jueves, 2 de julio de 2026

Diario de un taxista. Capítulo 8.

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Virginia se coló en mi vida.
Aquella chica con su fragilidad me conmovía y para que nos vamos a engañar, su físico también ayudó a que la comenzara a ver con ojos golosos. Era casi rubia y con los ojos color miel, muy blanquita de piel, con buen cuerpo.
Comenzamos una aparente amistad y poco a poco me fue desgranando su vida. Era hija única, sus padres eran empresarios del sector de la hostelería, tenían cadenas de hoteles y por lo que supuse, estaban forrados de pasta. Virginia había comenzado tres carreras con la misma suerte, no le gustaba lo que hacía. En esos momentos estaba haciendo primero de derecho pero estaba pensando en abandonar. Me contó que en ese sentido se sentía perdida, no sabía por donde tirar. Según la fui conociendo me di cuenta de que no solo estaba perdida en ese aspecto, no sé, la veía tan insegura.... Ni amigas tenía,  pensaba que le caía mal a la gente. La consolé con lo que realmente pensaba: escondía sus inseguridades con una falsa apariencia de frialdad que la alejaba de posibles relaciones sociales.
Conmigo se sentía segura y me convertí en su confidente, la amistad que en principio mantuvimos fue cambiando de forma y al poco tiempo nos convertimos en pareja.
Yo alucinaba, una chica con su clase, tan bonita y enamorada de un tipo como yo, un taxista que estaba fuera de su órbita social, pero estaba dispuesto a tirar hacia adelante. Aunque yo había tenido alguna relación pasajera, sentí que por primera vez me había enamorado y me creía correspondido.
Cuando llevábamos un par de meses juntos la presenté en mi casa. Ya le había advertido que éramos una familia humilde y que la casa donde vivíamos no sería a lo que ella estaba acostumbrada.
El primer encuentro fue bien, a pesar de los nervios normales. 
Después de ese primer encuentro mis padres me dijeron que la muchacha les había gustado y Carmen, sincera como siempre, señaló que se olía de lejos que era una "niña de papá", que vivíamos en mundos totalmente diferentes.
Me dio rabia esa opinión y me enfrenté a mi hermana, ¿acaso estábamos en siglos anteriores dónde se nos separaba por clases? 
-No te lo tomes a mal Jose, si buena chica parece, pero me da a mí que está acostumbrada a unos lujos y unas comodidades que un taxista no puede proporcionarle, eso a la larga puede hacer mella en la relación. Ojalá me equivoque, pero no le veo futuro.
Mis padres por suavizar la situación dijeron que con veinte años teníamos toda la vida por delante, ya veríamos si la relación prosperaba o no y si estábamos enamorados ellos nos daban su bendición.
Por supuesto no le dije la opinión de Carmen a Virginia y seguimos con lo nuestro.
A los seis meses reuní el valor para preguntarle:
-Virginia, ya llevamos un buen tiempo saliendo en serio y no he visto que tengas intención de presentarme a tus padres. ¿Te avergüenzas de mí? 
-No, para nada. Mis padres son buenas personas, pero mi madre es especialita y seguramente te va examinar con lupa, quería ahorrarte el mal trago, pero tienes razón, ya va siendo hora de que los conozcas.

Continuará. 

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