jueves, 23 de julio de 2026

Diario de un taxista. Capítulo 13.

 Virginia me sorprendió cuando me anunció que estaba embarazada.
Me extrañó, supuestamente ella tomaba anticonceptivos, pero parecía que la baja probabilidad de que no hicieran su función existía y nos había tocado.
-¿Qué quieres hacer?  le pregunté haciéndome todavía a la idea.
-Quiero tenerlo y que podamos vivir juntos ya.
Fui sincero, me asustaba ser padres con veintiún años, pero si ella quería seguir con el embarazo la apoyaría. En cuanto a vivir juntos, todavía me faltaban un par de años de ahorros para poder dar la entrada de una casa. 
-No te preocupes Jose, mis padres nos ayudarán aunque de entrada seguramente lo del embarazo no les haga gracia.
Mi familia fue la primera en saber lo que nos pasaba. Mis padres no ocultaron su parecer, éramos jóvenes para ser padres, pero si estamos decididos a serlo nos apoyarían. Mi hermana en un aparte me dio su sincera y dura opinión.
-Mira Jose, no me trago que se haya quedaba embarazada sin querer, me huelo que es una forma de salir de su casa y eres el tonto útil, tu verás lo que haces. 
Por supuesto no me gustaron las palabras de Carmen, aunque tenía un olfato fino, una psicología para entender las decisiones ajenas que me alucinaba, pero preferí pensar que esa vez se equivocaba. Mientras, Virginia iba alargando lo de decirlo en su casa.
-¿A qué vas a esperar? ¿A que se te note? Ya sabes que tus padres no son santo de mi devoción, pero tienen derecho a saberlo. Y nosotros tenemos que ver  como tiramos.
Al final no me quedó otra que acompañarla cuando diera la noticia. Ser testigo de la reacción de sus padres no me sorprendió, ya me lo esperaba.
A su madre le sentó como una patada en el estómago y sentenció con un: "o se casan o abortas". El padre, práctico como siempre, se impuso con un: "si se casan que sea con separación de bienes"
Yo alucinaba, ¿no les importaba nuestra opinión? ¿saber cómo nos encontrábamos anímicamente?
-No se preocupen, saqué pecho ante una Virginia muda, si hace falta que nos vayamos a vivir a casa de mis padres, seguro que estarán encantados por mucho que sea una casa minúscula, nos apañaremos hasta que yo pueda dar la entrada para un piso. Y no se preocupen por lo de la separación de bienes, soy joven, tengo trabajo y aunque sin lujos, podré sacar adelante a mi hijo, no quiero nada de ustedes.
Yo no había planeado casarme, pero con el paso de los días accedí por Virginia, sus padres le regalaban una casa si los hacíamos. 
Yo puse mis condiciones, por lo civil y sin celebraciones ni historias, era en lo único que iba a ceder, no quería que esa gente me regalara nada.
Le pregunté a Virginia si temía que la desheredaran y por eso aceptaba que compraran una casa que por supuesto iría solo a su nombre.
-No es por el dinero Jose, no dependo de ellos económicamente, soy nieta única por las dos partes y mis abuelos al fallecer me dejaron dinero suficiente para vivir toda la vida sin palo al agua. Si acepto la casa es por no desairar a mis padres, son la única familia que tengo, bueno, ahora tú y lo que venga. Entiendo que te cueste comprenderme, pero no quiero perderlos.
Yo no la quería perder a ella, así que tragué y comenzamos con el papeleo para casarnos.

Continuará. 



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