En aquel rebobinado de mi memoria Carmensa hacía acto de presencia cada dos por tres.
Cogía fuerza mi hipótesis de que era la autora de aquel misterioso libro y aunque regresar al pasado me hizo ver que nuestra historia, la de los Dragones, era un relato de superación que merecía ser contada, me seguía preguntando el por qué de su anonimato.
Estaba deseando que los cuatro nos pudiéramos reunir para hablar sobre ello y mientras... pues seguí tirando de un hilo temporal que me permitía retroceder a nuestros primeros años después de salir del centro, quizás encontrara la clave para desentrañar el misterio que tenía metido entre ceja y ceja.
El primer año de convivencia en nuestra destartalada Frankenstein pasó rápido, cada uno se empeñaba en sacar adelante su proyectos de futuro y mejorar económicamente.
A los cuatro nos gustaba compartir nuestros planes, nuestros sueños.
Kevin tenía claro que quería una vida normal, poder compartir una casa en condiciones con una pareja que le diera hijos, vivir dentro de la ley y dar el amor que a él las circunstancias de su niñez le negaron. Todo lo que tenía de apariencia bruta lo tenía de amoroso, por muy difícil que resultara creer a primera vista. -Ya saben -nos decía, a sacar adelante nuestros planes para poder tener mi propia casa, en esta ni me atrevo a traer a ninguna novieta.
Lucas aspiraba a vivir de sus viñetas, y aunque la palabra artista la venía grande según su criterio, nosotros sabíamos que tenía un don y que terminaría por hacerse un nombre.
Mari deseaba ganar pronto mucho dinero para poder comprarse una casa grande con un jardín enorme, donde pudieran jugar los hijos que pensaba adoptar. Un día le hice la pregunta, me intrigaba que quisiera adoptar cuando siendo niña no hubiera puesto de su parte para serlo ella misma. Respondió que no lo necesitaba, ya tenía una familia: nosotros.
Y yo, pues aspiraba laboralmente a ser buen chef y en el plano personal a que los Dragones siguiéramos unidos aunque con el tiempo cada uno cogiera su camino.
Cuando llevábamos viviendo juntos dos años, Mari nos demostró que no se había equivocado al elegir la carrera de Finanzas. Desde que con dieciséis años comenzamos a ganar un poco de dinero con los trabajillos que conseguimos, ella nos había dicho que un reducido tanto por ciento lo reservaría para invertir cuando estuviera preparada. Así con veinte años y solo dos de carrera se atrevió con sus primeras inversiones, con el poco dinero que había reservado para ese fin se empapó sobre criptomonedas y temas de la Bolsa que por más que intentó explicarnos, nos parecía un rollo infumable.
Pero confiábamos en ella y le dimos nuestra conformidad para que probara.
Y de esa manera empezó a ganar un dinero extra que nos venía mejor que bien.
Continuará.
No hay comentarios:
Publicar un comentario