miércoles, 12 de agosto de 2026

Diario de un taxista. Capítulo 19.

 Si los tres primeros meses de vida de Thiago parecieron un reloj sin cuerda, los primeros años de su vida pasaron volando. Cumplió tres añitos y todo parecía ir bien, aunque existían "peros" que me hacían dudar.
En esa etapa intermedia, antes de que celebráramos su tercer cumpleaños, Virginia parecía estar más animada, aunque se propuso no dedicarse a nada fuera de la crianza. Yo la animaba a hacer algo, sabía que dinero tenía para vivir sin trabajar, pero podía estudiar, salir más, hacer algo que le resultara gratificante y la sacara de su rutina con el niño, pero no le parecía bien, estaba decidida a centrarse exclusivamente en los cuidados de Thiago.  Me aseguró que cuando comenzara en el colegio ya buscaría algo que le gustara.
Mi hermana Carmen, que llevaba tiempo emparejada con un compañero taxista se quedó embarazada; tuvo a su hija Elena meses después de que yo hubiera sido padre, los niños se llevaban poco y pusimos de  nuestra parte para que los primos se relacionaran lo más posible. 
Thiago crecía sano, era tranquilo y no estaba a gusto en ambientes ruidosos. Tenía un pelo precioso y no se lo dejábamos cortito como era habitual en los niños. Mi suegra insistía en que se los cortáramos, "parece una niña", repetía a menudo. Pero a nosotros, sus padres, nos gustaba y no teníamos en cuenta su opinión. Mi madre, con la sabiduría de la gente sencilla nos advirtió: "ya se lo cortarán cuando empiece en la escuela, que los piojos no perdonan ninguna cabeza".
Yo había pensado en un colegio público cuando comenzara, pero Virginia me convenció: un colegio bilingüe sería mejor para su educación. Vale que el colegio que Virginia había previsto era caro y me fastidiaba que se saliera de mi presupuesto, así que no me quedó otra que aceptarlo por el bien del niño, Virginia se  haría cargo. En el fondo me chirriaba que ella costeara los gastos que yo no podía asumir, pero era la madre y aunque yo no quería criar a mi hijo teniendo más de la cuenta, que comenzara desde pequeño a hablar dos idiomas sería una ventaja para él.
Mi sobrina Laura demostró pronto que tenía genio y cuando jugaba con Thiago llevaba la voz cantante. Él no se enfadaba cuando su prima le arrancaba de las manos cualquier juguete, al contrario, parecía que le gustaba complacerla. Bueno, es su carácter, nos decíamos Virginia y yo, ya se irá espabilando cuando comience en el colegio. Una cosa que nos llamaba la atención es que siempre que estaban juntos, Thiago prefería jugar con las muñecas de su prima y nosotros intentábamos no darle importancia siendo tan pequeño.
Llegó el tercer cumpleaños de mi hijo y le faltaba poquito para comenzar el colegio. Virginia me comentó de llevarlo a darle un buen corte de pelo, por prevenir lo de los piojos y aunque nos dio pena dejamos que se lo cortaran. 
Cuando Thiago se vio en el espejo torció el gesto diciendo: "no me gusta, parezco un niño".
Siendo tan pequeño supuestamente no debíamos tener en cuenta su comentario, pero no sé, a Virginia y a mí se nos encendió una especie de alarma. 
Ya veremos cuando siga creciendo, nos dijimos, si son cosas de niño se quedará en una anécdota, si no... pues a aceptar que le espera un mundo más difícil. 

Continuará.

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