Salimos de la consulta de la psicóloga mordiéndonos las ganas de llorar, no delante del niño
Lo que quedó de tarde se hizo eterno, Virginia y yo estábamos deseando que llegara la hora de acostarlo para hablar sin que nos escuchara.
Virginia lloró desconsolada cuando llegó la noche mientras yo intentaba mantener el tipo, alguno de los dos se tenía que mostrar sereno.
-Mujer, es normal que te encuentres mal, pero tenemos que estar más unidos y enteros que nunca para cuando Thiago nos necesite. Si la psicóloga tiene razón y el niño es transgénero, nos espera un largo camino. Todo esto nos viene grande, necesitaremos asesoramiento para saber encarar las dificultades que encuentre Thiago, pero además, sigo pensando que arrastras una depresión postparto y que necesitas ayuda. ¿Por qué no comienzas ya terapia con la psicóloga? Si estoy equivocado mejor que mejor, pero ahora toda la ayuda que recibamos redundará en positivo en el niño.
-Tienes razón Jose, por intentarlo no se pierde nada, en el fondo llevo tiempo sintiéndome mal, mañana mismo le pido hora.
Me tranquilizó que mi mujer por fin oyera mi consejo para que buscara la ayuda que necesitaba, pero me costaba digerir que mi hijo fuera transgénero, no por cuestiones morales o cosas parecidas, sino porque sabía que le esperaba una vida mucho más difícil. Eso me hacía sentir rabia, una fuerte rabia que nunca hubiera imaginado.
Estaba deseando que amaneciera para ir a trabajar, esa era mi terapia, mi profesión de taxista. Aunque fuera por ratitos, compartir historias y vivencias ajenas me sentaba bien.
Y justo esa mañana, el primer servicio que salió fue recoger a una mujer joven con su hijo.
El niño iba en un carrito, no me pareció que tuviera más de un año y me llamó la atención que el carrito tuviera una extensión que la mantenía la cabeza al niño. La madre tuvo que trajinar más de la cuenta con aquel carrito adaptado y me bajé por si la podía ayudar.
-Gracias, un detalle que te molestes, pero ya le tengo cogido el tranquillo aunque tarde un pelín más.
Ya dentro del taxi con su hijo en brazos observé que la pobre criatura no era capaz de mantener la cabeza erguida, sus brazos rígidos terminaban con las manos totalmente viradas hacia dentro, las piernas también estaban rígidas y llevaba un enorme babero para absorber las babas que le caían continuamente.
Me conmovió y aunque yo no era de preguntar a los pasajeros me dejé llevar.
-Perdona, no sé si te molestará que te pregunte por lo que le pasa a tu niño.
-No claro, estás siendo empático y se nota. Tuve un parto muy complicado, a mi niño le faltó el oxígeno durante un breve ratito, pero por desgracia fue suficiente para que le afectara. Tiene parálisis cerebral.
-Vaya, lo siento. Yo tengo un niño de casi cuatro años con una problemática poco frecuente y no sé como afrontarlo.
-Ya, es difícil tener que lidiar con ciertos problemas, yo me lo tomo con paciencia, mientras pueda manejarlo voy bien, lo peor vendrá cuando crezca y no pueda cogerlo yo sola, pero es lo que hay. Mira ya estamos llegando, gracias por tu sensibilidad y suerte con tu niño.
-Lo siento, te dejo mi tarjeta por si te ves en apuros en algún momento, no importa a la hora que sea.
-Te tomo la palabra, de hecho tengo que llevarlo a menudo al hospital.
Me bajé para sacar el carrito del portaequipaje mientras me daban ganas de darme cabezazos.
Vale que mi hijo no tendría una vida "normal", pero podía caminar, correr, montar en bicicleta, crecer, nadar, enamorarse y ser o no correspondido.
Mi hijo era perfecto en un cuerpo perfecto, me prohibí avergonzarme o lamentarme por su condición. Y si me tocaba pelear para que tuviera una buena vida, pelearía.
Continuará.
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