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Carmensa era una chica joven y redonda que llevaba la cocina del centro como si le fuera en ello la vida.
Le gustaba tanto cocinar como comer y su buen carácter hacía que a todos nos cayera bien.
Sin duda me "adoptó" como ayudante cuando se percató de algo que yo aún ni intuía: me gustaba la cocina. Y mientras Mari por las tardes aprendía a desenredarse con la letras, yo fui aprendiendo gradualmente a manejarme entre pucheros. Me gustaba crear con las manos, me extasiaba el aroma de las elaboraciones... todo me llenaba, había descubierto la alquimia que me proporcionaba un placer desconocido.
Carmensa me decía que yo "tenía mano" y que si me lo proponía podía ganarme la vida con el don que había descubierto por casualidad por puro aburrimiento.
Así las tardes en que mis amigos seguían con sus cosas, en el centro me permitieron que acompañara a Carmensa en la cocina y que siguiera aprendiendo.
Mientras recordaba lo anterior me percaté de algo. Carmensa, la mujer que me había iniciado en la cocina era la persona que Mari había contratado para que la ayudara con sus niños en la actualidad. Era tal el grado de confianza que mi amiga no había dudado en llevársela a vivir a su casa cuando comenzó con las adopciones. Carmensa era imprescindible, la persona de confianza que dejó la cocina del centro para ayudar a Mari en todo lo que necesitaba. La considerábamos familia.
Y Carmensa nos conocía desde que entramos en Los Dragos, sabía mucho sobre nosotros cuatro, nos había visto crecer. Vale que era cuestionable que supiera de primera mano algunos detalles que solo nosotros conocíamos, pero ¿y si alguno sin darse cuenta le hubiera contado las anécdotas que aparecían en el libro?
Una inquietud inesperada me hizo coger el teléfono y llamar a Mari. Después de hacerla partícipe de mi conjetura se quedó un rato callada, eso me hizo pensar que no era tan descabellada mi sospecha. Luego me dijo algo así como que lo único que le había visto escribir a Carmensa eran recetas y me pidió que no le diera tantas vueltas a aquello o terminaría como una cabra.
Lo intenté, de verdad que lo hice, pero un run run en forma de interrogante seguía inundando mis pensamientos.
¿Podía ser la buena de Carmensa la autora del libro?
Continuará.
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