miércoles, 12 de agosto de 2026

Diario de un taxista. Capítulo 20.

 Ir a capítulo anterior.

Thiago se adaptó al colegio mejor de lo que esperábamos, pero no pasó lo mismo con Virginia. "Se me cae la casa encima cuando no está el niño". La animé para que por las mañanas hiciera alguna actividad y a los pocos días me comentó:
-¿Sabes que en la calle de abajo han abierto un gimnasio nuevo? Estuve preguntando y dan clases de zumba, tengo ganas de apuntarme por las mañanas. "Claro" -la animé- así cuando te quieras dar cuenta es la hora de ir a recoger a Thiago.
No llevaba ni una semana con la nueva actividad cuando Thiago tuvo un pequeño accidente en el colegio, llamaron a su madre, pero ella estaba en el gimnasio y no se enteró, yo estaba como segundo contacto y gracias que me cogieron terminando un servicio. Me informaron de que el niño se había caído y que como no dejaba de sangrar por la boca lo estaban llevando al Materno. Alarmado corrí como no se debe con un coche. Llegué un poco después, el colegio estaba más cerca, y ya estaban atendiendo a mi hijo.
En una caída tonta Thiago había tenido la poca fortuna de chocar su boca contra la esquina de una mesa y se había roto el frenillo, esas heridas son escandalosas por la sangre, pero el pediatra que lo atendió me tranquilizó: "estará un par de días con algo de dolor, pero se quedará en un susto, solo va a necesitar frío en la boca". ¿Cómo lo vamos a hacer? es pequeño y si le duele no se va a dejar, argumenté preocupado, "no se preocupe, es más fácil de lo que parece" y salió por fin mi niño chupando un flan de hielo. Procure tener siempre en el congelador, es un truco para los padres primerizos, aunque el frenillo no se lo va a romper más, suelen ser habituales los golpes en la boca. 
Miré la hora, Virginia ya estaría saliendo del gimnasio. La llamé intentando minimizar el incidente y le conté por encima: "estamos en el Materno esperando a que me den el informe, la cosa se quedó en un susto, no te preocupes, ya voy con el niño a casa y te cuento mejor, en lo que llegamos podrías comprar helado y flanes de hielo para congelar. En media hora estamos en casa.
Cuando llegamos mi mujer no tenía color en la cara y se puso a llorar en cuanto nos vio, el niño se contagió del llanto. Yo no sabía a quien consolar primero, pero me pude imaginar la angustia de Virginia sin saber exactamente lo que le había pasado a nuestro hijo. Intenté disimular mis nervios, yo también me había asustado y le expliqué lo que había pasado. 
-No te preocupes, fue una caída tonta que le hubiera pasado igual estando con nosotros, lo importante es que no va tener ninguna consecuencia, un par de días molesto y ya está. Aconsejaron que comiera cosas frías, va a estar encantado con tanto helado. Y es normal que nos asustemos, no estamos acostumbrados, pero más golpes se llevará, es normal con su edad.
Thiago estaba feliz con sus flanes de hielo: "¿sabes mami? la enfermera me dio uno rico rico, de fresa. Yo cuando sea grande quiero ser enfermera".
Hicimos como que no nos dimos cuenta del femenino empleado por el niño, ni lo comentamos.
Supongo que pensamos lo mismo: es pequeño, está todavía con la adrenalina a tope por el golpe, el susto por la sangre....
En ese momento nos centramos en hacer lo que hacen los padres sin experiencias previas con "los gajes del oficio" de sus niños.
Mimarlo y dejar que comiera todo el helado que quisiera.

Continuará. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario