. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario