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Virginia y yo estuvimos de acuerdo en consultar el tema con Belén, la pediatra que lo llevaba desde siempre.
Nos pareció buena idea, aparte de una excelente pediatra, sabía llamar a las cosas por su nombre sin perder la sensibilidad. Confiábamos en ella y después de los casi cuatro años de Thiago teníamos la confianza suficiente para pedirle que nos orientara.
Pedimos cita y acudimos sin el niño, le explicamos la preocupación por nuestro hijo, desde siempre parecía mostrar un lado muy femenino, jugaba con las muñecas de su prima, en el colegio se relacionaba con las niñas, no le gustaban los juegos de los niños normalmente más ruidosos y brutos... Habíamos pensado que tal comportamiento se debía a su naturaleza tranquila, pero ya hacía comentarios que nos descolocaban, como cuando decía que con el pelo corto parecía un niño, o que quería disfrazarse de hada...
Belén fue sincera, siempre había notado esa feminidad en Thiago y le pareció lógica nuestra preocupación.
-Como pediatra poco puedo hacer al respecto, pero tengo una amiga psicóloga y me consta que lleva casos parecidos. Si quieren les doy el contacto y hablan con ella. Supongo que valorará al niño y poco más, es muy pequeño, pero a ustedes les vendrá bien el asesoramiento, si Thiago nació en un cuerpo equivocado, tendrán que aprender a lidiar con esa circunstancia intentando que al niño le afecte lo menos posible.
Salimos de la consulta con el corazón en un puño, no habíamos sido capaces de vocalizar aquellas palabras: "nacer en un cuerpo equivocado" aunque muy en el fondo, lo pensáramos.
Llamamos a la psicóloga para pedir una cita y por teléfono preguntó el motivo de la consulta, le contamos por encima.
-Entiendo, nos dijo, en la primera toma de contacto vengan los tres, aunque no trataremos el tema delante del niño. No se preocupen, tengo una sala infantil de juegos y cuidadora, así podrán contarme con detalle lo que consideren. Luego intentaré hacer una evaluación del niño.
Acudimos a la cita intentando que Thiago no se percatara de lo nerviosos y preocupados que estábamos. Como ya nos había adelantado Rosa, la psicóloga, el niño se quedó jugando con su tranquilidad habitual mientras desgranamos nuestros temores. Ella dijo que le tocaba conocer a Thiago y que esperáramos en una salita. El tiempo se estiró como un elástico, nos pareció una eternidad lo que el niño estuvo dentro.
La psicóloga nos hizo pasar invitando al niño a volver a la sala de juegos, él salió de la mano de la cuidadora tan tranquilo.
-A ver, he estado hablando con el niño un buen rato, luego le he pedido que jugara con las pegatinas y me hiciera una familia. Lo normal cuando son más grandes es pedirles que la dibujen, pero con la edad de Thiago lo habitual son monigotes difíciles de interpretar. Aquí está la cartulina con su composición, los ha puesto a ambos a la misma altura, eso es positivo, siente equilibrio. Ya se habrán percatado que en medio de ustedes dos ha representado a una niña: el vestido, las coletas... La conciencia de su propio género se suele presentar a los 2/3 años, cuadra con lo que ustedes me han contado, sobre los 4/5 años es normal que los niños transgéneros definan su identidad sexual con más precisión, ya dicen con convencimiento soy una niña o soy un niño, habiendo nacido con el sexo opuesto.
Creo que es transgénero, habrá que valorarlo pasado un tiempo, hay que ver si persiste en su idea de que es una niña aunque no lo haya dicho exactamente con esas palabras, seguramente no tardará en decirlo.
Mientras, mi consejo es que ustedes sean su puerto seguro, que acompañen con naturalidad su proceso. Soy consciente de que es fácil decirlo, es probable que esta situación les genere preocupación y angustia. Si están de acuerdo me gustaría ayudarlos a gestionarlo, porque aunque el niño no esté enfermo, tendrán que estar fuertes y seguros para sostenerlo cuando los necesite. Y los necesitará.
Continuará.
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